El cine, como espejo de la sociedad, tiene un papel fundamental en la narración de historias profundas que rara vez emergen en el ruido cotidiano de las noticias. Y cuando se trata de temas dolorosos como el abuso y la violencia de género, es necesario encontrar vías para abordarlos con sensibilidad, sin caer en el morbo. Esto es precisamente lo que Juana Macías, con su película Las chicas de la estación, e Icíar Bollaín, con Yo soy Nevenka, están logrando y discutiendo fervientemente en encuentros recientes. Pero, ¿por qué es tan importante el cine en esta batalla contra la violencia machista? Permíteme compartir algunas reflexiones y anécdotas que quizás resuenen contigo.
Historias que importan: la importancia del cine en la discusión social
En un reciente encuentro que tuvo lugar un día después del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Macías y Bollaín compartieron sus insights sobre cómo el cine puede ser un motor de cambio social. Juana Macías, en particular, expresó que “el cine tiene la fuerza de que hablemos y reflexionemos sobre ello sin que esté la noticia ahí.” Y, ¿no es cierto? ¿Cuántas veces hemos escuchado historias desgarradoras en las noticias, solo para olvidarlas al poco tiempo? El cine, sin embargo, logra que esas experiencias se conviertan en parte de nuestra conversación diaria.
Recuerdo la primera vez que vi Te doy mis ojos, la obra maestra de Bollaín que aborda el tema de la violencia de género. Salí del cine con una mezcla de rabia y esperanza; rabia por las injusticias que retrataba, y esperanza por la capacidad que tiene el arte para provocar empatía. ¿No es mágico cómo un par de horas en una sala oscura pueden cambiar nuestra percepción del mundo?
Denunciar sin morbo: ¿cómo se cina la realidad?
Al hablar sobre su producción, Macías apunta a la necesidad de ir más allá del morbo. En su caso, con Las chicas de la estación, busca poner foco en el abuso hacia menores tuteladas de una manera que no sea explotativa, sino que ofrezca un relato más humano. “Me importaba contar esta historia desde el punto de vista de ellas”, compartió durante el encuentro. Esta afirmación me hace pensar en la importancia de escuchar las voces que normalmente permanecen en la sombra.
Por otro lado, Bollaín, quien dirige Yo soy Nevenka, profundiza en un caso emblemático: la denuncia de una mujer contra un alcalde de su ciudad, donde el silencio y el miedo jugaron un papel fundamental en la historia. “La película hace efecto espejo y dice dónde estamos hoy”, reflexiona, advirtiendo que el abuso y el acoso no han retrocedido. La memoria selectiva de la sociedad es un tema constante, y parece que a menudo olvidamos lecciones que hemos aprendido con dolor.
Cambio de narrativa: el cine como herramienta para la empatía
Conversando con los asistentes del encuentro, las directoras señalaron lo crucial que es cambiar la narrativa que rodea a los abusos. En lugar de centrarse en el juicio hacia las víctimas, es fundamental examinar los factores que perpetúan el sistema patriarcal en el que vivimos. “Las mujeres estamos haciendo un audiovisual en el que contamos la atrocidad de la violencia sin embellecerla”, afirmó Bollaín, lo que me hizo pensar en la valentía necesaria para contar historias que incomodan.
Sé que muchos de nosotros hemos sentido alguna vez el impulso de ignorar el dolor ajeno, quizás porque nos resulta más cómodo. Pero en este caso, el cine nos ofrece una oportunidad para empatizar, para conectar con aquellos que han enfrentado adversidades extremas. ¿No es un privilegio contar con artistas que se atrevan a abordar temas tan delicados?
El papel de la educación y la nueva generación
Un aspecto que Me parece fundamental en la discusión es el papel que juega la educación en todo esto. Ambas cineastas coincidieron en que la nueva generación parece más consciente de las injusticias que las rodean. A menudo, la juventud es más vocal en la identificación de lo que está mal en la sociedad, y este cambio generacional es, sin duda, un rayo de esperanza. Bollaín mencionó que ha visto Yo soy Nevenka con sus hijos y sobrinos, y fue gratificante observar que pueden identificar y cuestionar lo que está mal.
Recuerdo un día, mientras charlaba con mis amigos, cómo algunos empezaron a cuestionar ciertas costumbres o actitudes que antes tomábamos por sentadas. Esa conversación se volvió un espacio de reflexión, donde todos aprendimos algo acerca de nosotros mismos. ¿Acaso no es este tipo de diálogo lo que podemos esperar del cine también?
La relevancia de los hechos reales en las narrativas cinematográficas
Ambas películas basadas en hechos reales destacan la importancia de investigar y reconstruir historias que revelan la complejidad de las situaciones. Juana Macías habló sobre el “vértigo” que siente al ir descubriendo más acerca de los abusos, lo que pone de manifiesto la necesidad de entender las historias en su totalidad. No es solo el hecho de que abusos sucedan, sino la dinámica detrás de ellos: los entornos, las instituciones, e incluso la cultura que los perpetúa. Este rastreo de la verdad es vital para ofrecer una representación realista y respetuosa de aquellos que han sufrido.
Al final, hay una línea delgada entre el periodismo y el cine, y ambas cineastas están, en ese sentido, cruzando fronteras. ¿Qué sería de nuestra sociedad sin las historias que nos abren los ojos? Ya sea un documentario, un drama o una sencilla narración familiar, cada historia tiene un poder inherente.
La necesidad de voz y visibilidad
Un punto aquí crucial es que las voces de las mujeres deben ser escuchadas. En situaciones de abuso y violencia, es fácil olvidar que estas narraciones son más que cifras o estadísticas; son vidas reales. Y afortunadamente, cineastas como Macías y Bollaín están haciendo un trabajo que importa. Ellas se niegan a dejar que esas historias se desvanezcan sin ser reconocidas, y nos invitan a participar en esta conversación, uniendo así a las generaciones presentes y futuras. ¿Estamos realmente listos para escuchar?
Con la llegada de las redes sociales, las dinámicas de visibilidad se han transformado. Como Macías señala, incluso si las conversaciones sobre la violencia sexual se han normalizado con los tiempos, aún queda mucho trabajo por hacer para proteger a los más vulnerables. Por esto, su trabajo no solo es relevante, sino también crucial.
Reflexiones finales: el poder de la narrativa cinematográfica
Así que, ¿dónde nos deja todo esto? Tal vez estemos en una encrucijada en la que el cine no solo se considere entretenimiento, sino también una plataforma para el cambio. Las historias que se cuentan hoy pueden marcar la pauta para las generaciones venideras.
La próxima vez que te sientes a ver una película, te animo a ser consciente de las narrativas que ves. Trata de identificarlas, cuestionarlas y, sobre todo, deja que te encuentren un poco más consciente de la realidad que nos rodea. Después de todo, como dijo Macías, “cada película aporta algo, va sumando”. Y en esta búsqueda de una sociedad más justa, cada aportación cuenta.
Así que, ¡vayamos al cine! ¿Quién se apunta a una noche de reflexiones a través de la pantalla grande?