El 12 de octubre, también conocido como el Día de la Hispanidad o el Día de la Raza, es una fecha que provoca un torrente de emociones en diferentes sectores de la sociedad. Para muchos, es una ocasión para celebrar la unión entre las culturas española y latinoamericana; para otros, es un recordatorio doloroso de la colonización y los horrores que ésta trajo consigo. Este año, las opiniones se han intensificado sobre el significado de esta fecha, en parte gracias a figuras como Carles Puigdemont y su círculo cercano, cuyo fervor independentista ha llevado a declaraciones extremadamente críticas sobre la historia española. Pero, ¿realmente hay un camino hacia la reconciliación en toda esta narrativa?

El Día de la Hispanidad: una fecha para celebrar o criticar

Cuando escucho sobre el 12 de octubre, no puedo evitar pensar en las disparatadas celebraciones de mi infancia en la escuela. Vamos, ¿a quién no le gustaba un desfile con bailes folclóricos? Pero al mismo tiempo, hay un matiz en esta celebración que no puede ser ignorado. Muchas personas sienten que esta jornada glorifica un pasado que, en su esencia, es problemático. En la actualidad, esto se ha vuelto aún más evidente, especialmente con la continua polarización política en España y Cataluña.

Sarri y las declaraciones que causan revuelo

Un personaje que no necesita presentación en este contexto es Aleix Sarri, una de las figuras más cercanas a Puigdemont. Este año, su post en la red social X (lo que antes conocíamos como Twitter) fue una bomba de tiempo. Comparó a los conquistadores españoles con «negacionistas del Holocausto» y propuso un enfoque desmesuradamente negativo sobre las acciones españolas en América. Este tipo de retórica exacerba la ya existente división entre los diferentes puntos de vista en la Península y sus ex-colonias.

«¿Realmente es útil culpar a nuestros antepasados por los actos de los conquistadores?»

He hablado con amigos de distintas partes de América Latina y, en su mayoría, coinciden en que las heridas de la historia son complejas. La narrativa que adoptemos hoy juega un papel crucial en la construcción de puentes o muros entre culturas. ¿Cabe entonces la posibilidad de ver las cosas desde ambos lados de la historia?

La respuesta de los líderes catalanes

La participación de la Generalitat en los actos del 12 de octubre este año marcó un giro notable, sobre todo teniendo en cuenta que tradicionalmente han optado por el aislamiento en esta fecha. Muchos independentistas como Jordi Turull, secretario general de Junts per Catalunya, usaron la ocasión para reafirmar su rechazo a los eventos del pasado. «No hay nada que celebrar», afirmó, subrayando los aspectos más oscuros de la llegada de los españoles a América.

Lo que es fascinante en todo este debate es cómo diferentes sectores de la sociedad catalana han comenzado a reinterpretar la historia de manera que apela a su identidad nacional. Hay una especie de deseo de desmarcarse de un pasado compartido que muchos consideran indiscutiblemente negativo.

Las lecturas divergentes de la historia

Es imposible hablar de colonización sin mencionar la “Leyenda Negra”, un término que se utiliza para describir las narrativas que enfatizan los aspectos brutales de la colonización. Sarri ha tomado esta narrativa y la ha amplificado, citando a historiadores que describen la conquista como un «genocidio sistemático». Sin embargo, esta visión no es universalmente aceptada. Marcelo Gullo, un académico argentino, argumenta que «España no conquistó América; España liberó América», lo que pone de relieve la polarización en la interpretación histórica.

Es un conflicto interesante, ¿no crees? Mi abuela siempre decía que cada moneda tiene dos caras, pero parece que hoy esas caras se están convirtiendo en espejos que reflejan heridas profundas. En lugar de una conversación productiva, estamos enfrentando confrontaciones que podrían ser evitadas si nos abriéramos a aprender unos de otros.

La historia en los libros: tortura y redención

El relato de los abusos sufridos por los pueblos indígenas es doloroso. Según testimonios que rescató Sarri, la violencia de los conquistadores fue extrema. Algunos relatos describen cómo «cortaron narices, brazos, y piernas» de los nativos. Otras fuentes, como los escritos del fraile Diego de Landa, relatan atrocidades que, de ser ciertas, son verdaderamente escalofriantes. Por otro lado, hay quien argumenta que no toda la colonización estuvo marcada por la barbarie. Sin embargo, la imagen que se está pintando actualmente es bastante sombría.

Pero, ¿no es justo reconocer que las fuentes históricas pueden ser manipuladas dependiendo de quién las narre? Existen académicos que abogan por una perspectiva más matizada, afirmando que, a pesar de los horrores, la llegada de los españoles también significó un intercambio cultural que ha dejado huellas en la identidad latinoamericana actual.

Lo que el diálogo puede lograr

Me encanta una buena conversación, especialmente cuando nos encontramos en desacuerdo. En el fondo, creo que hay un deseo universal de encontrar un terreno común, pero es complicado cuando los recuerdos son tan recientes y las heridas aún duelen. Si nos sentamos a hablar, como lo haríamos en una buena mesa con amigos, tal vez podríamos descubrir que hay espacio para la empatía y la comprensión.

Pensemos en la historia como un libro. Cada capítulo tiene un tono diferente, desde los más oscuros hasta los más luminosos. Tenemos la responsabilidad de leerlos todos con una mente abierta y un corazón dispuesto a escuchar.

El futuro de la narrativa histórica: ¿hacia dónde vamos?

La narrativa que adoptemos sobre el pasado también afectará la forma en que nos relacionamos en el presente y en el futuro. Como dice el refrán: «Quien no conoce su historia está condenado a repetirla». La forma en que presente y futuro interactúan siempre será un delicado equilibrio entre recordar lo que fue y construir lo que podría ser.

Desgraciadamente, estamos en un momento histórico donde las etiquetas y el extremismo parecen ser la norma. La declaración de Sarri sobre la celebración del 12 de octubre nos recuerda que todavía estamos lidiando con las consecuencias de una historia no resuelta, donde cada grupo parece tener una narrativa completamente diferente.

Conclusiones

Entonces, en lugar de ver el 12 de octubre únicamente como una fecha de guerra y confrontación, ¿no deberíamos considerar que podría ser un punto de partida para el diálogo? La historia está mutando, siempre en evolución; la esperanza es que podamos aprender de ella para crear un futuro donde todas las voces sean escuchadas.

Así que aquí estoy, sirviendo de barista en esta cafetería de ideas, listo para servir un café caliente de comprensión y un poco de “resiliencia cultural” para ese amigo que no está de acuerdo. Vamos a construir puentes, no muros. Después de todo, como solía decir mi abuela, «la vida es demasiado corta para pelear sobre quién conquistó a quién».

¿Y tú, qué opinas?