Cada 25 de noviembre, el mundo se viste de púrpura para conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Sin embargo, si bien la atención suele centrarse en formas más visibles de violencia, hay un tipo que permanece oculto como un fantasma en la casa de la abuela: la violencia de género hacia las mujeres mayores. ¡Espera, no te vayas aún! Así como ese plato de coles de bruselas que tu madre insistía en que probaras, es importante hablar de este tema aunque te haga sentir incómodo. Y créeme, es un asunto que todos deberíamos conocer más a fondo.
La realidad oculta de la violencia de género
En 2019, dos estudios realizados en España revelaron cifras alarmantes sobre este problema. La macroencuesta sobre violencia hacia las mujeres, que se lleva a cabo cada cuatro años desde 1999, reveló que 25.5% de las mujeres de 65 años o más habían solicitado servicios de ayuda como resultado de la violencia física, sexual o emocional. ¿Te suena chocante? No es para menos. Pero aquí viene la parte más impactante: cuando el foco se centró más específicamente en el grupo de mujeres de más de 65 años que ya habían pedido ayuda, el porcentaje subió al 78%. Eso significa que de las mujeres que se atrevieron a buscar ayuda, una abrumadora mayoría reconocía haber sufrido agresiones físicas. ¿Cómo puede ser que estas cifras sean tan altas y, sin embargo, sigan ocultas?
Rompiendo el mito de la invisibilidad
Muchos de nosotros hemos escuchado la frase “con los años viene la sabiduría”. Pero, parece que en el caso de muchas mujeres mayores, también viene un velo de invisibilidad. Según Mónica Ramos Toro, doctora en Antropología Social y coordinadora técnica de UNATE, al hablar de la violencia hacia las mujeres mayores, es crucial que busquemos datos objetivos. Las denuncias, las llamadas a líneas de ayuda y las órdenes de alejamiento son fundamentalmente el termómetro que nos indica el estado de la violencia.
Este problema todavía no ha tomado suficiente relevancia en la opinión pública ni en la sociedad en general. Quizás porque muchas veces nos encontramos con la desgarradora verdad de que la violencia contra las mujeres mayores es, desafortunadamente, normalizada. Existe un cruce de discriminaciones: ser mujer y ser mayor. ¿Te imaginas estar atrapada en una casa donde el amor se convierte en control, insultos o incluso agresiones físicas? Esa es la cruda realidad que viven muchas.
La cultura del silencio
Pasar por una relación violenta no es un fenómeno que ocurre solo en las películas. Muchas de estas mujeres han sido educadas en la cultura del secretismo, donde «los trapos sucios se limpian en casa». Este es un tema complicado que toco con sinceridad. ¡Ay, cuántas veces hemos oído eso en nuestras propias familias! A menudo, la violencia de género es considerada un problema privado en lugar de uno social y político.
Arantxa Núñez Alcaide, experta en políticas de igualdad y violencia contra las mujeres, sostiene que las mujeres mayores, debido a su historia, tienen más dificultades para resistir a este tipo de violencia. Han aprendido a obedecer a figuras de autoridad, ya sean padres, esposos, o incluso, en casos extremos, a sus propios hijos.
¿Y quién puede culparlas? En una sociedad que ha normalizado la violencia, es comprensible que muchas mujeres sientan que no tienen voz. O peores aún, que el tiempo que les queda no merece la lucha. ¿No te parece una tragedia que, en pleno siglo XXI, algunas personas aún crean que «aguantar» es la elección más digna?
La larga sombra del machismo y el edadismo
La violencia de género contra mujeres mayores lleva siendo objeto de estudio desde hace más de una década, pero aún queda mucho por analizar. La interseccionalidad, ese término sofisticado, es clave para entender cómo se cruzan múltiples discriminaciones en una sola persona. Según Neus Pociello Cayuela, asesora del Gabinete de la Consejería de Igualdad y Feminismos de la Generalitat de Catalunya, el machismo y el edadismo se ven reflejados en una cultura que, desgraciadamente, promueve la violencia de género hacia las mujeres mayores.
