En la vida, hay momentos que nos marcan para siempre. Un instante puede cambiarlo todo, como el día en que recibimos una noticia que nos deja en shock. Eso le pasó a Patricia del Solar, una mujer que, a sus 44 años, tenía una vida plena: madre de dos hijos, profesora universitaria y apasionada de los deportes al aire libre. Pero una mamografía preventiva cambió su rumbo de manera inesperada. Aquí vamos a explorar su increíble historia de resiliencia, superación y amistad, que culminó en un viaje a la Antártida. ¿Listos para sumergirse en esta inspiradora aventura?
Una vida tranquila interrumpida por un diagnóstico impactante
Imagínate por un momento: todo va bien en tu vida. Tienes un trabajo que te encanta, eres una madre orgullosa, y parece que todo está en su lugar. Estás en la rutina, disfrutando de las pequeñas cosas… ¿Y si de repente, esa tranquilidad se transforma en caos por una noticia médica? Patricia lo vivió así. Resistiendo la tormenta del diagnóstico de un carcinoma intraductal HER2 positivo justo al inicio de la pandemia, su historia nos recuerda lo frágil que es la vida.
Patricia recuerda el momento exacto en que recibió la noticia: «Nunca había notado nada raro. Pensemos un momento: ¿cómo es posible que, en medio de una vida normal, un diagnóstico así te golpee tan fuerte?» Ver cómo algo tan íntimo y personal se expone al caos de una pandemia es algo que no podemos ignorar. A partir de allí, todo lo que conocía se convirtió en el desafío más grande de su vida.
El caos de la pandemia y la lucha interna
El sistema sanitario estaba al borde del colapso. Las citas se cancelaban, los exámenes retrasados y la incertidumbre rondaba cada decisión médica. Fue un verdadero juego de póker donde el miedo se convirtió en la carta más fuerte. Recuerdos amargos y momentos de ansiedad eran su nuevo compañero: «¿Cómo es posible que en una situación tan turbulenta te enfrentes a algo tan personal?».
Finalmente, después de semanas de estrés y frustración, Patricia consiguió someterse a una mastectomía radical con reconstrucción. A menudo pienso: ¿cómo se siente al enfrentarse al quirófano sin una simple mascarilla, en un entorno donde el mundo entero parece paralizado? A pesar de todo, ella lo logró.
La naturaleza como refugio
Durante su proceso de recuperación, Patricia encontró un espacio para sanar en la naturaleza. Comprender las maravillas del exterior mientras se enfrentaba a lo que no podía controlar fue clave en su historia. «Salir a caminar por la Pedriza y el Pirineo no solo me ayudó físicamente, sino que me reconectó con mi fuerza interior», relata Patricia. ¡Qué hermosa metáfora! La naturaleza a menudo se convierte en un refugio para muchas personas en momentos de crisis.
Con cada paso que daba, se sentía más viva, volviendo poco a poco a realizar actividades que había adorado: escalar montañas, dormir bajo las estrellas, y luchando contra el viento que parecía decirle: ¡tú puedes hacerlo!.
Un nuevo golpe: el cáncer hereditario
Sin embargo, la vida aún le tenía más sorpresas. Los resultados de un estudio genético revelaron que su cáncer era hereditario. Imaginen el peso de esa noticia. Patricia describe este momento como «otro mazazo». La lucha no solo era contra su enfermedad, sino que se convirtió en una responsabilidad que debía enfrentar por su familia. Las cirugías profilácticas fueron otra dura batalla, incluyendo la extirpación de ovarios y el otro pecho. La determinación de Patricia es un recordatorio de la valentía que reside en nosotros. ¿Acaso hay algo más poderoso que el deseo de superar lo inevitable?
El Reto Pelayo Vida: un faro de esperanza
En medio de toda esta tormenta, Patricia decidió salir de su zona de confort al apuntarse al Reto Pelayo Vida. Se convirtió en una de las cinco seleccionadas entre casi 500 candidatas para participar en esta extraordinaria expedición a la Antártida. “Aprender a navegar específicamente para la ocasión fue un desafío que no podía dejar pasar”, cuenta con una sonrisa que brilla incluso a través de las palabras.
