En un mundo donde las redes sociales han pasado de ser plataformas de comunicación a auténticos escaparates virtuales, el caso de Naveen Kumar —o al menos la cuenta que se esconde detrás de ese nombre— ha encendido la chispa de un debate que parece no tener fin. “No podías explicar a alguien de fuera lo que es España macho”. Si bien la frase tiene su toque auténtico y un acento que roza la comedia, el hecho de que su autor sea, según parece, un bot indio añade una capa de complejidad y confusión que merece ser explorada.

Pero antes de entrar en materia, vamos a poner un poco de contexto. ¿Alguna vez te has encontrado en medio de una conversación en Twitter (o mejor dicho, X, tras la «redefinición» de su nombre) y te has preguntado si las cuentas que comentan son de personas reales o de robots? Lo que solía ser una mera curiosidad se ha convertido en una cuestión crucial, sobre todo en momentos críticos como la reciente DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) que ha dejado tras de sí una estela de tragedia y, lamentablemente, de desinformación.

El ruido de los bots: ¿Quién está detrás?

La aparición de cuentas como @naveenk2672 —que animaron la conversación en un momento delicado— sí que plantea preguntas retóricas. ¿Son estos bots simplemente incapaces de procesar el dolor humano y se limitan a generar ruido? O, ¿son herramientas de manipulación diseñadas para desviar la atención y sembrar confusión? Fernando Checa García, profesor del Máster en Redes Sociales de UNIR, argumenta que estos perfiles amplificaron rumores sobre tragedias, avivando las llamas de una conversación ya fracturada.

En mi propio recorrido por las redes sociales, he visto cómo algunos comentarios, aparentemente inofensivos, eran en realidad el fruto del trabajo de granjas de bots, grupos organizados en Internet diseñados para generar interacciones y hacer que un tema estalle en popularidad. Un día, me encontré discutiendo con un «usuario» sobre un fenómeno viral y, para mi sorpresa, aquel «usuario» no parecía tener una opinión genuina, solo retuiteaba respuestas populares.

La doble cara del engagement farming

En verano de 2023, la red social que solía ser Twitter dio un giro inesperado al introducir una nueva política orientada a poner precio a la verificación de cuentas. Elon Musk decidió implementar un sistema donde aquellos que pagaran por X Premium podrían recibir parte de los ingresos de anunciantes, siempre y cuando tuvieran un número estable de seguidores y visualizaciones. Los memes y las bromas iniciales sobre esta medida eran comprensibles, pero lo que siguió fue aún más perturbador: el engagement farming.

¿Te imaginas estar en una fiesta y escuchar a toda la sala hablando de un mismo tema porque lo han leído en un cartel? Esa es la esencia de lo que ocurre con el engagement farming. Esta práctica implica que los bots o cuentas automatizadas se infiltran en temas candentes para crear la ilusión de que hay un gran interés en ellos. ¿No suena un poco siniestro? Este nuevo modelo ha llevado a un contexto donde las cuentas parecen más populares de lo que realmente son, atrapando a los incautos en la trampa.

Cuando recuerdo mis propias interacciones en redes sociales, a menudo me doy cuenta de que he estado conversando con cuentas que, aunque pulsan las teclas como un ser humano, son meros fantasmas digitales. Esa sensación de haber compartido un momento con algo que no es real puede dar un poco de escalofríos, ¿verdad?

La paradoja de Elon Musk y su red social

Aquí llegamos a un punto curioso. Elon Musk, en su intento por erradicar los bots de la red social, ha terminado por convertirla en un auténtico festín para ellos. Es una especie de ironía trágica: aquellos que iban en busca de autenticidad en las interacciones se encuentran, en cambio, con una collage de cuentas que generan ruido y desinformación. La desconfianza comienza a calar. ¿Es posible que el propio Musk, con sus visiones futuristas, haya sido el arquitecto del problema que intenta solucionar?

