El 7 de octubre de 2023, el mundo se estremeció con las noticias que llegaban desde Israel y Palestina. Un año después de aquel suceso, es crucial detenernos a reflexionar, no solo sobre las cifras desoladoras que aún siguen en la palestra, sino sobre el impacto humano que estas cifras representan. Para algunas personas, recordar es un acto de resistencia. Para otros, es un camino hacia la sanación. Pero, ¿qué pasa cuando la memoria se convierte en un campo de batalla? ¿Cómo encontramos el equilibrio entre el recuerdo y el respeto en medio de tanto sufrimiento?
Recapitulando lo irrecuperable
Es difícil hacer un balance de los eventos que han tenido lugar desde aquel fatídico día. Cifras como 41,870 palestinos asesinados, de los cuales más de 15,000 eran niños, y 1,195 israelíes muertos, nos golpean como una estocada en el corazón. Las estadísticas son frías, pero detrás de cada número hay una historia, una vida, un ser querido perdido. Recuerdo una conversación con un amigo que me decía que uno de los problemas más grandes que enfrentamos en esta era de información instantánea es que nos hemos vuelto inmunes a las cifras. Es un fenómeno desconcertante. ¿Cuántos de nosotros hemos sentido el peso de ese dolor personal?
La dinámica de recordar a las víctimas siempre debe ir acompañada de un análisis crítico. Si bien es fundamental honrar la memoria de aquellos que han partido, también debemos reconocer que el dolor no es un concurso de sufrimiento. En esta encrucijada, el miedo y el amor muchas veces parecen estar enfrentados.
La memoria como acto de resistencia
Es obvio que el recuerdo de las víctimas es el deber de todos. Sin embargo, al pasar el tiempo, hay algo que inevitablemente se pierde en la narrativa. Tal vez recuerdas que en alguna charla sobre conflictos históricos, uno de los ponentes mencionó: “La historia la escriben los vencedores”, y es cierto. Pero, ¿quién recuerda a los perdedores? Y aquí es donde surge la complejidad del acto de recordar.
En el marco de este conflicto, el ejercicio de la memoria debe ser inclusivo. Recordar a los que han caído también implica recordar su historia. La memoria se convierte, entonces, en un acto de resistencia. Una manera de decir: “No los olvidaremos”. ¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien decir que los nombres son solo nombres hasta que les pones una cara?
En mi propia experiencia, recuerdo claramente un viaje que hice con un grupo de jóvenes activistas. Visitamos una exposición de fotografías de familias palestinas que habían perdido a seres queridos en el conflicto. Cada imagen contaba una historia que iba más allá de la estadística. Al ver sus miradas, sus sonrisas, me di cuenta de que detrás de cada cifra se escondía un mundo que merece ser conocido. ¿Cuántas historias queremos seguir ignorando?
Dolor en dos frentes: humanizando la tragedia
Cuando hablamos del ataque de Hamás y de su contraparte, no solo hablamos de cifras. Hablamos de dolor en dos frentes: israelí y palestino. La empatía puede ser el puente que nos ayude a atravesar este dolor. Recordar que más de 96,000 heridos en Gaza, que 700 muertos en Cisjordania y lo que esto significa para las comunidades involucradas es fundamental.
Es interesante ver cómo a menudo nos resulta más fácil empatizar con el dolor de “nuestros” que con el de “los otros”. Recuerdo una conversación que tuve con un amigo israelí que perdió a su primo en un ataque. Aunque es imposible negar su sufrimiento, al mismo tiempo, me preguntaba si alguna vez había considerado el dolor de su contraparte.
Por eso, la pregunta debe ser: ¿Cómo podemos hacer que el dolor ajeno sea nuestro propio dolor? Cuando escuchamos las historias de las víctimas, ya no son solo cifras, son historias de sueños truncados, de familias desmoronadas, y esto cambia la narrativa. Necesitamos hacer un esfuerzo consciente de humanizar cada historia que leemos.
La trinchera mediática: ¿quién cuenta la historia?
En medio de una guerra, los medios de comunicación cumplen un papel crucial. Sin embargo, la información a menudo puede ser sesgada, lo que nos lleva a cuestionarnos: ¿quién cuenta la historia? Es este un campo de batalla mediático donde la narrativa puede ser controlada por quien tiene el poder. Muchos en Israel y Palestina se han sentido frustrados por la forma en que sus historias han sido contadas o ignoradas por ciertos medios.
La lucha por obtener atención y reconocimiento se convierte también en una lucha por la memoria colectiva. ¿Cuál es el costo de olvidar? En la búsqueda por cubrir la realidad, a menudo olvidamos lo que realmente importa: las historias humanas detrás de los conflictos.
He escuchado muchas anécdotas de colegas periodistas que se han encontrado en situaciones extraordinarias, en las que han tenido que elegir entre informar la verdad y proteger a quienes representan. Es como si estuvieras parado en la cima de una montaña rusa emocional, sin saber en qué dirección ir. ¿Cómo queremos que se narre nuestra propia historia?
Mirando hacia adelante: ¿qué necesitamos para sanar?
Finalmente, después de todo este fervor emocional, hay algo que queda claro: la necesidad de mirar hacia adelante. ¿Cómo podemos avanzar de manera constructiva después de tanto sufrimiento? La respuesta no es simple, pero parte del camino hacia sanación incluye el reconocimiento de los errores del pasado.
Es fundamental que ambas partes se comprometan a un diálogo abierto y sincero. El proceso de hacer justicia, de reconocer las injusticias, es clave para curar las heridas. Sin embargo, ese diálogo debe ser genuino, lo que implica escuchar no solo nuestros propios ecos de dolor, sino también aquellos de los demás.
Cuando estaba en aquella exposición, me di cuenta de que tanto palestinos como israelíes deseaban lo mismo: paz, seguridad y la oportunidad de vivir sin miedo. Y si hay algo que he aprendido a través de mis experiencias, es que en cada rincón del mundo hay más cosas que nos unen que las que nos separan.
El papel de la comunidad internacional
Es difícil mirar la situación actual sin pensar en el papel de la comunidad internacional. ¿Acaso no deberían ser ellos los mediadores imparciales que facilitan la paz en este conflicto? Sin embargo, muchos países han tomado partido, creando una situación más adversa que benéfica.
Las intervenciones externas a menudo reverberan con consecuencias no deseadas. Ya sea mediante sanciones, armamento o mediación que no resuelve nada; el ciclo de violencia se perpetúa. ¿Es posible que la comunidad internacional pueda aprender de sus errores y, en lugar de dividir, comience a unir?
Reflexiones finales: la memoria como legado
A medida que conmemoramos el primer aniversario del ataque de Hamás, debemos recordar que hablar de víctimas es también hablar de futuro. Cada vez que recordamos a aquellos que hemos perdido, les damos un legado. Un legado que no debe ser solo de dolor, sino también de esperanza.
Recordar a los 1,195 israelíes asesinados y a los 41,870 palestinos, no se trata solo de contar cifras, se trata de construir un diálogo, de abrir caminos hacia la paz. Y aquí, en este cruce de caminos, la empatía puede ser nuestro mejor aliado.
Así que, en lugar de batallar con estadísticas, recordemos que detrás de cada vida perdida hay un océano de amor que sigue latiendo. Porque al final del día, en este inflado juego de cifras, todos buscamos lo mismo: humanidad. ¿No es eso lo que realmente importa?