La vida, como el mejor de los guionistas, tiene la extraña costumbre de ofrecernos giros inesperados. Nos siente cómodos en nuestras rutinas y, de repente, ¡bum!, un desastre natural nos recuerda lo vulnerables que realmente somos. En esta oportunidad, el devastador paso de la DANA por Valencia ha desnudado no solo la fragilidad de la infraestructura, sino también la resistencia del ser humano ante la adversidad. Desde la distancia, observamos cómo esas vivencias resuenan en los ecos del pasado reciente de La Palma, donde aún se respira la ceniza del volcán de Cumbre Vieja.

La historia que se repite: ¿quién puede olvidar?

Cuando pasamos por situaciones difíciles, a menudo buscamos consuelo en la comunidad. Fátima, una voz representativa de los afectados por el volcán, nos recuerda que la tristeza y la rabia pueden ser compañeras de viaje. Pregúntate, ¿no has sentido alguna vez que el mundo se desploma mientras miras a tu alrededor, buscando respuestas que parecen esquivas? En ese momento, Fátima siente que la historia de La Palma, donde la lava arrasó casas, cultivos y sueños, vuelve a cobrar vida en Valencia.

Ella dice: “Si no estamos al pie del cañón, nos pueden olvidar”. Este sentimiento de desolación es palpable. Por desgracia, no es necesario haber estado en La Palma para entenderlo. Todos hemos sentido alguna vez que los problemas de los demás son efímeros, como el humo que se disipa en el aire. ¿Cuántas veces miramos hacia otro lado? Parece que aún estamos aprendiendo, pero cada catástrofe nos deja una lección.

Los números que importan: estadísticas que duelen

La cifra de 2,329 afectados por el volcán es, sin duda, fría. Números que podrían parecer abstractos si no fuera por las historias personales que se esconden detrás. Con 1,676 edificaciones destruidas y 73.8 kilómetros de carreteras destruidas, las estadísticas se transforman en un panorama de pérdida tangible. Lali, una residente de Puerto Naos, ha tenido que enfrentarse a mudanzas sucesivas, y ahora se encuentra en una especie de limbo. La vida de Lali se ha convertido en un puzle donde las piezas son recuerdos de lo que era su hogar. Buen humor y resiliencia son sus mejores compañeros mientras busca un nuevo equilibrio.

Y aquí surge una pregunta que nos hace reflexionar: ¿cómo reconstruir no solo las casas, sino también la vida de cientos de personas? Las 42 viviendas rehabilitadas parecen un rayo de esperanza, pero, ¿serán suficientes? La historia de Yomaira, quien vuelve a construir su hogar después de años de incertidumbre, es un testimonio del poder de la voluntad humana, pero ¿cuántos han tenido la misma suerte que ella?

Miedos, traumas y la empatía que nos une

Uno podría pensar que después de un desastre, la gente se une de inmediato. Sin embargo, la realidad es más compleja. Yomaira, quien ahora ofrece atención psicológica a las víctimas de la DANA, tiene una perspectiva clara: «Creo que puedo empatizar con lo que les está pasando.» Pero, desgraciadamente, se encuentra con miradas despreciativas y la falta de comprensión. A menudo, el dolor ajeno suele ser invisible para quienes no lo han vivido.

Esto me recuerda a una antigua anécdota de una amiga que tuvo un accidente de coche. Mientras ella lidiaba con su recuperación, algunos amigos decían: «Pero tanta gente tiene cosas peores«. A veces, no es necesario comparar el dolor. Lo que se necesita es un abrazo sincero y un “Estoy aquí para ti».

Rehabilitando la esperanza: el regreso a la normalidad

Luego de la erupción, Puerto Naos comienza a resurgir. Con supermercados y bares volviendo a abrir sus puertas, surge una nueva esperanza. ¿Alguien más siente la misma satisfacción al ver que la vida vuelve a encontrar su camino? Entre las risas y las primeras ceremonias de vuelta a la rutina, Lali sonríe al recordar esos pequeños placeres que nos hacen sentir vivos. El viento sopla y lleva consigo el olor de las comidas que regresan a sus mesas. Pero, al mismo tiempo, los problemas de salud relacionados con el gas son una sombra constante que oscurece la alegría de la reactivación.

La reciente experiencia de vida con su hijo en un garaje alquilado nos recuerda lo efímero de la estabilidad. ¿Cuántas veces hemos paseado por el parque y hemos dado por sentado que todo estará intacto al día siguiente? La respuesta está en las inversiones insuficientes y las decisiones lentas de los gobiernos. Mientras tanto, los niños esperan en aulas temporales, así como nuestras esperanzas de recuperar la normalidad.

La lucha por la educación: un colegio olvidado

En medio de la reconstrucción, uno de los elementos cruciales que aún está congelado es el colegio público de La Laguna. Mientras tanto, los niños continúan recibiendo clases en un centro cultural, un parche temporal que carece de la esencia de un verdadero hogar escolar. Fue una respuesta administrativa legal, pero ¿qué hay de los corazones de esos niños que se sienten desplazados, siempre en un entorno distinto? La directora del colegio, Mónica Viña, plantea una cuestión fundamental: “No hay ni colegio, ni farmacia, ni supermercado. Los tres elementos que debe tener un barrio.”

Esto plantea la pregunta retórica que todos nos hacemos: ¿por qué el bienestar de los niños en estas situaciones no parece ser una prioridad fundamental? Desde mi perspectiva, no olvidemos que la educación es la base sobre la cual se construyen nuestras sociedades. Es lo que nos ayuda a avanzar, así que si olvidamos a nuestros niños, ¿qué futuro nos queda?

El cruce de caminos: reconstrucción y compensaciones

Mientras los vecinos luchan por una vida digna, el Gobierno aún discute sobre compensaciones y expropiaciones. Elías, un agricultor y portavoz de la Plataforma de Afectados por la Carretera de la Costa, se enfrenta a un dilema: la recuperación de la tierra frente a la mejora de la infraestructura. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a ceder? La disputa sobre los precios de indemnización se torna cada vez más esencial. Los números, nuevamente, parecen dominar la conversación.

El alineamiento de intereses será un desafío continuo, pero, como dijimos antes, en medio de la crisis hay oportunidades. El Delegado del Gobierno en Canarias destaca el esfuerzo del Gobierno por reactivar la economía, y el flujo de 1,040 millones de euros destinados a La Palma puede ser una luz al final del túnel, pero ¿es suficiente para llenar todos los vacíos dejados por la destrucción?

Conclusión: el poder de la comunidad y el aprendizaje constante

A medida que la vida se reanuda y pequeños fragmentos de normalidad aparecen en los horizontes de La Palma y Valencia, el mensaje es claro: la resiliencia debe ser un pilar común. No se trata solo de reconstruir la infraestructura, sino también de sanar emocionalmente a través de la empatía y el apoyo mutuo.

La historia de Fátima, Lali, Yomaira y Elías nos recuerda que, a pesar de las adversidades, lo que nos une como comunidad es más fuerte que cualquier desastre. Estamos siempre en un aprendizaje constante, y aunque existan crisis que nos sacudan, siempre habrá una luz al final del camino si compartimos nuestras historias, nuestros dolores, y nuestras esperanzas.

Finalmente, al enfrentarnos a situaciones similares en el futuro, será vital recordar: nuestra humanidad es el verdadero recurso más valioso y, como dijo un sabio alguna vez, “no hay mejor lugar para llorar que en compañía de amigos”. Así que, ahora más que nunca, abracemos la vulnerabilidad y aprendamos a reconstruir juntos.