Checa, el experto mencionado anteriormente, explica: “Hay que ser conscientes de que X no está haciendo nada para radicarlos”. Es un círculo vicioso: si Musk eliminara esos perfiles falsos, perdería millones de cuentas, y así, el ciclo se perpetúa.

El inquietante mercado de compra-venta de cuentas

Más allá de los escándalos y la desinformación, los bots también han sido aprovechados para un propósito más lucrativo. Existen plataformas donde se pueden comprar cuentas verificadas por precios que pueden oscilar entre unos pocos dólares a miles, dependiendo de su popularidad y seguidores. Desde luego, la idea de comprar una cuenta de Gatitos y Perros en Instagram por 3.200 dólares suena a más broma que negocio, pero la verdad es que el mercado existe. Si quieres un perfil en X que hable de criptomonedas, puede que encuentres uno por unos $500. ¡Toda una inversión para aquellos con el ojo en el negocio!

¿Maybe se nos ha ido un poco de las manos, no? Un espacio que debería ser un lugar de interacción y comunidad se ha convertido en un mercado de compra-venta. ¡Saludos a la nueva economía digital!

¿El tiempo de la autenticidad?

La pregunta se hace inevitable: en un mundo lleno de cuentas engañosas y bombardeos informativos, ¿dónde queda lo auténtico? La autenticidad parece un valor en peligro de extinción en este mar de algoritmos y bots. La conexión y el intercambio humano se ven obstaculizados por la incapacidad de diferenciar entre lo real y lo ficticio.

Sin embargo, hay un rayo de esperanza. Cada vez más usuarios de redes sociales se dan cuenta de la importancia de informar y desmentir bulos. La venganza de los bots podría parecer aplastante, pero nunca debemos subestimar la capacidad de las comunidades para unirse y defender la verdad.

Mis interacciones con personas reales, que comparten opiniones genuinas y conectan de verdad, son el antídoto perfecto contra la automatización. Lo que comenzó como un juego digital puede ser transformado en una experiencia real y significativa si todos adoptamos el enfoque correcto.

La responsabilidad social de los usuarios

Así como los creadores de contenido y las plataformas tienen un papel crucial en la lucha contra la desinformación, nosotros, los usuarios comunes, también debemos asumir nuestra parte de responsabilidad. ¿Alguna vez has verificado la fuente de una noticia antes de compartirla? Puede parecer un pequeño paso, pero cada acción cuenta.

Cuando yo caí en la trampa de compartir información que resultó ser falsa, aprendí la importancia de verificar antes de retuitear. ¡Qué sensación más horrible! Te miras en el espejo y te preguntas: “¿Soy parte del problema?”.

El reto no es solo de las grandes corporaciones, sino de cada usuario que decide interactuar en estos espacios. La educación mediática es esencial, y así como nos educamos en textos y números, deberíamos hacerlo también en el mundo de la información digital.

Conclusión: ¿Es el futuro de las redes sociales un laberinto de desinformación o un camino hacia la autenticidad?

La historia de Naveen Kumar y su malentendido repentino es solo un pequeño síntoma de un problema mucho más amplio. En tiempos en que la desinformación parece un invitado no deseado en nuestra cotidianidad digital, hay dos caminos claramente diferenciados: mantenernos en la superficialidad de las interacciones o profundizar en la autenticidad.

Las redes sociales pueden ser un espacio para el conocimiento, la risa y la conexión, pero solo si realmente optamos por ello. Al final del día, todos queremos sentir que discutimos con personas reales, que nuestras interacciones significan algo. La respuesta está en cada uno de nosotros y en cómo decidimos navegar por este intrincado mundo digital.

¿Estamos listos para enfrentarnos a la realidad detrás de las cuentas, los mensajes, los bots y nuestra propia percepción? La decisión es nuestra. Y mientras tanto, sigue compartiendo esos memes catastrofistas —porque vamos a ser honestos, a veces son lo único que nos hace reír en medio del caos. ¡Salud por lo auténtico! 🍻