¿Quién no ha soñando alguna vez con abrir su propio restaurante? ¿Sentarse en una acogedora mesa con amigos, rodeado de platos humeantes y brindando por la vida? Antes de que suene esa musiquita de fondo y los platos de la abuela inunden nuestras memorias, permíteme presentarte la vida de un chef que ha hecho de su sueño una realidad. Te invito a conocer la historia de Alfredo Gelso, el alma de la Trattoria d’Alfredo en Madrid, quien ha llevado la auténtica cocina siciliana a la capital española.

De la cocina de mamá a los fogones de Madrid

Alfredo nació en Caltagirone, Sicilia, y desde temprana edad se sintió atraído por la cocina. A los 8 años, el pequeño Alfredo ya se aventuraba a preparar su primer plato: una deliciosa pasta al pomodoro. Cualquiera diría que estaba destinado a ser chef. Lo que no se imaginaba es que, décadas después, ese mismo plato se convertiría en un símbolo de su carrera.

Imagínate a un niño de 8 años, en lugar de jugar en la calle con sus amigos, se encuentra en la cocina de su casa experimentando con tomates y espaguetis. «Yo me cocinaba solo, nunca me he quedado con hambre», dice con un tono socarrón que únicamente podría tener alguien que ha abrazado su pasión. La gran mamá de Alfredo, proveniente de una familia campesina con huertas, era la responsable de inspirar el amor por la cocina. Y su papá, un carnicero que criaba animales, le enseñó la importancia del buen producto. ¿Hay algo más típico que la cocina familiar italiana? Sin duda, Alfredo lo tuvo claro desde el principio.

Cocinando con corazón y tradición

Siete mesas, capacidad para 24 comensales y un solo chef. Así es la Trattoria d’Alfredo, un pequeño rincón en Madrid donde los sabores de Sicilia cobran vida. No hay carta impresa, ni menús del día; Alfredo canta su menú a viva voz, improvisando con los ingredientes frescos que encuentra en el mercado. «Solo compro producto español», subraya, enfatizando la calidad por encima de todo. Aquí, la tradición prevalece: cada plato es una oda a la cocina siciliana.

Me imagino a Alfredo en la cocina, rodeado de ingredientes frescos, mientras suena alguna canción italiana de fondo. La pasión por cocinar brota de su interior al preparar platos de pasta, delicias que van desde la carbonara a la puttanesca, cada bocado una explosión de sabor. Quien ha probado sus creaciones lo sabe: el secreto está en el producto y en la técnica. “Mis clientes lo saben, me esperan y tienen paciencia”, sonríe Alfredo. Es esa paciencia la que ha hecho que su restaurante se haya ganado la fama que tiene hoy en día.

Platos que cuentan historias

La pasta al pomodoro siempre ha sido su fuerte—una receta sencilla, pero que, en manos de Alfredo, se convierte en un manjar. “Hay gente que la cocina por horas, pero yo la hago en seis minutos”, asegura. Y tiene razón: a veces menos es más. ¿Acaso no nos pasa a todos que, al intentar complicar un plato, acabamos estropeándolo? Alfredo lo entiende a la perfección.

En futuras visitas a su trattoria, te toparás con una variedad de pasta que incluye desde cresta de gallo hasta fusilli, pasando por rigatoni y penne. El arte de la pasta no es un juego de palabras aquí; es una ciencia. “Cocino cada porción al momento, solo con agua y harina”, agrega con orgullo. Y si te preguntas por qué hay tanto amor en cada bocado, la respuesta es sencilla: se sirve el plato con un buen toque de aceite de oliva virgen extra, y ahí ya estamos hablando de poesía culinaria.

La importancia de la autenticidad

Alfredo es un purista de la cocina. Por eso no hay lugar para la nata y otros aditivos que frecuentemente invaden la cocina moderna. “Aquí no hago cosas por dinero, hago lo que me gusta”, comenta. Esta honestidad brilla en cada mesa, alojada en una pequeña trattoria que se siente como un hogar para muchos, tanto españoles como italianos—¡y hasta italovenezolanos e italomexicanos! ¿Acaso no es grandioso encontrar un pedacito de Italia en medio de Madrid?

A menudo, te aseguro que las palabras de Alfredo resonarán en tu cabeza mientras disfrutas de un plato de pasta: “Tú tienes que poner en el plato tu cultura y tu origen”. Lecciones como esta son las que marcan a las personas, ya que la cocina no es solo un arte; es una forma de compartir experiencias y tradiciones.

Más allá de la cocina: viajes y desafíos

La vida de Alfredo no ha sido un camino fácil. Emigró a Alemania a los 16 años, donde empezó en el mundo de la hostelería fregando platos y haciendo pizzas. Sin embargo, su espíritu indomable y su amor por la cocina lo llevaron a abrir su propio negocio, conquistando paladares en todo el continente europeo. ¿Quién diría que una aventura en tierras frías lo llevaría a un futuro brillante en Madrid?

Después de varias mudanzas y un viaje a los Estados Unidos lleno de dificultades, regresó a Madrid en 2013 sin un euro pero con una historia que contar y un nombre que defender. En ese momento, Peña Blanca la vida le sonreía. Comenzó su andanza en Osteria La Norma, y a partir de ahí su legado culinario empezó a florecer.

La Trattoria d’Alfredo: el rinconcito lleno de magia

Imagínate lo que es entrar a un lugar donde sientes el calor de la comida y la risa compartida. Eso es lo que encuentras en la Trattoria d’Alfredo. Desde el momento en que cruzas la puerta, te envuelve este ambiente acogedor, que te hace sentir como en casa, quizás porque ese es uno de los objetivos de Alfredo: hacer que cada comensal se sienta parte de su historia.

Davidátelo; ¿quién no querría devorar un plato de masa fresca cocinada con amor en la trona de un pequeño restaurante en Madrid? Te prometo que la espera valdrá la pena; con una semana de antelación, reserva tu mesa, porque esta trattoria siempre está llena.

El menú es ecléctico, los especiales del día son una carta abierta a la creatividad de Alfredo. Un carpaccio de atún rojo de Cádiz con láminas de boletus podría robarte el corazón en un momento; o tal vez un plato de boquerones marinados con limón, frescos y vibrantes, que te transportarán aún más lejos.

Mirando al futuro: el viaje continúa

En una charla amena, Alfredo se muestra nostálgico al hablar de sus próximas aventuras. Aunque hoy dirige exitosamente su trattoria, su sueño es retirarse en Andalucía. “Quiero abrir un pequeño lugar donde pueda disfrutar de la vida”, confiesa. La pasión por la cocina nunca lo abandonará, pero sí desea encontrar un espacio donde disfrutar de los frutos que ha cosechado.

La vida de Alfredo Gelso es un testimonio de perseverancia y autenticidad en un mundo donde a menudo se priorizan las modas sobre la cultura. Su amor por la cocina siciliana y su compromiso con la calidad del producto son la razón por la cual su trattoria no solo es un lugar para degustar pasta, sino también un rincón donde se celebra la vida, entre risas, amistad y, sobre todo, buena comida.

Así que la próxima vez que busques un rincón para compartir buenos momentos y platos auténticos, recuerda a Alfredo y su Trattoria d’Alfredo. Y, quién sabe, tal vez el pequeño niño que una vez cocinaba en la cocina de su mamá aún tenga mucho que decir y compartir en el mundo culinario.

¡Salud y buen provecho! 🍝🍷