¡Ah, la historia! Esa materia que muchos de nosotros solíamos mirar con desdén mientras buscábamos la forma más ingeniosa de pegarle un vistazo al reloj en clase. Sin embargo, cuando uno se adentra en el complejo tejido de la historia, se da cuenta de que no es solo una serie de fechas y datos. Es más bien un intrincado juego de memorias, percepciones y, a menudo, un estudio de las luchas de poder entre narrativas opuestas. Hoy, vamos a sumergirnos en el apasionante y a menudo controvertido mundo de las leyendas que rodean la conquista de América, centrándonos en las figuras de Hernán Cortés y el impacto de este acontecimiento en la sociedad contemporánea.

La historia se reescribe: mitos y realidades

¿Alguna vez han notado que, a medida que pasa el tiempo, la perspectiva de la historia parece cambiar? Lo que antes era admirado puede convertirse en objeto de análisis crítico. Si eres de los que creen que la historia es sólida como una roca, te tengo una noticia: ¡en realidad, es más parecida a un gelatinoso pudding! Especialmente cuando se habla de personajes como Hernán Cortés, que, según algunas versiones, es considerado el héroe que trajo la civilización a las barbaras tierras americanas, mientras que en otras es visto como un genocida insensible.

La contradicción es inmensa. Mi viejo profesor de historia solía decir: «La historia se cuenta desde los vencedores». Pero, ¿qué sucede cuando los «vencedores» están en el banquillo de los acusados? Como el expresidente de México Andrés Manuel López Obrador, quien, después de importantes recortes presupuestarios en programas para indígenas, decidió que lo mejor para mitigar la crítica era escribirle al rey de España pidiéndole perdón por los crímenes de la conquista. Ironías del destino, ¿verdad?

El choque de narrativas: imperiófobos vs. imperiófilos

Si hay algo que esta polémica histórica nos ha enseñado es que vivimos en un universo en el que las narrativas pueden chocar de manera espectacular. Por un lado, están los imperiófilos, que ven en la conquista un momento de gloria, de avance cultural y científico. Del otro, los imperiófobos, que afirman que todo fue un desastre de proporciones épicas, una barbarie que arrasó con culturas enteras.

Y aquí estamos, en 2023, observando cómo estas luchas por el sentido de la historia siguen vivas y saludables. En medio de todo esto, la figura de Cortés emerge como el símbolo perfecto, no solo de la ambición, sino de la tragedia de un conquistador que, por un lado, es celebrado y, por el otro, vilipendiado. Uno casi se pregunta: ¿qué pensaría Cortés si pudiera ver cómo se debate su legado en Twitter?

Del héroe al villano: el lado oscuro de Hernán Cortés

Veamos un poco más de cerca a Hernán Cortés, un hombre cuya vida podría haber inspirado más de una película de Hollywood, aunque no siempre en el sentido heroico. Nacido en 1485 en Medelín, Extremadura, Cortés fue un aventurero por naturaleza. En lugar de ir a la universidad como su familia deseaba, decidió embarcarse hacia el Nuevo Mundo. Si esto no suena a una trama de película, no sé qué lo es.

Pero, entonces, llegó a la costa de México y, en lugar de encontrar un lugar acogedor lleno de margaritas y pensamientos relajados, descubrió una civilización vibrante y compleja: el imperio azteca. ¿Qué hizo? Bueno, lo que cualquier conquistador que se respete haría: se lanzó al ataque, alianzas estratégicas en mano y espada lista.

La atmósfera en el México de 1519 no era exactamente la más friendly. Tropas aztecas y los pueblos sometidos disputaban el control de un territorio donde la población indígena era considerablemente superior a la de los conquistadores. La pregunta que siempre surge es: ¿era Cortés un estratega brillante o simplemente un afortunado en una serie de eventos caóticos? Quizá un poco de ambos.