Toda esta experiencia fue mucho más que un viaje, fue una metáfora de su lucha contra el cáncer. Navegar por aguas inciertas resonaba en su interior de una manera profunda, como una sinfonía de fuerza y determinación.
Cruzar el mar más peligroso
Imagina estar en un barco, rodeado de agua y más agua, a tres días de distancia de la tierra, cruzando el Drake. Un momento que te hace sentir diminuto ante la vastedad del paisaje. “Lo que me dio fuerza en esos momentos difíciles fue pensar que habíamos luchado tanto para estar allí. Cada golpe de frío, cada mareo, era solo un paso más en este increíble viaje”, recordó Patricia.
Al llegar a la Antártida, la visión que tuvo la dejó sin palabras: “Es como estar en otro planeta. La inmensidad del hielo y los volcanes me impactaron. Y cuando vi un volcán lleno de agua, me di cuenta de cuán magnificente es la naturaleza”. Me pregunto, ¿quién no necesitaría ese golpe de realidad para reafirmar la importancia de seguir adelante?
La amistad en la adversidad
Pero lo más valioso que Patricia llevó de esta experiencia no fueron solo los paisajes impresionantes, sino las relaciones que forjó con sus compañeras. “La amistad que se creó entre nosotras era inquebrantable. Cada desafío superado juntas nos unió como un lazo indestructible», confiesa con emoción. ¡Eso sí que es inspirador! A menudo, nos olvidamos del poder de la comunidad en nuestro proceso de sanación.
El momento culminante del viaje fue al izar la bandera del Reto Pelayo Vida. “Llevarla hasta la Antártida fue mi granito de arena para mostrar que, aunque la vida nos golpee, siempre hay espacio para levantarse”, dijo Patricia con una mezcla de orgullo y gratitud. Y, ¿quién puede culparla? Esa bandera simbolizaba esperanza. La bandera de muchas mujeres que, como ella, han enfrentado grandes batallas.
Lecciones aprendidas en el camino
De regreso a casa, Patricia se embarcó en una nueva etapa de su vida. Reflexionó sobre lo que había aprendido en su travesía por el cáncer y la Antártida. «El momento es ahora», se repetía. La vida es efímera y no hay espacio para el lamento. Pensó en sus hijos, Sara y Gonzalo, y les transmitió la importancia de vivir la vida con intensidad y alegría.
Si pudiera hablar con su yo del pasado, sin duda le diría: «Se puede». La perspectiva de Patricia cambió a raíz de su lucha. La vida tuvo un significado completamente nuevo después de todo. ¿Quién no querría salir y «comerse el mundo» después de haber vivido una experiencia así?
Pura vida
Finalmente, Patricia concluye que su experiencia no solo es un recordatorio de su fortaleza, sino que también se puede resumir en una simple frase: “pura vida”. Desde los deslumbrantes paisajes antárticos hasta las ricas experiencias compartidas con sus compañeras de viaje, cada instante forma parte de una hermosa historia que perdurará para siempre.
Por fortuna, gracias a iniciativas como Pelayo Seguros, que lleva años apoyando a mujeres en situaciones similares, el legado de estas historias de valentía y fuerza continúa. “A pesar de la incertidumbre, hay mucho camino después de la quimioterapia y las cirugías. El deporte, la amistad y el apoyo mutuo nos dan la fuerza para seguir adelante”, afirma Patricia con una sonrisa contagiosa.
La vida puede ser impredecible, pero también deslumbrante. Como dice el viejo adagio: «Después de la tormenta, siempre llega la calma». La historia de Patricia es un llamamiento a dar la cara ante las adversidades y a nunca perder de vista la luz al final del túnel. Así que, la próxima vez que enfrentes un reto, recuerda: ¡si ella lo logró, tú también puedes!