En un rincón acogedor de un hogar en Madrid, Amalia —nombre ficticio, por supuesto, porque en este mundo de acogimiento a menudo es preferible mantener la privacidad— se está preparando para su segundo cumpleaños con su familia de acogida. Para mí, esa frase resuena con una profundidad que podríamos asociar más a historias de cuentos de hadas que a vidas reales, pero la verdad es que el mundo del acogimiento familiar está lleno de matices, alegría y, por supuesto, desafíos. Así que abróchense los cinturones, porque vamos a hacer un recorrido por lo que significa realmente acoger a un niño y por qué, en el año 2023, esto es más relevante que nunca.

Acogimiento familiar: un concepto en evolución

Primero, hay que aclarar el concepto de acogimiento familiar. A menudo, la gente confunde este término con la adopción. Mientras que ambos buscan proporcionar un hogar seguro a un niño, la premisa del acogimiento es temporal. En vez de romper los lazos con la familia biológica —a la que los niños tienen derecho a conocer— el acogimiento se establece como una solución para brindarles una familia temporal segura donde recibir afecto, atención y un ambiente estable.

¿Y cuántos niños están en esta situación? Según los últimos datos, más de 51,200 niños y adolescentes en España viven en acogimiento —ya sea familiar o residencial— y muchos de ellos enfrentan necesidades especiales o forman parte de un grupo de hermanos, lo que complica aún más su situación. ¿Te imaginas crecer sin saber si tu nuevo hogar será el definitivo? Suena inquietante, ¿verdad?

La historia de Amalia: de la incertidumbre a la felicidad

La vida de Amalia es un reflejo de la compleja realidad que muchos niños enfrentan. Nació con síndrome de Williams, una afección genética que conlleva retraso madurativo, y desde el principio, su vida ha sido un viaje a través de hospitales y residencias. ¡Imagina no haber vivido nunca en una casa! Lo que para muchos de nosotros es un aspecto normal de la vida, para Amalia fue un lujo inalcanzable en sus primeros años.

Su historia no es única. Sara y Luis, sus actuales padres de acogida, comparten cómo su hogar ha evolucionado en los últimos 15 meses. Un hogar al que Amalia llegó con muchas inseguridades, pensando que cada celebración como su cumpleaños podría significar que debía irse de nuevo. El desarrollo emocional de Amalia, desde sentir que esta casa era temporal hasta gritar “¡ya llegamos a casa!” es un testimonio conmovedor de cómo un ambiente familiar estable puede hacer maravillas.

La escasez de familias de acogida en España

Definitivamente, la situación de Amalia levanta una serie de preguntas sobre el acogimiento familiar en España, y una de las más críticas es: ¿por qué hay tan pocas familias dispuestas a acoger? Según Ana Alarcón, directora del programa AcogES+, la cultura del acogimiento aún está lejos de ser común en la sociedad española. Muchas personas simplemente no conocen la realidad del sistema de protección; piensan que es para «niños malos» cuando en realidad hay muchos niños que simplemente no han tenido la suerte de nacer en un entorno amoroso.

Esta falta de cultura de acogimiento es preocupante. ¿Por qué no se entiende que hay muchos niños que necesitan apoyo y no abusadores? Transformar la perspectiva de la sociedad sobre el acogimiento es crucial. Mientras algunos podrían ver el acogimiento como una tarea ardua, otros, como Sara y Luis, lo ven como una oportunidad invaluable de cambiar la vida de un niño.

Un modelo de atención que marca la diferencia

El éxito de un acogimiento no depende solo del amor, aunque es un elemento fundamental. Programas como AcogES+ sienten la necesidad de incluir un acompañamiento técnico para las familias de acogida. Algo que no siempre es evidente y que puede hacer la diferencia entre un acogimiento exitoso y uno fallido. Según los datos, hay un alto porcentaje de familias que abandonan el acogimiento, y es ahí donde se requiere un apoyo constante.

Sara, parte contratada del programa, comenta que el tener un experto disponible en todo momento brinda una tranquilidad que es difícil de describir. ¿No es maravilloso que haya iniciativas que busquen formar a las familias en lugar de dejarlas solas frente a desafíos complejos?

La adaptación: un proceso único y complicado

Es importante recalcar que la adaptación de un niño a un nuevo hogar puede ser un proceso tortuoso. Amalia llegó con un nivel de ansiedad elevado. Siempre estaba alerta, preguntándose si realmente podía confiar en que esta familia sería su hogar. Después de varios meses, con el apoyo continuo y el amor incondicional de Sara y Luis, su historia ha cambiado. Ahora, ella puede llorar y mostrar su dolor, algo que previamente había reprimido.

¿Te has dado cuenta de lo difícil que puede ser para un niño abrirse y sentirse seguro en un entorno nuevo? La vida les ha enseñado a protegerse, y es un trabajo arduo ayudarles a deshacer esos muros emocionales. Luego de un tiempo, Amalia comenzó a integrarse no solo en su nueva familia, sino también en el colegio y en la comunidad, algo que debería ser un derecho para todos los niños.

La importancia de la relación biológica

Una de las mayores lecciones que aprendí al leer la historia de Amalia es la necesidad de equilibrar la relación con la familia biológica. Sara subraya que es esencial que Amalia continúe viendo a su madre y a sus hermanas, ya que forjar esos lazos le brinda estructura y comprensión de su historia de vida. ¿No es asombroso pensar que, aunque conformemos nuevas realidades, debemos respetar y honrar nuestro pasado?

Un niño no sufre por tener varias figuras parentales; el sufrimiento llega cuando se los priva de cualquier figura. La psicóloga Andrea Ferrari también confirma que criarse en una familia, en lugar de en un centro, brinda a los niños estabilidad emocional y conexiones significativas. Es un mensaje poderoso: “Una familia para un niño, no un niño para una familia.”

Un llamado a la acción

Ahora, hagamos un alto para reflexionar: ¿podrías considerar abrir tu hogar a un niño? La infancia de un niño es un momento crítico que no se puede recuperar. Las oportunidades de ofrecer amor y apoyo a esos pequeños en necesidad son valiosas. Sin duda, el acogimiento presenta desafíos, pero como dice Luis: «Hay muchas cosas en la vida, pero este acogimiento es de las más importantes y valiosas.»

La realidad es que se necesita urgentemente un cambio de mentalidad en nuestra sociedad. Sabemos que la demanda es mucho mayor que la oferta, y las campañas como la de Extremadura para impulsar el acogimiento familiar son pasos en la dirección correcta. Pero, ¿es suficiente?

La clave radica no solo en atraer más familias hacia el acogimiento, sino también en proporcionarles la formación y el apoyo que necesitan para afrontar la tarea.

La esperanza para el futuro

A medida que el modelo AcogES+ se expande a otras comunidades, hay esperanza en el aire. La falta de familias de acogida es una realidad preocupante, pero no es insuperable. Si en el pasado tuvimos escasez de información, hoy en día tenemos el poder de conectarnos y conocer.

¿Te imaginas un futuro donde cada niño tenga la oportunidad de crecer en un entorno amoroso? Es una visión hermosa, y con un esfuerzo colectivo, puede hacerse realidad. Al fin y al cabo, no se trata solo de un modelo de acogimiento, sino de un movimiento que busca cambiar nuestra sociedad para mejor.

Amalia y otros niños como ella merecen no solo una familia, sino también el derecho de vivir una infancia feliz, sin la carga de un pasado doloroso que los detenga. Invertir en acogimiento familiar es, sin duda, una inversión en el futuro de nuestra sociedad, y cada uno de nosotros puede ser parte de esa historia.