El último partido entre la Real Sociedad y el Real Betis dejó momentos memorables e inmemoriales sobre el césped. ¿Quién diría que un equipo con la trayectoria venerable del Betis acabaría viviendo una pesadilla tan palpable dentro de un campo de juego?

Un comienzo para olvidar

El encuentro comenzó con un Betis que parecía más un equipo de aficionados que uno con aspiraciones en la primera división. Lo que ocurrió en el primer tiempo fue una jocosa presentación de lo que no se debe hacer en un partido de fútbol. Desde mi rincón del sofá, con un bol de palomitas y la sombra de un vaso de agua casi lleno porque, claro, siempre hay una tercera parte que me falta, veía al Betis como un niño perdido en un parque de diversiones: desconcertado y sin saber a dónde ir.

El primer gol: un error para el recuerdo

La Real, por otro lado, encontró en los errores del Betis una vía rápida hacia el éxito. En el minuto 13, un error clamoroso de Rui Silva encendió las alarmas. Con un gol en propia puerta de Llorente, el Betis se puso contra las cuerdas. La verdad es que el portero había tenido un día de esos que desearías borrar de tu memoria, como cuando olvidé el cumpleaños de mi mejor amigo (en mi defensa, es uno de esos amigos que nunca celebra la fiesta).

Yo me preguntaba, ¿dónde quedó la defensa del Betis? Parecía que estaban jugando al escondite… y se escondieron muy bien.

El segundo gol: un penalti polémico

Y antes de que hubiera tiempo para que el Betis se recuperara del primer golpe, llegó otro bombazo. Este fue en la forma de un penalti que Manuel Pellegrini, el entrenador verdiblanco, consideró «inexistente». Esos penaltis que, desde mi punto de vista, se parecen más a un «te dejo ganar» en un juego de mesa entre amigos. Oyarzabal, con la frialdad de un francotirador, anotó y ponía el 2-0 en el marcador. Me imagino a Pellegrini gritando en su interior como yo lo hago cuando mi serie favorita tiene un cliffhanger y no puedo soportarlo.

Un Betis sin respuestas: un teatro de sombras

El segundo tiempo transcurrió con un Betis intentando (inútilmente) demostrar que aún estaban vivos. Sus intentos de generar ocasiones resultaron tan efectivos como un paraguas roto en una tormenta. Al ver cómo se pasaban la pelota sin rumbo, me preguntaba si el equipo había olvidado que el objetivo final es, ya saben, meterla en la portería. Cada contraataque y pase se sentía como un mal chiste que nunca llegaría a tener un remate.

Mientras tanto, la defensa de la Real, con una estructura impresionante, hacía disparos en blanco más efectivos que un videojuego de disparos en primera persona donde el jugador se queda sin munición. La Real, al final, no necesitaba más que un solo tiro entre los tres palos para llevarse el triunfo por 2-0. Una victoria cómoda, pero, si soy honesto, un poco decepcionante, incluso para un entusiasta del fútbol como yo.

La crisis del Betis: ¿un agujero negro?

Manuel Pellegrini, en la rueda de prensa posterior al partido, se mostró prudente. «La actitud es buena,» decía mientras yo pensaba: «¿En qué universo?» La situación del Betis es la de un barco a la deriva en el océano del fútbol. Con un centro del campo colapsado y talento individuos ausentes, desde Isco hasta Fornals, el equipo parece haberse quedado sin opciones.

La defensa de Pellegrini hacía eco de lo que muchos estábamos sintiendo: la falta de creatividad y de liderazgo. El Betis se ha ido hundiendo en un mar de mediocridad, similar a ese viejo coche que ya no tiene ninguna parte que funcione bien, pero se aferra a la carretera como si pudiera existir sin un motor.

La Real Sociedad: un equipo a tener en cuenta

Por otro lado, la Real Sociedad no sólo se lleva el triunfo; se posiciona más cerca de Europa. Con un juego ordenado y con las piezas en su lugar, Imanol Alguacil debería estar sintiéndose como un director de orquesta que ha dado en el clavo.

Cuando Imanol comentó que el autogol “ayudó mucho”, podría imaginarme a él tomando nota de cómo sacar ventaja de los errores del adversario. La habilidad de la Real para posicionarse adecuadamente en el campo, aprovechar cada falta y mantener el juego controlado ha sido fundamental.

Con cada victoria en casa contra equipos de renombre como el Barcelona y el Ajax, se ha demostrado que la Real es un contrincante serio en la lucha por los puestos de arriba en la tabla. ¿Podrían estar cosechando los frutos de un trabajo bien hecho?

¿Qué futuro espera al Betis?

Ante todo este panorama, uno no puede evitar preguntarse: ¿qué queda para el Betis? Están en la parte media de la tabla y en una situación permeada de dudas sobre el futuro y la dirección que Pellegrini debe tomar. Sin duda, la próxima jornada será crucial. Digo esto mientras divago sobre si sería mejor un viaje a la playa o a la montaña, porque a veces el fútbol nos deja sin palabras.

Quizás el tiempo para cambios estratégicos ha llegado. Tal vez una revisión en la plantilla no sería demasiado arriesgada. Si hay algo que hemos aprendido en el fútbol es que los cambios a menudo traen consigo un soplo de aire fresco. Pellegrini sabe que necesita más que una actitud «buena» para revertir la situación.

Conclusiones: un partido que dejará huella

Si la temporada hasta ahora estaba marcada por la promesa y las expectativas, este encuentro fue una especie de ceremonia de apertura al vacío. La Real Sociedad, con una victoria convincente, avanza con confianza, mientras que el Betis se pregunta en qué momento se desvaneció la magia.

Esta derrota no es solo un número en la tabla; demuestra un bache en el cual los jugadores y el cuerpo técnico deberán afrontar en conjunto. La pregunta es: ¿serán capaces de hacerlo? El tiempo lo dirá, pero uno tiene que mantenerse optimista en este emocionante, y a veces frustrante, deporte.

En resumen, seguimos en el juego, buscando la próxima victoria, el siguiente gol y, por supuesto, la oportunidad de volver a reírnos de esas caídas en el campo que, aunque duelan, son parte de lo que amamos del fútbol. Así que, hasta el próximo partido, ¡que el fútbol nos siga sorprendiendo!