¿Te has parado a pensar alguna vez en cómo nuestra forma de movernos impacta el aire que respiramos? No, no voy a comenzar con el típico discurso sobre cambiar el coche por la bicicleta (aunque, claro, no estaría de más). En los últimos años, Madrid ha estado en el centro de un intensísimo debate sobre calidad del aire, contaminación y las decisiones que afectan tanto a los ciudadanos como a los políticos. Así que, siéntate y acompáñame en este recorrido por los altibajos de la movilidad sostenible en la capital española.
La calidad del aire en Madrid: un quebradero de cabeza
Para muchos alcaldes madrileños —hablando de nombres como Gallardón, Botella y Carmena—, la calidad del aire fue, hasta hace poco, un verdadero dolor de cabeza. Imagínate a un político tratando de explicar por qué, a pesar de sus mejores esfuerzos, la ciudad seguía incumpliendo la Directiva Europea de Calidad del Aire. Sí, yo también me lo imagino mientras el público sufre de asma de fondo.
Hubo un momento en que Madrid pareció salirse con la suya, incumpliendo las normativas durante más de una década, y eso, amigos míos, no es algo que se puede esconder fácilmente. Como ciudadano, me gustaría pensar que mis pulmones tienen prioridad, ¿no te parece?
Plan A: la respuesta a la crisis de calidad del aire
Fue en el año 2017, durante el gobierno de Ahora Madrid, cuando se implementó el Plan A. Este plan se creó para mitigar los niveles de contaminación que estaban ahogando a los madrileños y, de paso, evitar que la Unión Europea le pusiera una multa ejemplar a la ciudad por no cumplir con los límites de calidad del aire. ¡No hay nada como el miedo a perder dinero para activar las neuronas, verdad?
Zonas de bajas emisiones: un cambio necesario
Uno de los componentes clave del Plan A fue la creación de zonas de bajas emisiones. La conocida como Madrid Central fue la pionera, y décadas de campañas en pro del medio ambiente la recibieron con brazos abiertos. ¿Quién no quería respirar aire fresco sin maldecir el tráfico? Después del éxito de Madrid Central, se crean más zonas como la Madrid ZBE (Zona Bajas Emisiones), que prohíbe el acceso a los vehículos más contaminantes.
Pero como todo, aquí también había un pero… José Luis Martínez-Almeida, el actual alcalde y defensor de la movilidad libre (de la contaminante, claro), nunca vio con buenos ojos estas restricciones. Vaya, parece que no todos podían respirar aliviados.
Entre promesas y retos electorales
Cada vez que Almeida chirriaba su discurso sobre la movilidad, no podía evitar acordarme de esas actuaciones escolares donde el niño hace una promesa que pronto se olvida. En 2019, Almeida hizo una campaña prometiendo acabar con Madrid Central. Lo que no imaginaba era que el poder judicial le obsequiaría con un “no puedes hacer eso” que lo obligó a rehacer sus planes.
¿Apostabas por él? Si la estrategia de Almeida era abrir más calles a los coches en lugar de cerrarlas, lo logró parcialmente… hasta que las organizaciones ecologistas interpusieron sus recursos. Es una especie de zoning en tiempo real que recordaba al viejo “toma y daca”.
La importancia del control
Aquí es donde las cosas se complican. Las cámaras para controlar el acceso a zonas restringidas comenzaron a ser instaladas, pero la burocracia y, quizás, un poco de confusión de gestión hicieron que todo fuera un «coladero». ¡Imagina que los coches contaminantes podían andar cómodamente por la ciudad mientras pasaban desapercibidos! El eslogan inverso podría haber sido: «¡Contamina a tus anchas, hasta que las cámaras lleguen!». Todo un acierto de promoción, ¿verdad?
Un guiño al sector del transporte
Al final de 2022, Almeida nos sorprendió una vez más con su ‘bula’ para las furgonetas de la etiqueta B. Quizás una manera de conseguir apoyo de los transportistas que habían estado revoloteando sobre su cabeza. Pero, como en todo proyecto que involucra una gran ciudad, ninguno de los intentos fue definitivo. Las restricciones se han seguido cambiando, haciendo malabares para contentar tanto a ecologistas como a losadictos al tráfico.
La mejoría en la calidad del aire
A pesar de todos los altibajos, los niveles de dióxido de nitrógeno (NO₂) comenzaron a bajar, y en 2022, Madrid cumplió, por primera vez, con la legislación de la UE en cuanto a calidad del aire. Era como obtener una A en un examen después de estar en la lista de alumnos problemáticos durante años.
Un desafío hacia el futuro
Pero no todo se detiene aquí. El verdadero reto está por venir. En 2030, con la entrada en vigor de nueva directiva europea, los límites de NO₂ se reducirán a la mitad. La gran pregunta es: ¿Madrid estará lista para enfrentar este nuevo desafío?
Imagina por un segundo: un Madrid donde nadie necesite usar el coche y la gente camine feliz, baje en bicicleta y respire aire puro. Pero claro, eso también querría una guerra constante contra las viejas costumbres de la ciudad. ¿Estamos preparados para ese cambio?
Reflexiones finales
A través de este trayecto por las restricciones y medidas implementadas por el Ayuntamiento, he aprendido que el tema de la calidad del aire en Madrid es un reflejo de nuestra propia lucha como ciudadanos. Desde las promesas políticas hasta el impacto diario de nuestras decisiones sobre cómo nos movemos.
Así que, ya sea que estés esperando el autobús, decidiendo si es mejor ir en coche o caminando, todos tenemos un papel que desempeñar en este rompecabezas que es la calidad del aire. Mientras tanto, sigamos respirando —tanto literal como figurativamente— un poco de humor y esperanza en cada uno de nuestros desplazamientos por la ciudad. Después de todo, con un poco de interés y una pizca de acción, quizás logremos ese futuro despejado que tanto anhelamos.