El festín de la barbarie y la resistencia indígena

Entonces, algo que a menudo se pasa por alto en esta narrativa heroica es la resistencia indígena. A lo largo de la historia, la resistencia ha tomado muchas formas, desde la sutil hasta la abierta. Cortés puede haber tenido éxito militar, pero no podemos olvidar a esos valientes que se levantaron, lucharon y, a menudo, pagaron con sus vidas.

Si bien los números son difíciles de cuantificar (243 testimonios y cuentas que cuadran), se estima que la conquista conllevó a la muerte de millones. El historiador Robert McCaa ha sugerido que la población indígena en el área de conquista española disminuyó dramáticamente, de unos 65 millones en 1492 a alrededor de 5 millones en 1650. ¿Eso suena a un genocidio? No soy yo quien para calificarlo, pero lo que sí sabemos es que la orgullo indígena sobrevivió a través de la resistencia cultural.

Recuerdo una vez en la universidad, en una discusión sobre historia contemporánea, un profesor hizo un comentario que se me quedó grabado: “No hay eventos históricos, solo historias narradas por quienes deciden contarlas”. Quizá es un buen momento para reflexionar sobre quiénes eran esos «quienes» en el caso de la conquista.

Entre la leyenda negra y la leyenda blanca

Así que, aquí estamos, atrapados en esta danza entre la leyenda negra, que retrata la conquista como un acto de barbarie, y la leyenda blanca, que presenta a aquellos conquistadores como bienhechores. Con la llegada de cada nuevo libro o película, algún número de extremistas de ambos lados aboga por una narrativa exacta. Pero ya les digo, amigos, la verdad es que la historia no es binaria.

Discusiones recientes han plantado la semilla de la pregunta: ¿debemos culpa de las atrocidades pasadas a la España del siglo XVI? La historiadora Margaret MacMillan enfatiza que es fundamental tener en cuenta la verdad detrás de los relatos. ¿Es realmente posible enmendar el pasado mediante disculpas? Bueno, si me preguntan a mí, creo que hay mucho espacio para el diálogo y la reflexión honesta.

El gran dilema, sin embargo, es que la historia evolucionará mientras permanecen los debates. Nunca alcanzaremos un consenso definitivo (sorry, Cortés). Pero quizás podamos descubrir más sobre nosotros mismos y nuestras propias historias en el camino.

Los ecos del pasado en el presente

Lo que se convierte en un punto crucial de reflexión es cómo nuestra herencia histórica impacta en la forma en la que vivimos hoy. Los vestigios de la conquista aún resuenan en nuestra sociedad, en la forma de demandas de justicia, derechos indígenas, y un nuevo examen de la identidad nacional. Hoy en día, hay un movimiento hacia la reconciliación, pero también están las fisuras que permanecen visibles.

Entonces, si te encuentras discutiendo sobre el pasado en una reunión familiar, en vez de caer en la trampa de las viejas rencillas, ¿por qué no abordar esto con un poco de humor? Después de todo, lo único que todos podemos acordar es que la historia es un tema complicado, y todos hemos hecho alguna historia de familia que preferiríamos olvidar.

Conclusiones sobre la complejidad de la historia

La historia no es una simple cuestión de héroes y villanos. Se parece más a un laberinto lleno de caminos entrelazados, donde cada giro revela nuevos matices. Cortés, en su complejidad, simboliza esta realidad. Su historia es un espejo que refleja nuestras propias luchas con el legado colonial, la identidad y la memoria colectiva.

Al final, todos somos un poco como Cortés: buscando una manera de dejar nuestra huella en el mundo, a veces sin darnos cuenta del costo de nuestras acciones. Así que, ya sea que te identifiques como imperiófobo o imperiófilo, recuerda que hay matices en cada historia. Quizás lo mejor que podamos hacer es aprender de nuestro pasado, para caminar hacia un futuro más consciente, ya sea con tacos de carnitas y una copa de vino en mano, discutamos con consideración las complejidades de la historia, porque al fin y al cabo, la historia no es solo sobre el pasado, sino también sobre cómo entendemos nuestro presente.