En la actualidad, las elecciones en Estados Unidos se han convertido en un fenómeno donde la tensión se siente casi como el último episodio de nuestra serie favorita, lleno de giros inesperados y cliffhangers que dejan a la audiencia a la espera de más. El 5 de noviembre, los estadounidenses se verán inmersos en una disyuntiva notable: optar entre Donald Trump y Kamala Harris. Si bien el resto del mundo se asoma con una mezcla de curiosidad y desconcierto, hay otros eventos en la escena política que nos llevan a plantearnos, ¿hasta qué punto puede llegar una democracia en crisis?

¿Una elección o un programa de tele realidad?

Imagínate por un momento que estás en casa, con un snack en mano, mirando el espectáculo que se despliega en la pantalla: Nicky Jam y Taylor Swift enfrentándose en un combate musical que, sin duda, robaría el protagonismo a la final de la Champions. Entre esta narrativa frívola y la intensa lucha política, se plantea una pregunta que asola nuestra realidad: ¿son las elecciones realmente libres y justas, o se asemejan más a un guion de Hollywood?

Los documentales que dan que hablar

Recientemente, HBO lanzó un documental titulado «Stopping the Steal», que evoca memorias y emociones de aquellos días tras las elecciones de 2019, cuando Trump invocó la frase “stop the steal” como un grito de guerra. Personalmente, el título me hace pensar en las primeras veces que intenté evitar que mi hermano menor se “robara” mis galletas, pero, a diferencia de esas pequeñas disputas familiares, las consecuencias en juego aquí son de enorme magnitud. Este documental presenta un escenario donde el futuro se entrelaza con el pasado, sugiriendo sin sutilezas que, si Trump pierde nuevamente, el caos será inevitable.

Pero, ¿quién no se ha preguntado alguna vez sobre la integridad de las elecciones? Esa etapa tan crítica y esencial de la democracia ahora está bajo la lupa, y no son solo los partidarios de Trump quienes se sienten preocupados. La polarización se ha colado en cada rincón, alimentando sospechas y teorías de conspiración que, a primera vista, pueden parecer disparatadas, pero que han encontrado su camino hasta el centro del debate público.

La cultura de la conspiración

Hablemos claro, en tiempos de redes sociales y TikTok, parece que todos estamos un poco más susceptibles a caer en el juego de las conspiraciones. ¿Alguna vez has visto esos vídeos? Hay algo profundamente inquietante en la forma en que algunas personas se aferran a teorías complejas sobre manipulaciones electorales, en lugar de aceptar la realidad que se presenta ante ellos. En este sentido, ambos bandos políticos son culpables. Por un lado, los votantes más cercanos a los conservadores pueden ser seducidos por la idea de que sus sufragios han sido alterados, mientras que, del otro lado, los demócratas también tienden a despreciar aquellas voces que no están de acuerdo con ellos.

Así, surge una pista de baile peculiar: mientras un lado argumenta que el sistema está amañado, el otro se sienta cómodamente en su trono, asegurando que no hay motivo para dudar. Sin embargo, al final del día, ambos extremos parecen estar compitiendo por el título de “el que más cree en la catástrofe”. ¿Te ha pasado alguna vez intentar convencer a alguien de un punto de vista lógico, solo para escuchar, “no me hables de la realidad, por favor, estoy tratando de disfrutar mi día”? ¡Es bastante frustrante!

Ir más allá de la mera locura

Es importante recordar que hay mucho en juego aquí: la visualización constante de los medios y el eco que generan pueden llevar a desinformaciones y a una cultura de miedo. A personas que piensan que el fraude es una cuestión cotidiana se suman aquellos que ven en sus oponentes políticos la encarnación del mal. Este clima de polarización se convierte en una tormenta perfecta donde cualquier evento, por más trivial que sea, puede ser interpretado como una conspiración.

En lo personal, es como querer disfrutar de una película y darte cuenta de que cada vez que hay un plot twist, alguien en la sala grita: “¡Eso no puede ser verdad!”. Así, lo que podría ser un momento de entretenimiento se transforma en un ejercicio de resistencia mental.

El dilema de aceptar la derrota

Uno de los elementos más desgastantes de las elecciones actuales es el debate sobre el derecho a equivocarse. La idea que plantea que la democracia permite a la gente votar por un personaje que consideramos «payaso» o “guaperas” es una cruda realidad que a muchos nos cuesta aceptar. Nos encontramos en una paradoja: por un lado, defendemos la libertad de elección, pero por otro, abrigamos una profunda desconfianza hacia las decisiones de los demás.

Desde el clásico postulado “el pueblo siempre vota bien”, nos encontramos descarnadamente en una nueva y sombría responsabilidad: que el pueblo vote y que se aguante las consecuencias. ¿No es un tanto agridulce? En frías noches de café y pasteles de chocolate, me pregunto cuántas veces hemos tenido que tragar decisiones que, en retrospectiva, nos hicieron sentir como espectadores de nuestra propia historia.

Una mirada internacional a la manipulación electoral

Volviendo al escenario internacional, la situación en países como Venezuela ofrece un punto de comparación intrigante. Maduro, ese eterno presidente que parece haber encontrado la receta secreta para permanecer en el poder, ha utilizado tácticas que reflejan claras manipulaciones del sistema electoral. Al final del día, ¿acaso es tan sorprendente ver cómo la manipulación se convierte en algo cotidiano en escenarios políticos cuando el objetivo es perpetuarse en el poder?

Este es un espectáculo que se repite una y otra vez en diferentes partes del mundo, y el hecho de que sea tan relevante en el sistema democrático más influyente del mundo nos lleva a otra pregunta: ¿hay alguna manera de reformar estos sistemas de votación para devolver la confianza al electorado? Mientras tanto, podemos seguir disfrutando de la serie, aunque un pequeño spoiler—que no sorprende a nadie—es que la lucha entre el Bien y el Mal nunca ha sido más complicada.

La sátira en la era de la desinformación

Todo este show de constituye un guion que se presta fácilmente a la sátira, donde los personajes parecen entrevistar en una parodia que continuamente se alimenta de la desinformación. Como el protagonista de una comedia negra, los candidatos parecen verse atrapados en sus propios enredos. A veces, me encuentro pensando: “¡Por favor, no! ¿Es esta la parte donde el héroe resuelve todo siguiendo su corazón?”

Pero, al final del día, la realidad nos dice que los héroes y villanos son más grises de lo que parecen. Y, en una era donde las redes sociales amplifican la desconfianza y la desinformación, es fundamental acercarnos a este proceso electoral con un poco de empatía y, tal vez, un poco de humor. Porque si no conseguimos reírnos de la locura de lo que estamos viviendo, ¿qué otra cosa nos queda?

Reflexiones finales

La democracia con la que soñamos no es perfecta. En medio de las tormentas, hay que recordar que, aunque la tensión y la incertidumbre pueden nublar la vista, el acto de elegir va más allá de una simple boleta. Es el reflejo de la voluntad popular, y, aunque a veces se sienta como dar un salto al abismo, siempre hay algo que aprender.

Así que, mientras nos preparamos para el 5 de noviembre, que no se nos olvide reirnos en el camino, mantener la mente abierta y recordar que, en última instancia, son las elecciones las que nos permiten ser parte de una historia más grande que nosotros mismos. ¿Quién nos asegura que la próxima elección será la que finalmente resuelva nuestros dilemas? Pero, ¿quién quiere vivir en un mundo sin un poco de caos y humor?