La penosa escena del 29 de octubre en Valencia, cuando una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) desbordó todas las previsiones, dejó al descubierto múltiples debilidades en la respuesta de las instituciones. Pero, antes de entrar de lleno en el análisis de este desastroso acontecimiento y sus implicaciones, permítanme compartir un pensamiento: ¿no es frustrante cuando se hace algo que parece completamente ilógico? Como intentarle explicar a un gato que no debe subir a la mesas, pero termina haciéndolo de todos modos. Así, de cierta manera, fue la respuesta institucional ante una tormenta venidera. ¡Pero vayamos al grano!

¿Qué sucedió realmente el 29 de octubre?

Para poner en contexto, el presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, tardó casi una semana en ofrecer una explicación sobre lo que ocurrió en las horas previas al desastre. En resumen, no fue un día cualquiera; personas atrapadas, alertas tardías, y caos en las calles llenas de agua. Sin duda, algo que no debería haber sucedido en un territorio acostumbrado a la gestión de emergencias.

Las críticas de Mazón hacia la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) comenzaron a hacerse eco, culpando a este organismo de no haber enviado las alertas adecuadas. Mazón enfatizó que la CHJ había desactivado varias veces la alerta, mientras que el 112 de la Generalitat nunca la retiró. Un pequeño detalle que resulta en un gran problema: las personas no estaban al tanto del peligro.

He aquí una pregunta: ¿no deberíamos confiarnos más en las alertas de emergencia? Lamentablemente, parece que, aun teniendo sistemas de advertencia, el caos puede reinar si estos fallan.

La confusión en las alertas

En el momento crucial, la confusión entre la alerta meteorológica y la hidrológica fue palpable. De hecho, según Mazón, la alerta de la CHJ fue desactivada tres veces a lo largo del día, desde la una hasta las cuatro. Mientras, la Generalitat, en un intento de calmar a la población, pidió ayuda de la Unidad Militar de Emergencias (UME) demasiado tarde, a las 3:21 p.m.

Imagínate estar en la boca del lobo y que el servicio de emergencias te diga: «Todo está bajo control». Quizá una experiencia similar a la de ver una película de terror donde el personaje principal decide investigar ruidos extraños en mitad de la noche. ¡No lo hagas, por favor!

La versión de la CHJ

Por su lado, la CHJ contraatacó afirmando que ellos no son responsables de lanzar alertas públicas. «Las confederaciones hidrográficas no lanzan alertas públicas. El organismo competente para lanzar alertas hidrológicas son los servicios de emergencias autonómicos», mencionaron en un comunicado. En otras palabras, estaban pasándose la pelotita, como cuando dos niños intentan zafarse de la culpa del desastre en la sala de clases.

Ahora, aquí hay un punto intrigante: mientras la CHJ argumentaba que había una disminución gradual del caudal del barranco del Poyo, cuando las autoridades finalmente reaccionaron, el caudal ya se había disparado a niveles estrepitosos. ¿Por qué las autoridades no revisaron sus datos más rigurosamente?

La gestión del caos

Un análisis más profundo muestra que la salida del estado de alerta para la situación escaló a un nivel crítico. Según Mazón, el aviso de la Protección Civil se hizo demasiado tarde, lo que llevó al estado de emergencia no solo para las instalaciones, sino también para la población civil que no estaba plenamente informada.

Y es que, en situaciones así, uno se pregunta: ¿Estamos realmente preparados para enfrentar lo peor? Puede que tengan equipos y recursos, pero cuando llega la tormenta, se siente que todo se convierte en una serie de juegos de azar.

La falta de coordinación

Otro tema crucial surgió cuando la CHJ afirmó que, a partir de las 5 p.m., se observó un aumento brusco del caudal del barranco. Sin embargo, lo que no hicieron las autoridades fue lanzar una nueva alerta, lo que en términos de emergencia es digno de una denuncia.

Pongámonos en el lugar de los ciudadanos: ¿cómo se sientan al saber que su seguridad depende de un cúmulo de decisiones que, al final del día, parecen residuos de un mal programa de televisión? No puede ser más desconcertante.

Puntiagudas preguntas sin respuestas claras

El presidente Mazón se mostró frustrado porque ningún representante de la Generalitat asistió a una reunión crucial el 29 de octubre. En la reunión, otros organismos estatales y locales discutieron la inminente crisis, pero la Generalitat estaba ausente. Lo que nos lleva a cuestionar: ¿Puede un barco navegar hacia una tormenta sin capitán? La respuesta es clara: no.

Por otra parte, la falta de un corte de carretera a su debido tiempo plantea interrogantes sobre la coordinación de crisis en situaciones climáticas extremas. ¡Es un hecho dramático! Pero, ¿es realmente sorprendente en un sistema donde cada organismo tiene su propia agenda?

Reflexiones personales sobre el desastre

Es fácil ver cómo un día, cuando el cielo se torna gris y la lluvia comienza a caer, la calma se apodera de la atmósfera y uno asume que, al final, todo saldrá bien. Yo mismo tenía esa visión errónea cuando una tormenta repentina sorprendió a mi familia en una excursión. Pero, ¿alguna vez ha sido así en настоящий crisis?

Como ciudadanos, tenemos derecho a exigencias. Derecho a una alerta o respuesta adecuada ante una situación que podría considerar de peligro. No somos meros peones en un juego de ajedrez; somos parte del relato que merece un desenlace digno.

Conclusión: Lecciones por aprender

En resumen, las lecciones tras el evento del 29 de octubre en Valencia son múltiples e importantes. La responsabilidad casi siempre radica compartida. No se trata solo de culpar a uno u otro organismo, sino de asumir que la seguridad de la población, sobre todo en crisis climáticas, exige un enfoque más robusto y coordinado.

Así que, querido lector, la próxima vez que escuches una alarma o un aviso sobre condiciones climáticas adversas, recuerda que a nadie le gusta que se le diga lo que debe hacer. Sin embargo, cuando se trata de su seguridad y la de su familia, ¿no sería mejor prestar atención a esos pequeños “gatos curiosos” que nos instan a estar alerta?

Porque al final del día, cuando el agua sube, no queremos estar atrapados. Queremos estar preparados. ¡Y eso se hace juntos!