Vivimos en una era donde las redes sociales no solo definen tendencias, sino también el modo en que tenemos que vivir nuestras vidas. Lo sé porque a veces me encuentro despierto hasta tarde, revisando mis feeds de Instagram y Twitter como si se tratara de una novela que nunca acaba. Recientemente, un tema candente ha captado la atención de muchos: Jessica Bueno y su campaña de concienciación para la Federación Española de Cáncer de Mama. Pero, ¿de qué se trata realmente esta controversia? Vamos a desglosarlo.

El trasfondo de la controversia: ¿una palabra puede desatar un torbellino?

Jessica Bueno, la modelo y creadora de contenido, lanzó una campaña de zapatillas en la que el 10% de los ingresos se destinarían a la lucha contra el cáncer de mama. Hasta aquí, todo bien, ¿no? Al fin y al cabo, muchos de nosotros hemos comprado productos “benéficos” para contribuir a una causa, mientras sentimos que también conseguimos una buena oferta. No obstante, la controversia estalló cuando Jessica utilizó el término “federación” en lugar de “asociación”.

Aquí es donde las redes sociales entran en juego. Pregúntate por un segundo: ¿cuántas veces te has encontrado en medio de un debate tonto en línea? Hasta yo, que soy más fan de la primavera que de la polémica, he chocado con amigos sobre qué tipo de paleta de colores es la mejor para pintar la sala de estar. Pero, sinceramente, ¿es realmente necesario atacar a alguien por una palabra?

La reacción fue contundente: muchos acusaron a Jessica de pinkwashing, un término que se refiere a las estrategias de marketing que utilizan símbolos o causas sociales para aumentar las ventas, sin un verdadero compromiso detrás. En este caso, la acusación de «pinkwashing» surgió del desliz verbal, y como resultado, una cuenta de Instagram se hizo eco del asunto, generando aún más ruido.

La defensa de Jessica: ¿acaso todos somos perfectos?

Jessica no se quedó callada ante las críticas. En efecto, se defendió en redes, diciendo: «Intentan ridiculizarme dando a entender que me confundo cuando no es así». Pausa dramática. Sin lugar a dudas, todos hemos tenido una experiencia similar. Tal vez te pasó en la universidad con un profesor que te sacó a la pizarra con la pregunta más complicada, mientras la dedicatoria de tu libro de texto seguía burlándose de ti. En estos momentos, uno siente que el universo conspira para revelarte como un impostor, y por eso empatizo con ella.

Lo que realmente resuena en su defensa es su deseo de comunicar bien. Dice, «me gusta hacer las cosas bien… tanto la marca, como vosotros». Me imagino a Jessica, en su casa, discutiendo con su gato sobre la mejor manera de articular su mensaje mientras ajusta la cámara. ¿Quién no ha estado allí? Estamos tratando de hacer lo mejor posible con las herramientas que tenemos, y a veces las palabras nos juegan una mala pasada.

Más allá de la polémica: el papel de los influencers en el compromiso social

La situación de Jessica Bueno plantea un importante debate sobre el papel de los influencers en causas sociales. Por un lado, tienen el poder de promover y crear conciencia sobre temas cruciales, algo que definitivamente es positivo. Sin embargo, también están expuestos a críticas cuando sus acciones no son percibidas como genuinas.

Pero, déjame hacerte una pregunta: ¿Deberíamos esperar que cada influencer actúe con el mismo nivel de compromiso que una ONG? Este delicado equilibrio entre marketing y altruismo es más difícil de manejar de lo que parece. Tal vez la respuesta esté en el hecho de que, agua que no has de beber, déjala correr… o en este caso, ¡déjala retuitear!

La línea entre la moda y el compromiso: un tema de importancia

Al final de la jornada, lo que importa es el mensaje. La campaña de Jessica tiene el potencial de recaudar fondos y generar conciencia sobre el cáncer de mama, un tema crítico que requiere atención constante. Parece que en esta ocasión, su intención era la correcta, aunque el mensaje quizás no llegó claramente. Esto me lleva a pensar en la importancia de la claridad en la comunicación, especialmente en un mundo donde todos somos un poco más susceptibles a criticar sin conocer la historia ante nosotros.

Hablando de comunicación, es fácil caer en la trampa del «todo vale» por atención, especialmente en redes sociales donde lo que importa a menudo son los “me gusta”. Sin embargo, hay un precio a pagar por ello. La falta de autenticidad puede llevar a la desconfianza. Quizás en nuestra búsqueda de conectar, terminemos confundiendo el compromiso real con una simple tendencia de moda.

¿Qué podemos aprender de la controversia de jessica bueno?

Al final, esta historia nos brinda lecciones clave que pueden ser útiles no solo para influencers, sino también para cualquier persona en el mundo de hoy. Primero, el poder de las palabras. Lo que decimos y cómo lo decimos importa. Segundo, el significado detrás de nuestras acciones. ¿Estamos realmente comprometidos o simplemente compartimos por compartir? Y por último, nunca subestimes la capacidad de las redes sociales para amplificar tanto el apoyo como la crítica.

Quizás, solo quizás, Jessica Bueno debería haberse dedicado a una carrera batallando a monstruos del marketing, o al menos escribiendo un libro sobre cómo sobrevivir en el colosal mundo de las redes sociales. Pero, en vez de eso, ha decidido apuntar su foco hacia causas que importan, lo que es digno de elogio. Aunque a veces se comete un error, la verdadera medida de una persona está en su capacidad de aprender y crecer de esos errores.

Así que la próxima vez que alguien use una palabra incorrecta o cometa un pequeño desliz en línea, tal vez sería bueno recordar que todos somos humanos. Así que, en lugar de juzgar, podríamos optar por ser un poco más comprensivos y, por qué no, seguir comprando esas zapatillas. Al fin y al cabo, unos zapatitos nuevos nunca le hicieron mal a nadie, y menos si además ayudan a una buena causa.


En resumen, la controversia de Jessica Bueno va más allá de un simple error semántico. Nos toca a todos a revisar cómo comunicamos y cómo interpretamos ese mensaje, y quizás ofrecernos un poco más de compasión. ¿No sería este un mundo más positivo si el diálogo en las redes sociales se centrara más en la empatía y menos en la crítica destructiva? Estoy bastante seguro de que mi gato estaría de acuerdo.