¡Hola, lector curioso! ¿Alguna vez te has sentido atrapado en una situación sin salida, como un coche atascado en un embotellamiento en una ciudad sin fin? Esa sensación es un poco la que experimentan muchos jóvenes en Marruecos hoy en día. Mis amigos dirían que cuando se sienten así, lo único que les queda es un paseo por el centro de la ciudad para despejar la mente, aunque a veces ese paseo se convierte en un camino de protestas. En este artículo, exploraremos la compleja situación que enfrenta la juventud marroquí y cómo un ambiente lleno de descontento puede llevar a movilizaciones inesperadas.
Un panorama desalentador para los jóvenes
El pasado 20 de septiembre, un titular de Telquel, un medio de comunicación marroquí de referencia, dejó una sensación de desasosiego en el aire: «el ausente». El «ausente» es nada más y nada menos que Aziz Akhannouch, el actual jefe de Gobierno, quien ha sido criticado por su falta de respuesta ante la presión migratoria, el creciente desempleo y las recientes catástrofes, como el devastador terremoto en Al Houz. ¿Te imaginas ser el líder de un país y no escuchar el clamor de tu gente? Para muchos marroquíes, esa es la realidad que viven día tras día.
La frustración ha dado lugar a llamados en redes sociales, y el 15 de septiembre se movilizaron 3,000 jóvenes con un solo objetivo en mente: cruzar la frontera hacia Ceuta. Pero este no es solo un deseo de escapar; es un grito desesperado de una generación que siente que no tiene un futuro en su propio país. Cuando escucho sobre este tipo de situaciones, no puedo evitar pensar en mi propia juventud. ¿Qué hubiera hecho yo en sus zapatos?
La situación laboral: un problema estructural
Con una tasa de desempleo juvenil que oscila entre el 35% y el 22% (según la franja etaria), no es de sorprenderse que estos jóvenes estén buscando nuevas oportunidades. Ahmed, un joven peluquero que logró cruzar la frontera a nado, relata que «necesitamos trabajo y en Marruecos nadie está haciendo nada para solucionarlo». Sus palabras resuenan con una verdad innegable: la falta de oportunidades es un problema estructural, y eso es más que evidente.
Thierry Desrues, un investigador del CSIC en Córdoba, hace eco de estas ideas. Él explica que la juventud marroquí ha perdido la confianza en su gobierno, y se siente atrapada en un ciclo de promesas vacías. Añade que «la situación de los jóvenes y la migración es un problema que no se puede resolver de un día para otro», lo que plantea una pregunta crucial: ¿cuánto tiempo más pueden tolerar estos jóvenes esta incertidumbre?
¿Un nuevo Hirak en el horizonte?
La historia reciente de Marruecos nos muestra que el descontento puede llevar a movilizaciones sociales significativas, como Hirak en 2017. Muchos especialistas, como Alfonso Casani, profesor de Ciencia Política, afirman que aunque el escenario actual es propicio para una nueva ola de protestas, hay elementos que dificultan su formación: “Es muy difícil que surja un movimiento de protesta tan amplio y coordinado como Hirak», explica. Esto se debe a un clima de represión política que sofoca el descontento de maneras insidiosas.
Pero permíteme hacer una pausa aquí. Hoy en día, la juventud tiene opciones que antes no existían. Con Internet y las redes sociales, el eco de sus voces puede ser escuchado más allá de las fronteras. Entonces, ¿podría ser que en lugar de una gran revuelta, veamos surgir un movimiento más fragmentado pero igualmente potente?
La dualidad del poder en Marruecos
Si hay algo que complica aún más la situación, es la singularidad del sistema político marroquí. Contrario a lo que podríamos pensar, el poder ejecutivo no recae exclusivamente en el Gobierno, sino que también está en manos de Mohamed VI, el rey de Marruecos. Esta dualidad deja al Gobierno en una posición complicada, como un amortiguador que trata de suavizar tensiones, mientras que la verdadera política social está dictada desde el trono.
Desrues señala que «Akhannouch está actuando como un tecnócrata en un momento en el que la población necesita más que nunca a la política». ¿Qué significa esto? En esencia, que los jóvenes no solo quieren líderes, quieren ciudadanos comprometidos que comprendan sus luchas y que estén dispuestos a actuar.
La migración: una opción, no una solución
Es vital entender que para muchos de estos jóvenes, migrar no es simplemente una elección; es una evasión desesperada de realidades que no pueden soportar. Algunos piensan que cruzar la frontera a Europa es la única forma de llegar a un futuro mejor. Sin embargo, esta fuga de cerebros también nos plantea una pregunta más amplia: ¿quién queda en Marruecos para construir el país? A medida que estos jóvenes abandonan su tierra natal, deja de haber un futuro prometedor para aquellos que permanecen.
Como alguien que también ha sentido el impulso de escapar en momentos difíciles, puedo empatizar con ellos. Pero, ¿cuál es la respuesta correcta? ¿Deberían seguir luchando por un cambio en su hogar o buscar un nuevo comienzo en tierras lejanas?
Derechos humanos y expresión en juego
Todo este descontento también es alimentado por el contexto de derechos humanos en Marruecos. La represión a la libertad de expresión y la falta de un espacio seguro para el debate son preocupaciones que han ido en aumento. «Los espacios para debatir se han reducido drásticamente», afirma Desrues. En este clima de miedo, muchos jóvenes optan por permanecer en silencio, aunque su frustración hierva por dentro. ¿Cuántas ideas brillantes nunca verán la luz debido a este miedo?
La historia de cinco jóvenes condenados recientemente en Tetúan por sus convicciones es un claro ejemplo de las consecuencias de expresarse en contra del sistema. Este tipo de acción represiva no solo silencia voces; también crea un ambiente donde el descontento puede transformarse en resentimiento.
Conclusión: el futuro es incierto, pero no desesperado
En resumen, la juventud marroquí se encuentra en una encrucijada. Con un Gobierno ausente, un sistema político que limita su voz, y una economía que no ofrece oportunidades, muchos de ellos sienten que no tienen otra salida que cruzar fronteras, tanto físicas como simbólicas. Si bien las circunstancias son desalentadoras, no todo está perdido. Cada vez más jóvenes están levantando la voz, utilizando las redes sociales como una herramienta de cambio, y encontrando formas de resistir el status quo.
La pregunta que queda en el aire es: ¿qué pasará a continuación? ¿Tendrán estos jóvenes el coraje y la determinación para enfrentarse a su realidad?
Quizás sea hora de que gobiernos y líderes escuchen el clamor de sus jóvenes, porque como decía un viejo amigo: «El futuro está en nuestras manos, pero primero toda esa energía necesita encontrar su camino». ¿Estás listo para ser parte de la conversación?