Cuando se habla de relaciones de pareja, puede parecer que nos introducimos en un laberinto emocional del que es difícil salir. ¿Les ha pasado alguna vez mirar a su pareja y preguntarse «¿dónde se fue la chispa?»? Si están en esa fase, no están solos. Millones de parejas alrededor del mundo atraviesan por una travesía similar. Hoy nos adentraremos en un tema que ha generado muchas discusiones, desde amistades cotidianas hasta foros de terapia de pareja: la infidelidad, la convivencia y cómo estos elementos influyen en la libido.

Pero, antes de que se asusten y empiecen a sospechar de su pareja, les prometo que exploraremos todo con un toque de humor y empatía. Después de todo, si uno ha de criticar el comportamiento ajeno, que al menos sirva para reírse en el proceso, ¿no?

Vivir juntos: la realidad detrás del mito

Durante años, he escuchado frases que prometen un paraíso luego de dar el paso de vivir juntos. La creencia popular dice que compartir un espacio llevará a más momentos de intimidad. ¡Sí! Más días, más noches, más… tensión sexual! Pero, ¿quién podría haber adivinado que el pasar de los días en compañía no siempre resulta en un festín de pasión?

Hablemos de mi propia experiencia. Si alguna vez pensaron que mudarse con su pareja significaría estar en un continuo estado de seducción, deténganse un momento. Recuerden que la convivencia también trae consigo la realidad de olfatear sus calcetines después de un largo día y escuchar de manera involuntaria sus rutinas matutinas en el baño. ¿Quién se siente sexy sabiendo que su pareja no es más que un compañero de piso al final del día? Spoiler: por lo general, nadie.

La pérdida de anticipación

El estudio de la Universidad de Southampton en 2017 reveló un hallazgo intrigante: a medida que las parejas viven juntas, el deseo sexual tiende a decaer. Pero, ¿no era vivir juntos una forma de acercarnos más? La verdad es que perder la anticipación de los encuentros puede ser uno de los factores que más impacten en la libido. Antes de mudarse juntos, estábamos todo el tiempo esperando ese momento de encuentro, las palpitaciones emocionantes de vestirse para una cita. ¿Pero ahora? La única vestimenta que agita las palpitaciones son las cómodas sudaderas y los pijamas de franela.

Por desgracia, la rutina se convierte en un enemigo silencioso en las relaciones. La pregunta que todos nos hacemos es: ¿por qué el deseo se desvanece?

Conversaciones sinceras: el primer paso hacia la solución

Así que, si han notado que el sexo parece haber decidido tomarse unas vacaciones, la respuesta no está en el último modelo de lencería (aunque siempre puede ayudar), sino en comunicarse. Esto puede parecer un cliché de terapia de pareja, pero hablar es crucial. Es posible que noten que han dejado de lado temas íntimos en la conversación, algo que tiene un efecto dominó en su vida sexual.

La próxima vez que se sienten juntos, verdaderamente juntos, no sólo por estar en el mismo espacio, propongan un diálogo. Exploren cómo se sienten respecto a su vida íntima, qué es lo que echan de menos, y lo que les gustaría experimentar juntos. Al final del día, nadie quiere ser un libro cerrado en la mente de su pareja.

¿Y saben qué? Hacerlo puede resultar sorpresivo. Es posible que descubran que su pareja también tiene anécdotas divertidas sobre los recuerdos de sus primeros encuentros. Recuerden, ¡no hablamos de un laboratorio de ciencias! Hablamos de seres humanos con sentimientos y deseos.

Cultivar el deseo en la cotidianidad

Puede sonar a concepto de autoayuda, pero existen formas de rescatar el deseo en medio de la rutina diaria. Volver a coquetear como lo hacían al inicio es un arte que se puede practicar, incluso en medio de un mar de ropa sucia. A fin de cuentas, mientras más profundicen en conocer qué es lo que realmente excita a su pareja, mejor será la experiencia compartida.

Por ejemplo, esa cita improvisada a la cocina para preparar una comida juntos puede ser un factor clave. ¿Qué tal si deciden hacer una noche de platos internacionales, cada uno con su vestimenta típica? Quizás sea el primer paso para dejar de ver a tu pareja como tu compañero de piso… y volver a mirarle como tu amante.

La infidelidad en el contexto de la convivencia

Hablemos de un tema más delicado: la infidelidad. La mayoría de nosotros asocia el término con escenas dramáticas de películas o esas telenovelas que tanto amamos (o amamos odiar). Sin embargo, es crucial entender que la infidelidad puede manifestarse de diferentes maneras y no siempre debe ser física.

En una relación a largo plazo, la infidelidad emocional puede ser igual de dañina. Puede suceder cuando uno de los dos comienza a buscar en otra parte la conexión emocional que ya no se encuentra en la pareja. Es un fenómeno más común de lo que uno imagina, y en vez de estigmatizarlo, es mejor hablar de ello. Cuando uno siente que su espacio ha sido invadido por la rutina, lo lógico es intentar buscar consuelo en otro lado, ¿no?

¿Cómo proteger nuestra relación?

Entonces, ¿cómo podemos construir una relación que resista las embestidas de la infidelidad? La honestidad y la comunicación continua son fundamentales. Promover un ambiente donde ambos se sientan seguros para compartir sus necesidades, deseos y miedos es crucial.

En mis sesiones de terapia, a menudo les digo a las parejas que el amor es como un jardín. Un jardín requiere cuidado, riego constante y atención. Si descuidamos alguna de sus partes, pronto se nos llenará de malas hierbas (y no, no me refiero a la pamplona que compraste el fin de semana).

La intimidad es más que solo sexo

Sí, el sexo puede ser una parte esencial de la relación, pero no es la única. Es importante recordar que la intimidad abarca muchas formas de conexión. Desde tomarse de la mano mientras ven su serie favorita hasta compartir un masaje después de un largo día.

Tocar de manera suave y sincera puede ser un camino para reavivar esa llama que ha disminuido. Las pequeñas acciones tienen un gran impacto. ¿Alguna vez han experimentado el poder de un buen abrazo? Sé que puede sonar esotérico, pero hay algo absolutamente mágico en mostrarse vulnerables el uno con el otro. Para muchos, incluso podría ser más excitante que cualquier mano a mano en la cama.

Reflexionando sobre el amor y el deseo

Al final de esta reflexión, hay algo esencial que recordar: las relaciones son un viaje. Podría ser una montaña rusa llena de altibajos o, tal vez, un hermoso paseo por un parque. Lo que está claro es que cada pareja es única, y su camino depende de cómo decidan navegar por las aguas de la convivencia y el deseo.

Así que, la próxima vez que noten que la chispa parece estar apagada, no se asusten. Recordemos que volver a encender el fuego de la pasión puede requerir un poco de trabajo, comunicación y un toque de humor.

Ahora, pregunto: ¿qué nuevas aventuras podrían emprender juntos en esta fascinante travesía que es el amor?

Recuerden, la clave está en disfrutar del viaje, cada rayo de sol y también cada tormenta. ¡Salud por eso!