La política es un terreno a menudo cargado de tensiones, malentendidos y, a veces, hasta de rencores históricos. En el caso de México, el reciente anuncio de Claudia Sheinbaum, la presidenta electa, de no invitar al rey Felipe VI a su toma de posesión ha encendido una serie de discusiones que nos hacen reflexionar sobre el pasado colonial y la reconciliación que aún no se ha logrado. Pero, ¿qué es lo que realmente significa esta decisión para las relaciones entre España y México? ¡Póngase cómodo, que vamos a desmenuzar este asunto!

Un respaldo inesperado

Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el presidente saliente, no tuvo problema en respaldar la decisión de Sheinbaum. En una de sus típicas conferencias de prensa diarias, mantuvo una postura firme y clara: “Apoyo a la presidenta electa, si ella ya tiene una postura, la suscribo, la respaldo”. Así, se lanza una bomba en el escenario diplomático: parece que las relaciones con la monarquía española no están en su mejor momento.

¿Recuerdan aquella sensación en la escuela cuando el profesor preguntaba cuál era la respuesta correcta en un examen y todos los dedos de la clase estaban apuntando a la respuesta equivocada? Algo similar sucede aquí. AMLO ha tocado una fibra sensible del pasado que muchos quisieran olvidar, pero que sigue latente en la memoria colectiva.

La carta que desencadenó el conflicto

Todo empezó en 2019 cuando el presidente mexicano escribió a Felipe VI con motivo del 200 aniversario de la independencia de México. ¿La idea? Organizar una ceremonia conjunta y, más importante, que el gobierno español ofreciera una disculpa pública por los agravios cometidos durante la Conquista. O sea, algo como decir: “Oye, amigos, sé que en el pasado lo hicimos mal, pero vamos a solucionarlo”.

En respuesta, no solo no recibió contestación, sino que la carta fue filtrada, desencadenando una reacción adversa. AMLO incluso se quejó de que actuaron “con mucha prepotencia”. ¿No es curioso cómo una simple carta puede desencadenar eventos que nos devuelven a épocas de dolor y sufrimiento? Siendo honestos, a mí me ha pasado, solo que en mi caso fue el típico mensaje de texto que se malinterpretó en una conversación de grupo y terminó en un drama digno de una telenovela.

¿Pero por qué esta incomunicación?

La actitud de la monarquía parece insufrir de una especie de “amnesia histórica” cuando se trata de abordar el tema de la Conquista. AMLO ha subrayado que “las diferencias con la monarquía no son con el pueblo español”. Este punto es vital: es como tener un malentendido con el director de una empresa y no querer llevar esa carga a los empleados.

Al igual que en un mal divorcio, es común que los que no están involucrados se vean arrastrados al conflicto. Los pueblos tienen la necesidad de reconciliar sus historias en lugar de errar en el camino de acumular rencores. Entonces, aquí es donde se plantea la pregunta: ¿no sería mejor que ambos lados abordaran el tema de sus diferencias con un abrazo y no con un “te dejé en visto”?

Racismo y viejos agravios

AMLO no se detiene aquí y menciona el racismo en España, centrándose en como los mexicanos retornados a su tierra natal son tildados de «indianos». Es como si los que regresan de un viaje alrededor del mundo comparten una experiencia única, pero aún deben enfrentar etiquetas que no hacen más que dividir. De esta manera, López Obrador exige un cambio en la narrativa histórica de España hacia sus antiguos territorios. ¿Quién no ha estado alguna vez en una conversación donde el tema delicado se convierte en un tira y afloja?

¿Qué les cuesta a los españoles pedir perdón tal como otros países han hecho por errores pasados? Este enfoque directo podría ser la clave para empezar a sanar heridas. Pero a veces me pregunto, cuando veo a un político hablar, ¿acaso no sienten el mismo hormigueo en el estómago que uno tiene antes de una charla incómoda con un amigo? ¿La política no sería un poco más fácil si todos solo admitieran sus errores y aprendieran de ellos?

Un futuro incierto

La realidad es que la completa reconciliación con el pasado no es un evento que se puede llevar a cabo durante una ceremonia o un discurso. Es un proceso lento que requiere paciencia, esfuerzo colectivo y, sobre todo, empatía. Cada bando debe estar preparado para abrir viejas heridas y lidiar con la incomodidad que éstas traen consigo.

Por el momento, Sheinbaum ha dejado claro que no se trata de una ofensa personal hacia el pueblo español, sino una reflexión que invita a una revisión del comportamiento y las actitudes de sus representantes. Para muchos, no hay nada más revelador que un país que se atreve a mirar hacia atrás y reconocer sus errores.

Reflexiones finales

La decisión de no invitar al rey Felipe VI a la toma de posesión de Claudia Sheinbaum nos deja ante un mar de cuestionamientos. ¿Es este un paso hacia adelante en la búsqueda de justicia? ¿O quizás un capricho de la política que condena a generaciones futuras a arrastrar un pasado que nunca se resolvió?

Lo que es indudable es que, así como cuando uno corta la torta en un cumpleaños, hay reacciones y consecuencias. Quizás esta decisión no agradará a todos, pero podría ser el catalizador necesario para que dos naciones avancen, preguntándose: “¿Qué tenemos que aprender el uno del otro?”.

Al fin y al cabo, la historia siempre está en la mesa, esperando ser discutida. Y mientras tanto, seguiremos buscando maneras de aprender de los errores del pasado. ¿No es esa una de las lecciones más importantes de la vida?