La política es un juego fascinante y, a veces, tragicómico. Justo cuando creíamos que la película de Nicolás Maduro alcanzaba su clímax, nos damos cuenta de que aún hay más escenas por venir. La reciente reestructuración del chavismo plantea preguntas sobre la legitimidad de su gobierno y el futuro de Venezuela. Agárrense, que esto se va a poner interesante.
El presidencialismo de Nicolás Maduro: un travieso en apuros
Después del fiasco electoral del 28 de julio, donde María Corina Machado se erigió como la figura opositora toneladas de fuego —o, como diría un amigo, «la pesadilla del régimen»—, Maduro se enfrenta a un dilema similar al de un gato atrapado en un árbol. Se siente acorralado, pero con gusto por el teatro, se aferra a su papel de líder. Como dijo un mando medio cercano a su entorno: “O estás con Maduro o contra él”. En otras palabras, inocentemente podrías decir que esto se asemeja a un juego de Monopoly donde las reglas cambian cada cinco minutos.
¿Qué lleva a un hombre a rodearse de incondicionales?
Ah, esa es la pregunta del millón. En un movimiento que algunos pueden calificar de astuto y otros de desesperado, Maduro ha comenzado a llenar su gobierno de personajes leales. ¿A quiénes se les atribuye esta lealtad? Un nombre clave que resuena es Álex Saab, un empresario colombiano que, dependiendo de a quién le preguntes, puede ser visto como «el hombre de los contratos» o «el hombre que le hizo un guiño a la ley». Luego de haber sido detenido por las autoridades estadounidenses, este hombre ha demostrado que, si hay lealtad, hay recompensa. ¡Qué telenovela!
La represión y los nuevos aliados del poder
Tras las protestas y el malestar social, hemos visto un despliegue de un aparato represivo que, digámoslo de una vez, es más que preocupante. El uso de instituciones como el Sebin y la DGCIM ha incrementado, atrapando a inocentes y culpables, niños y mayores, en su red de miedo. Algunas fuentes indican que hay más de 160 menores en prisión, acusados, como siempre, de terrorismo. Pobre de mí, un niño que simplemente quería jugar a ser superhéroe, y termina con un cargo de «terrorista».
La lealtad a prueba de fuego y el ajuste de cuentas
Maduro no solo se rodea de amigos, sino de aquellos que le deben el poder y la vida. Así entró en juego Diosdado Cabello, un nombre que podría ser el título de una sombra ominosa en cualquier historia de terror. Este caballero ha tenido bastante que decir en el teatro político de Venezuela, y ahora se encuentra nuevamente en la mesa como Ministro de Interior. Cabello es conocido por su mano dura y, aunque sus métodos pueden sonar como un remedio amargo, su objetivo es claro: afianzar el control.
«El que no se madurista ya no es nada», afirma un analista que, como muchos de nosotros, se rasca la cabeza tratando de entender a dónde nos lleva esta narrativa. Si el chavismo se encuentra en un estado de desesperación, parece que su respuesta es «más represión». Pero, ¿realmente puede un gobierno sostenerse por el miedo y la brutalidad?
La legitimidad en la cuerda floja
Es curioso cómo la percepción de la legitimidad puede ser tan frágil. Un amigo me decía que es como confiar en la lealtad de un gato. La encuesta reciente muestra que un sorprendente 93% de los venezolanos considera que Maduro no ganó las elecciones. Un dato que, si lo pensáramos en términos de fútbol, sería una especie de 7-0 abrumador en un partido que no veía venir.
El exalcalde Juan Barreto lo dejó muy claro: «Eso le hace pasar de un Gobierno autoritario a uno despótico». Aquí ya no estamos hablando de un juego de rol, sino de una realidad que podría acabar con cualquier pretensión de un verdadero estado democrático.
La represión como estrategia
A medida que la situación empeora, se hace evidente que la estrategia del régimen no es más que un intento de consolidación que, aunque se vista de valentía, es en esencia un poema triste. Parece que la represión no solo es un recurso, sino la única carta que han decidido jugar. El plan parece ser apretar el videojuego cada vez más, como si disfrutasen del modo fácil que otorga el miedo. Y en medio de esto surgen figuras clave, como el fiscal Tarek William Saab, quien se encuentra en el umbral de la lealtad y del dolor, trasladando su peso a un entorno lleno de peligros.
La danza de los nuevos ministros
Y mientras nosotros observamos este asombroso ballet político, surgen personajes tan interesantes como Elvis Amoroso, el presidente del CNE, quien ha estado en el limbo recientemente. Luego de su desaparición, apareció junto a Maduro, como si de un truco de magia se tratara. Pero el verdadero espectáculo se da con la llegada de Gustavo González, el temido exjefe del Sebin. Su destitución ha despertado murmullos que podrían llenar cualquier sala de audiencias del país. Doce años en el poder y se va en un parpadeo. ¿Acaso ha sido este el sentimiento de culpabilidad que susurra en los pasillos del poder? ¿O simplemente un movimiento de ajedrez más?
¿Qué sigue para el futuro del chavismo?
Algunos analistas prevén que esta reestructuración es solo una primera fase de un plan más amplio. La pregunta es: ¿podrá el chavismo mantenerse en pie? Con la luz del contraste del descontento social, la falta de recursos y una comunidad internacional que los observa con desconfianza, la respuesta no parece optimista.
Un nuevo contrato social
Andrés Izarra, exministro de Chávez, sugiere que lo que estamos viendo es un cambio absoluto en la manera en que se lleva la gobernanza de Venezuela. «No hay contrato social más que la represión», reitera Izarra con una ironía particular. ¿Esta es la realidad de un régimen que, en su afán de sobrevivir, se ha convertido en un monstruo que devora a sus propios aliados?
El dilema del poder
Se dice que un hombre sabio una vez dijo que el poder se corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Dada la naturaleza de lo que experimentamos en la arena política venezolana, se hace cada vez más claro que cada movimiento podría ser el último. Asumir el liderazgo en este nuevo panorama significa no solo someterse a la traición, sino burlarse del destino, y en el juego político, esto puede llevar al abismo.
Reflexiones finales
Si algo hemos aprendido en estas últimas semanas, es que la política, en todas sus formas, es un juego de ajedrez donde las piezas pesan más que nuestra sonrisas. La reestructuración del chavismo, más que una respuesta ante el fracaso electoral, es un intento desesperado por mantener el poder a cualquier costo. Y como siempre en la política, el costo se traduce en vidas, derechos y la posibilidad de un futuro mejor.
Así estamos en esta travesía, reflexionando sobre un país dividido y un liderazgo que, aunque se aferra a la idea de control, ha comenzado una danza que podría muy bien ser un tango: lleno de pasión, pero también de tragedia. En última instancia, lo que se plantea es la cuestión de si la historia de Venezuela terminará en tragedia o habrá una oportunidad de renovación. Pero por ahora, observen, porque el espectáculo apenas comienza.