Si se piensa que esta violencia es parte del pasado, hay que abrir los ojos. Hasta el 40% de las mujeres mayores maltratadas ha sufrido violencia de manera continua por parte de su pareja o expareja durante más de 40 años. Eso es como vivir en un juego de Mario Bros, donde el enemigo mueve los obstáculos y aunque corras, siempre tropiezas de nuevo.
¿Por qué no denuncian?
La larga espera de las mujeres mayores para buscar ayuda a menudo está relacionada con su situación de dependencia económica. Muchas no manejan su propio dinero, lo que hace que se sientan atrapadas, incapaces de irse. Pueden sentir que, al hablar, están obteniendo una atención no buscada de sus familias, o quizás temen que sus hijos vean la verdad de la situación en la que viven. ¡Es como una escena de una telenovela! Un guion en el que especialmente las generaciones más jóvenes a veces son incapaces de comprender.
En una situación ideal, al dar el paso hacia la denuncia, estas mujeres deberían encontrarse con un sistema dispuesto a ayudar. No obstante, en muchos casos, el enfrentarse al sistema judicial es un calvario. “¿Por qué tienes que esperar tanto si llevas 60 años soportando?” Esa debería ser una pregunta que nunca se plantee. ¿Por qué seguir prolongando un sufrimiento que debería erradicarse en el momento en que se denuncia?
Cambiando el rumbo
A pesar de lo sombrío de la situación, hay luz al final del túnel. Recientemente, ha surgido un aumento en la conciencia institucional que incluye a los municipios. En Cataluña, se está comenzando a aplicar una nueva estrategia para abordar el problema mediante una mirada interseccional que va más allá de las palabras.
Este enfoque tiene como objetivo transformar las estructuras, aun a largo plazo. “Hay que arremangarse y empezar”, es el mantra de Neus Pociello Cayuela. Pero para esto, se necesita un compromiso genuino y efectivo desde el gobernante hasta la comunidad.
La Convención Interamericana sobre Derechos Humanos de las Personas Mayores es la única herramienta reconocida internacionalmente que obliga a los estados a velar por los derechos humanos de las personas mayores. Sin embargo, esta convención es aplicable solo en las Américas, lo que deja a muchos en la incertidumbre. En España, ha habido promesas, pero ¿hasta cuándo serán solo palabras vacías?
Herramientas para la visibilidad
Gracias a entidades como el Grupo Social UNATE, el próximo 22 de noviembre se llevará a cabo un encuentro internacional denominado “La violencia de género contra mujeres mayores: nombrar lo invisibilizado”. Este evento contará con la presencia de expertos que, vía streaming, ayudarán a visibilizar esta lucha.
Un recurso que podría ser clave es el “Violentómetro”, una herramienta creada por mujeres mayores de Santander para ayudar a otras en su situación a identificar claramente qué es la violencia en las relaciones de pareja. Este tipo de recursos busca empoderar a las mujeres mayores y fomentar su autoconocimiento respecto a sus rights
El poder de la voz
Es crucial que las voces de las mujeres mayores sean escuchadas. Después de todo, son ellas quienes han vivido en el silencio de la violencia de género y tienen historias que contar. La reparación del daño, la atención a sus necesidades y el reconocimiento de sus luchas deben convertirse en prioridades para nuestra sociedad.
Es tiempo de que todos, incluido tú que estás leyendo esto, pasemos de ser meros espectadores a ser actores activos en la búsqueda de un cambio. Como se suele decir: “La justicia no es un regalo; es una lucha”.
Reflexiones finales
El problema de la violencia de género hacia las mujeres mayores no es solo un problema de ellas; es un problema de todos. Es hora de abrir los ojos, de eliminar el estigma, de romper con el secretismo y educarnos. Si no comenzamos por abordar este asunto ahora, continuaremos dejando a un lado un tema que tiene un impacto directo en el bienestar de una porción significativa de nuestra población.
Así que la próxima vez que pienses en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, recuerda que no todas las heridas son visibles. Podemos ser parte de un cambio significativo, uno que asegure que ninguna mujer sea olvidada, sin importar su edad. ¿Estamos listos para ello?