La migración es un tema que, hoy en día, está más que presente en el debate político. Pero más allá de las estadísticas y las cifras que suelen inundar los noticieros, la migración tiene una cara, una historia y, sobre todo, un significado profundo que resuena con cada uno de nosotros. ¿Cuántas veces hemos visto discursos cargados de odio y xenofobia? Personalmente, estuve en una de esas asambleas en Madrid, y recuerdo que ese primer jarro de agua fría aún resuena en mis pensamientos.

Como alguien que lleva la migración en la sangre, una mezcla de historias de mis abuelos y padres que cruzaron fronteras dejando todo atrás, me siento, por definición, parte de ese mosaico de seres humanos que forman nuestra sociedad. Y no puedo evitar preguntarme: ¿es realmente necesario que una concepción tan simplista de la migración prevalezca en el discurso público? La respuesta se complica aún más cuando vemos figuras como la presidenta Isabel Díaz Ayuso, quien ha hecho de la xenofobia su mejor arma política.

Migración: un tema de actualidad que no se debe tomar a la ligera

En los últimos meses, hemos visto cómo líderes de la extrema derecha, como Abascal, intentan convertir la migración en un tema de campaña. ¿A quién le importa realmente la vida de los migrantes cuando se pueden usar como chivo expiatorio? Al parecer, a Ayuso no, porque ha mostrado una falta de interés evidente por abordar la situación de las personas migrantes de manera empática y humana. En vez de convertir los discursos de odio en políticas de inclusión, ha decidido aprovechar la migración como una herramienta para desviar la atención de la nefasta gestión que su administración ha llevado a cabo en servicios públicos.

A menudo me pregunto si estos políticos han mencionado alguna vez cómo la migración ha enriquecido nuestras comunidades. Cuando pienso en los diversos aportes culturales, económicos y sociales que los inmigrantes han ofrecido, no puedo sino recordar momentos de mi infancia, como cuando mi madre cocinaba platos de diferentes partes del mundo, o cuando en la escuela aprendí sobre las culturas de mis compañeros. ¿No es esa diversidad la que le da sabor a la vida?

¿Qué hay detrás del discurso de odio?

Es doloroso escuchar a figuras como Ayuso repetidamente ofrecer discursos que no solo criminalizan a los migrantes, sino que además los utilizan para generar un clima de miedo y desconfianza. En mi caso, he vivido en carne propia cómo estos discursos pueden afectar la vida de quienes se sienten completamente fuera de lugar en su propia sociedad. La sensación de vulnerabilidad se convierte en un compañero constante. ¿No deberían estos líderes ser responsables de sus palabras? En mi experiencia, la respuesta es un clamoroso «sí».

Lo que más me duele es ver cómo se utilizan falsedades y rumores para demonizar a un grupo que ya enfrenta suficientes desafíos. La reciente oleada de bulos sobre los migrantes, como lo que ocurrió en Alcalá de Henares, no es más que un intento de desviar la atención de los problemas sociales que estas mismas figuras han creado. Esta táctica de “divide y vencerás” es un recurso desgastado, pero que sigue funcionando, porque se apela a los miedos más profundos de la gente.

La realidad de la migración en España

La realidad es que la migración no es un fenómeno nuevo para España. Aquí, las oleadas migratorias han forjado el país que conocemos hoy. Desde nuestros amigos y familiares en el extranjero hasta los grupos que han llegado en busca de una vida mejor, la migración es parte de nuestra identidad cultural. Es complejo olvidar que el nombre original de Madrid era Magerit, un nombre que lleva el legado multicultural en su esencia.

Olvidar que muchos españoles se exiliaron durante la Guerra Civil en América Latina es contribuir a la ignorancia colectiva. La migración, entonces, no es solo un fenómeno ajeno o un problema; es un acto de amor, de búsqueda de oportunidades y de querer pertenecer a un lugar. Y ante esto, me pregunto, ¿por qué no se habla más de las experiencias personales?

Políticas públicas y el papel del Gobierno

Con tantos problemas en el sistema de bienestar social, la falta de atención primaria, la escasez de plazas de formación profesional y las interminables listas de espera médica, ¿por qué el foco se dirige hacia los migrantes? Si Ayuso realmente estuviera interesada en mejorar las condiciones de vida de todos los madrileños, empezaría por actualizar su obsoleto Plan de Inmigración (2019-2021). Es necesario poner al día las políticas, pero parece que estamos tanto tiempo en la lucha política y en los juegos de poder que olvidamos las necesidades más fundamentales de nuestra sociedad.

En lugar de atender a esta realidad, ¿qué hace el Gobierno? Propone una militarización de las fronteras, creando barreras que solo perpetúan la tragedia humana. Al parecer, ¡todo un curso intensivo en ignorancia y egoísmo! Porque, como bien sabemos, tapar el sol con un dedo no resolverá los problemas estructurales de nuestra sociedad.

La industria del control migratorio está floreciendo mientras la humanidad —los derechos de las personas migrantes, sus historias— se desvanecen en la bruma de discursos vacíos. En este punto, cabría preguntarse: ¿qué hay de los derechos laborales y la dignidad de quienes contribuyen a nuestras economías?

Conclusiones desde la empatía

Es innegable que la migración es un tema complejo, pero también es claro que, si seguimos jugando al juego de la política a costa de seres humanos, perderemos todos. En lugar de construir muros, podemos construir puentes; en lugar de crear rencores, podemos crear historias de vida.

Pensemos en nuestros vecindarios, donde las redes de apoyo comunitario son la verdadera esencia de lo que significa vivir juntos. La diversidad que habitamos es nuestra principal fortaleza, un recordatorio de que somos más fuertes cuando nos apoyamos unos a otros, independientemente de nuestras procedencias.

Es hora de recordar que la migración está presente en la naturaleza misma del ser humano. Al final del día, todos somos migrantes en algún sentido —ya sea de ideas, culturas o en busca de una vida mejor. ¿No deberíamos aceptar esta realidad en lugar de ignorarla?

Así que, líder político al que le preocupa la migración: tómese un té helado, relájese, y piense en la comunidad que podría fortalecer su legado. Tal vez, solo tal vez, la próxima vez que se disponga a hacer un discurso, se acuerde de las historias, las experiencias y, sobre todo, de la humanidad que hay detrás del fenómeno de la migración. Y si no, pues siempre podrá regresar a Magerit y recordar de dónde venimos.