En un momento donde los ecos de cambios sociales resuenan más fuerte que nunca, el libro Transgresoras. Una historia cultural de las mujeres, escrito por la profesora Cristina Guirao, nos invita a reflexionar sobre la lucha de las mujeres a lo largo de la historia cultural. Pero no se engañen, mis amigos, este no es solo un ensayo: es un manifiesto lleno de vitalidad, un llamado a la acción y, sobre todo, una invitación a revisar la historia a través de un prisma de género, algo que ha estado, sorprendentemente, ausente en los análisis más aclamados.
Así que pongámonos cómodos, ¿verdad? Imaginemos un café caliente en una mesa de madera y empecemos a desentrañar las complejas capas de la transgresión femenina.
La transgresión como acto de resistencia
Guirao, en su obra, define transgredir como “cruzar” los límites impuestos por una sociedad que ha históricamente relegado a las mujeres a un papel secundario. ¿Cuántas de ustedes, lectoras y lectores, han sentido alguna vez la urgencia de romper las cadenas de lo que se considera «normal»? A menudo, en reuniones familiares o en algunas situaciones cotidianas, uno se pregunta: ¿por qué debo seguir estas reglas que no comulgo?
Eso es transgredir. Es un acto de desobediencia que se alza no solo para exigir espacios de participación, sino también para ser reconocidas como constructores de conocimiento. Guirao nos anima a ver la producción cultural de las mujeres como “máquinas de combate” — hitos de resistencia en un mundo donde lo habitual sigue siendo masculino.
Ahora, sé lo que estás pensando: «¿Máquinas de combate? ¡Eso suena a Terminator!» La verdad es que sí, ¡pero con un toque mucho más elegante! Pensemos en escritoras como Virginia Woolf o bellas artistas como Frida Kahlo, que han asumido la función de desafiar y redefinir lo que significa ser una mujer en su tiempo.
La brecha de desigualdad en el ensayo
Uno de los puntos más alarmantes que Guirao menciona se refiere al informe de 2019 que reveló que el 80% de los ensayistas en España son hombres. La inequidad es brutal. En una charla con amigas, me atrevería a decir que todos hemos conocido a un tipo que se siente sumamente cómodo monopolizando las conversaciones, mientras que las voces femeninas dan un paso atrás. ¿No les ha pasado?
Guirao subraya la urgencia de cambiar este desequilibrio. La historia cultural necesita reconocernos, nos dice, y necesitamos voces que validen nuestro conocimiento. Las mujeres han pasado de ser meras espectadoras a actrices principales de nuestra historia cultural. ¡Es momento de levantar el telón!
Mirando al pasado: La falta de perspectiva de género
En su análisis, Guirao no dudó en criticar a grandes pensadores como Marx, Gramsci y Foucault: “¿En serio?”, me pregunté a mí mismo al leerlo. ¿Estos titanes del pensamiento no tomaron en cuenta la experiencia de las mujeres? Al parecer, la respuesta es un contundente no.
A través de la historia, las teorías han estado centradas en una narrativa excluyente que ignora las voces femeninas. Mientras el mundo avanzaba en los ideales de igualdad y justicia, las mujeres que lucharon en la primera línea de batalla fueron ignoradas. ¡Qué irónico, verdad! Los mismos hombres que analizaban la lucha de clases descuidaron a las mujeres que estaban a su lado en fábricas y calles.
El escándalo actual y sus ecos históricos
Hablemos de un tema más candente. La figura del político Íñigo Errejón, señalado por cumplir un papel de presunto acosador sexual. Este escándalo ha hecho eco entre las corrientes que han defendido el feminismo bajo la bandera de la izquierda. Para muchos, la acusación alza la voz de una historia que no ha prestado suficiente atención a las mujeres dentro del discurso político. ¿No es irónico que quienes se proclaman defensores de la igualdad se vean envueltos en conductas tan inadecuadas?
