La pederastia es un tema que, lamentablemente, ha cobrado protagonismo en las noticias en los últimos años, especialmente cuando nos referimos a contextos como el de la Iglesia española. Desde que EL PAÍS lanzara su ambiciosa investigación en 2018, la sociedad ha estado en un constante vaivén entre la indignación, la desilusión y el deseo de justicia. ¿Pero realmente estamos entendiendo la profundidad del problema? Hoy, quiero llevarte por un recorrido en el que analizaremos este fenómeno, sus implicaciones y, al mismo tiempo, compartiremos reflexiones que nos ayuden a comprender mejor el impacto en nuestra cultura y, quizás, en nuestras propias vidas.

Contexto y orígenes de la investigación

Primero, hagamos un poco de historia. En 2018, EL PAÍS decidió poner en marcha una investigación que se planteaba desvelar la magnitud del abuso sexual dentro de la Iglesia en España. A través de una base de datos meticulosamente organizada, comenzaron a recopilar testimonios y casos de pederastia que habían pasado desapercibidos o habían sido silenciados durante décadas. Algunos de nosotros nos preguntamos: «¿Por qué aún no se había hecho esto antes?» La realidad es que la lucha por la verdad, especialmente en instituciones de tanta carga histórica, no es un camino sencillo.

Recuerdo una conversación con un viejo amigo, que es bastante crítico con la religión, donde él compartió su asombro por el descubrimiento de que muchas personas habían optado por silenciar sus experiencias debido al miedo a represalias o a la falta de apoyo. «Es como un club de los horrores,» decía entre risas nerviosas, tratando de aligerar un tema que no es fácil de tratar. Pero, ¿no es cierto que la religión debería ser un refugio, no una trampa?

Un fenómeno global con raíces locales

La pederastia en la Iglesia no es un problema exclusivo de España; es un fenómeno global que ha sido objeto de atención en ámbitos tan dispares como Estados Unidos, Australia y Alemania, entre otros. En cada uno de estos países, la lucha por la transparencia ha sido constante. Pero ¿por qué parece que la Iglesia, en lugar de enfrentar estos problemas directamente, ha optado por el silencio y la negación en tantas ocasiones?

Desde mi experiencia personal, a veces nos encontramos en situaciones en las que creemos que tenemos todo bajo control, y justo cuando menos lo esperamos, el pasado nos golpea con toda su fuerza. Así como yo descubrí que no tenía la contraseña de mi propio correo electrónico por meses, la Iglesia también ha parecido desconectada de la realidad que la rodea durante demasiado tiempo.

La base de datos de EL PAÍS: más que números

EL PAÍS ha recopilado más de 300 casos de abuso sexual en la Iglesia española, un número que provoca escalofríos. Este tipo de informes suelen ser percibidos como fríos números, pero detrás de cada caso hay personas con historias devastadoras. Desde víctimas que luchan por encontrar su voz hasta aquellos que se están armando de valor para hablar públicamente sobre su dolor, la humanidad es lo que da vida a este informe y a cada uno de sus testimonios.

Es como el viejo truco del «hombre de la caja» – donde, al abrir una caja de sorpresas, nunca sabemos con qué nos vamos a encontrar. En este caso, al abrir la caja de la pederastia en la Iglesia, los resultados han sido nada menos que inquietantes.

¿Por qué la religión y el abuso van de la mano?

Una pregunta complicada, pero necesaria: ¿por qué la religión ha estado tan vinculada al tema del abuso? Es importante considerar el poder que la Iglesia ejerce en la sociedad. En muchos casos, estas instituciones tienen un fuerte control sobre la vida de sus fieles, creando un entorno en el que la lealtad se coloca por encima de la verdad y la justicia.

Por ejemplo, en una discusión reciente con mi grupo de amigos sobre espiritualidad, uno de ellos compartió que «la fe debería ser una luz, no una sombra». Y es que, en lugar de ser un refugio, algunos están usando la religión como un escudo para protegerse de sus propias transgresiones. Esto es triste, y más aún, inaceptable.

Contexto social y la respuesta de las autoridades

La investigación de EL PAÍS ha generado un revuelo en la sociedad. Las autoridades, que en muchos casos habían mirado hacia otro lado, finalmente se han visto obligadas a reaccionar. Se han hecho llamados a la acción por parte de diversas organizaciones y partidos políticos para exigir rendición de cuentas. Pero, como en muchos episodios de nuestra historia, la respuesta siempre parece ser lenta. ¿Será que el cambio extremo solo llega cuando la presión se vuelve insoportable?

Mis abuelos solían decir que «todo llega a quien sabe esperar», pero la paciencia en este caso puede ser un lujo que no nos podemos permitir. Las víctimas han estado esperando durante años. La frustración es palpable en cada rincón de la sociedad. Como si cada uno de esos casos fuera un ladrillo en una pared que no deja de crecer.

La voz de las víctimas: un eco que resuena en la sociedad

La parte más conmovedora de la investigación ha sido, sin duda, la valentía de las víctimas al alzar su voz. Muchas de ellas nunca imaginaron que podrían contar sus historias, y menos aún recibir el respaldo de otros. A veces, en un momento de deseo de reconciliación, he intentado pensar en cómo sería mi vida si no hubiera podido compartir mis propias vivencias, si esas experiencias se hubieran quedado atrapadas en mi mente. La sola idea me parece inquietante.

Las historias de las víctimas son como chispas que iluminan la oscuridad; su valentía tapea los huecos que la negación de la Iglesia ha dejado abierta durante tanto tiempo. El #MeToo fue un fenómeno global que logró abrir la conversación sobre el abuso sexual y, de alguna forma, la investigación de EL PAÍS se enmarca en esta misma lucha por la verdad y la justicia.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Puede que te estés preguntando: «¿Y yo qué puedo hacer?» Esa es la pregunta clave. La verdad puede ser abrumadora, pero hay varias maneras de involucrarse y ayudar. Desde compartir información y ayudar a visibilizar el dato, hasta ser un apoyo para las víctimas que se atreven a hablar, hay muchas acciones que podemos tomar.

En mi propia vida, he aprendido que muchas veces, un simple gesto de escucha puede hacer maravillas. Recientemente, una amiga me confesó que había pasado por un momento difícil, y al compartir su historia, vi cómo su carga se aligeraba. ¿No sería increíble si todos pudiéramos brindarle a alguien esa oportunidad de compartir su verdad?

Conclusión: el camino hacia la sanación

La investigación de EL PAÍS sobre la pederastia en la Iglesia española es un recordatorio de que la verdad no se puede ocultar indefinidamente. La valentía de las víctimas, junto con el apoyo de la sociedad, puede generar un cambio real. La lucha por la justicia es un camino largo y tortuoso, pero cada pequeño paso cuenta.

Sabemos que el proceso de sanación es complicado y que habrá resistencia en el camino, pero no podemos cerrar los ojos. La empatía y la acción son nuestras mejores herramientas para forjar un futuro más justo. Esta no es solo una lucha de las víctimas, es una lucha de todos, una lucha que nos llama a la acción y a la reflexión.

En definitiva, estamos ante un momento crucial en nuestra evolución como sociedad. Reflexionemos sobre nuestras propias creencias, nuestras propias historias y el papel que jugamos en la lucha por la verdad. ¿Estás listo para levantar la voz?