La tormenta de octubre en la Comunitat Valenciana fue más que un fenómeno meteorológico; se convirtió en un verdadero desfile de contradicciones, decisiones cuestionables y, sobre todo, en una oportunidad para que algunos políticos, como Carlos Mazón, el president de la Generalitat Valenciana, se enfrentaran a un torbellino de críticas. Mientras la comunidad lidiaba con la DANA (depresión aislada en niveles altos), emergían dudas sobre la respuesta efectiva del gobierno y la gestión de la información. Así que vamos a revisar juntos qué sucedió en aquel fatídico fin de semana y las ramificaciones que esto ha tenido para los involucrados.
La tormenta perfecta: entre lo real y el relato
El 29 de octubre, cuando muchas personas estaban desesperadas por la situación que se vivía en Cullera y zonas adyacentes, Mazón alegó haber tenido una conversación con el alcalde de Cullera, Jordi Mayor, alrededor de las 18:30. Curiosamente, en esa llamada no se abordó el riesgo crítico de rotura de la presa de Forata, una amenaza que había estado en la mesa de análisis del CECOPI (Centro de Coordinación Operativa Integrada) desde unos momentos antes.
Imagínate esto: la lluvia caía, las calles se inundaban y, mientras tanto, el presidente regional aparentemente estaba más interesado en el estado de salud de un alcalde que en alertar sobre la amenaza inminente. Es como si estuviese en un mundo paralelo, sólo que la realidad no fue tan amable.
Conversaciones que no salvan vidas
Mayor, en un hilo de Twitter, dejó claro que en la conversación no hubo nada que se asemejara a una alertación de emergencia. En sus propias palabras, “pensaba que me estaba llamando desde el CECOPI, pero hoy ya sabemos que fue una llamada más propia de alguien que acaba de salir de una comida de 5 horas”.
¿Qué tal si ahora te cuento una anécdota? Recuerdo una vez que hice una llamada mientras cocinaba, y el estrés de la cena me hizo olvidar completamente el motivo de la conversación. Ahora imagina ese escenario elevado a la enésima potencia en una crisis. No puedo evitar preguntarme: ¿es que la gravedad de la situación no le llegó a Mazón? O quizás estaba demasiado distraído con su menú de cinco platos.
Los bulos y la verdad a medias
Mazón, en un intento por defenderse, afirmó que se está “cayendo en contradicciones” y exigió que “pararan los bulos y mentiras”. Irónicamente, sus declaraciones han abierto aún más la caja de Pandora. En lugar de calmar las aguas, parece haber añadido combustible al fuego, lo que seguramente no fue su intención.
La verdad es que, en situaciones así, muchas veces lo que ocurre es que los líderes se encuentran atrapados en una encrucijada. Primero, intentan mitigar el daño, luego, en lugar de ser honestos, terminan diciendo lo que creen que el público quiere escuchar. Pero, ¿acaso no sería mejor comunicar la situación tal como es?
Tomando el mando o la falta de ello
Uno de los puntos más críticos se centra en la falta de informe sobre la situación de la presa. ¿Por qué no se informó a Mayor sobre el riesgo de desbordamiento? Puede que esa llamada a Mayor nunca haya tenido la urgencia necesaria, pero el hecho de que Aemet (Agencia Estatal de Meteorología) hubiera alertado a la Generalitat indica que algo no funcionó como debía.
Mazón se preguntó por qué el Gobierno no había “tomado el mando” en la emergencia. Quizás la pregunta más pertinente sería: ¿quién debería haberlo hecho? A veces, parece que los políticos se convierten en marionetas de su propia narrativa.
La realidad de los niveles de emergencia
Como muchas veces ocurre en las tragedias humanas, parece que la burocracia y los protocolos tienen una vida propia. En un momento de crisis, se supone que el protocolo se activa de forma automática, como cuando apagas la luz y la habitación se adapta rápidamente a la oscuridad. Pero, en este caso, los protocolos fueron más bien un apagón, dejando a todos en la oscuridad, pero en el peor sentido.
Mayor recordó que “ningún protocolo dice que en alerta roja te puedas marchar cinco horas a comer a un restaurante.” Parece un chiste, pero es un recordatorio doloroso de que permanezcamos atentos a nuestras responsabilidades.
La revelación de la llamada
Un detalle curioso que resuena en toda esta saga es cómo se reveló la llamada. ElDiario.es había mantenido en secreto la conversación por lealtad institucional, pero Mazón decidió airear la situación, convirtiéndose así en el “revelador” del conflicto. Si pensabas que esto era una telenovela, estás en lo correcto.
Al final del día, la pregunta queda: ¿fue esto un movimiento astuto o una medida desesperada? Puede que nunca lo sepamos. Sin embargo, el hecho de que no se tratara de una llamada de emergencia hace que muchos se cuestionen qué es más importante: la lealtad política o la seguridad pública.
Reflexiones finales: el costo del silencio
La crisis de la DANA nos deja lecciones importantes. No sólo sobre la gestión de emergencias, sino sobre la necesidad de una comunicación efectiva y transparente en tiempos de crisis. La narrativa del líder no puede estar desconectada de la realidad que viven las personas a las que sirve.
Como ciudadanos, es nuestro deber cuestionar las acciones de nuestros líderes y exigir responsabilidad. Después de todo, ¿no buscamos representación por el mero hecho de que alguien se preocupe y actúe cuando más se necesita?
Para terminar, podríamos considerar que la política y la meteorología tienen algo en común: ambas pueden ser impredecibles. Pero cuando las tormentas realmente llegan, es fundamental tener líderes que no sólo hablen, sino que también actúen con responsabilidad y transparencia.
¿Tú qué piensas? ¿Se está manejando la situación como se debería o es hora de buscar nuevas formas de responder a emergencias? Mientras tanto, aquí estoy, recibiendo cualquier comentario o anécdota que quieras compartir sobre cómo se han manejado las crisis en tu comunidad.