Cristina Guirao argumenta que esto es en gran parte un reflejo de la falta de una perspectiva de género en los discursos de izquierda. Y aquí surge una pregunta crucial: Si los líderes de opinión no han logrado abordar la realidad de las mujeres, ¿cómo podemos esperar que la sociedad lo haga?
La importancia de las voces anónimas
La periodista Cristina Fallarás ha abierto un espacio vital para que las mujeres compartan sus experiencias. Al hacerlo, está generando una ola de testimonios anónimos de mujeres que han sufrido violencia simbólica y real. El trabajo de Fallarás es, sin duda, un acto de resistencia. Ante la ineficiencia de las instituciones para brindar una respuesta, las mujeres encuentran refugio en espacios alternativos para denunciar.
Esto me recuerda a un momento de mi vida en el que decidí compartir una experiencia incómoda en un entorno laboral, y la rapidez con la que el testimonio de una sola persona puede crear una red de apoyo y solidaridad es lo que permite que tantas mujeres encuentren el valor para hablar. ¡Quiero decir, eso no tiene precio!
La interseccionalidad del patriarcado
La realidad es que el patriarcado es una entidad que se filtra en más de una ideología. Como afirma Guirao, no se limita a un contexto ideológico específico; está presente en diversas razas y clases. Este es un recordatorio de que el cambio no puede ser un tema exclusivamente femenino. Necesitamos hombres que estén dispuestos a evolucionar hacia nuevas masculinidades, capaces de entender que la lucha por la igualdad no busca eliminar una voz en favor de otra, sino complementar y enriquecer la historia humana.
¿Y qué significa esto en términos prácticos? Que quienes tienen el privilegio de ser escuchados deben hacer un esfuerzo consciente para ceder su lugar en la conversación. No estoy diciendo que deban desaparecer; más bien, deben aprender a escuchar y apoyar. ¡Un aplauso para los hombres feministas!
Hacia una nueva dirección en el feminismo
Guirao ha hecho un llamado a que el feminismo se reoriente. Necesitamos menos deconstrucción y más acción. En mi búsqueda de comprender esta crítica, reflexioné: ¿cuántas veces nos hemos encontrado hablando sobre nuestra propia identidad sin avanzar hacia un futuro donde todas las voces sean bienvenidas? La vida no es una competencia de «quién tiene más razón», sino una búsqueda de soluciones colectivas.
La profesora cree que, en lugar de ahondar más en la identidad, el feminismo debería enfocarse en construir espacios comunes que aborden las problemáticas sociales que afectan a todas las mujeres, como la precariedad laboral o la falta de acceso a la vivienda. Así que, ¿por qué no construir proyectos en lugar de barreras? La diversidad puede ser la clave que abra las puertas hacia un cambio significativo.
Mirando hacia el futuro: Lo que está en juego
Con un panorama cultural tan frágil, resulta vital reconocer el valor simbólico que las mujeres han adquirido. Las nuevas generaciones parecen tener claro que la lucha por la igualdad no es solo un capricho de épocas pasadas, sino un vínculo activo y necesario en su cotidiano. Algunas juventudes logran capturar la esencia de la lucha feminista y agregarle matices contemporáneos.
Sin embargo, todavía nos queda un largo camino por recorrer. Hasta que entendamos que el cambio pasa por una revisión profunda de la cultura masculina, no habrá una verdadera igualdad. La perspectiva de género no debe ser solo una opción, sino un imperativo social.
Cristina Guirao nos deja con una reflexión conmovedora sobre el papel que todos (sí, incluso tú) desempeñamos en este juego cultural. Si la lucha feminista se ve como una batalla de género, jamás conquistaremos un terreno común. La transformación ocurre cuando hombres y mujeres se unen con un entendimiento mutuo: la fuerza de una verdadera sociedad debe ser inclusiva, diversa y respetuosa.
Así que, ¿listos para dar rienda suelta a la transgresión cultural? La historia, después de todo, no se escribe solo desde el pasado, sino desde el coraje y la determinación de quienes están dispuestos a romper las cadenas que limitan a las mujeres. En este viaje, cada voz cuenta. ¡Te invito a ser parte del cambio!