Cuando pensamos en la Segunda Guerra Mundial, la figura de Adolf Hitler suele venir a la mente de inmediato. Sin embargo, hay otros personajes igual de intrigantes y aterradores, como Heinrich Himmler, que también jugaron un papel central en este oscuro capítulo de la historia. ¿Sabías que Himmler tenía una obsesión por la historia del pueblo alemán y la arqueología? Aunque su interés era profundo, lo que descubrió sobre el pasado germano no fue bien recibido por todos, incluyendo a Hitler. Así que acomódate que vamos a desenmarañar esta fascinante historia.

Himmler, el arquitecto de la locura

Al hablar de Himmler, es imposible no pensar en su papel como uno de los principales arquitectos de la Solución Final, el plan nazi para el exterminio de los judíos europeos. Pero, ¿sabías que en sus ratos libres (si es que eso existe en el contexto de un líder nazi), se dedicaba a explorar sus obsesiones relacionadas con el ocultismo, la historia antigua y la simbología vikinga?

En este sentido, Himmler no era solo un villano de película de horror, sino también un hombre profundamente interesado en sus raíces ancestrales. Karl Maria Wiligut, un austriaco con un fecundo repertorio de locuras esotéricas, se convirtió en su aliado en esta búsqueda de gloria ancestral. Pero lo que Himmler y Wiligut no se imaginaban era que sus descubrimientos iban a ser blanco de la burla de Hitler.

Karl Maria Wiligut: el ocultista excéntrico

La figura de Karl Wiligut es como sacar una carta del mazo de historia de los Estrambóticos. Nacido en 1866, este hombre pasó su juventud como miembro de una secta masónica, acumulando conocimientos sobre magia y alquimia como quien colecciona cromos. El único problema: poco después, fue diagnosticado con esquizofrenia y megalomanía. No hay duda de que el destino del mundo estaba en sus manos, aunque muchos piensen que era más bien una partida de ajedrez entre locos.

En 1933, cuando conoció a Himmler, Wiligut encontró un nuevo hogar en el seno de las SS. Para Himmler, él era un heraldo de la historia germana que había sido secuestrada por el tiempo. Mientras tanto, para muchos, era simplemente un hombre con una notable inclinación a hablar con los árboles. Sin embargo, la locura de Wiligut no impidió que se convirtiera en el consejero de Himmler, capacitándose para reescribir la historia como les plazca.

La expedición al Tíbet: buscando el «ario puro»

En su búsqueda por desenterrar el pasado glorioso de los arios, Himmler decidió llevar a cabo expediciones arqueológicas inusuales. De hecho, en 1938, envió un equipo al Tíbet. ¿A qué? ¿Enviar un mensaje de paz? No, no habías acertado: era una búsqueda de oro y gloria racial.

¿Por qué el Tíbet?

Himmler era un firme creyente de la teoría de que los arios habían llegado al subcontinente indio desde Europa, y creía que el Tíbet podría ofrecer pruebas de esta ruta «ancestral». Su idea de un pasado glorioso era tan delirante que bien podría haber sido la trama de una novela de ciencia ficción, pero este era el mundo real, y allí estaba él con su expedición.

El equipo no era un grupo cualquiera: contaba con antropólogos y zoólogos que medían los cráneos de los tibetanos y recogían artefactos. ¿Y qué decían los tibetanos al respecto? Posiblemente pensaban que estaban en medio de una de esas películas locas. El asunto es que hicieron un gran ruido en el lugar, levantando banderas con la esvástica, pero eso no detuvo la locura.

La Ahnenerbe y la estrategia de distorsión

En la mente de Himmler, todo esto tenía un sentido elevado. La Ahnenerbe, una sociedad que se encargaba de investigar la historia «aria», era la justificación perfecta para todas esas ocurrencias. Sin embargo, cuando los hallazgos comenzaban a ser ridículos, la risa fue reemplazada por la vergüenza.

Hitler, en privado, se burlaba de los descubrimientos de Himmler. «Ya es bastante malo que los romanos erigieran grandes edificios cuando nuestros antepasados todavía vivían en chozas de barro», dijo, como si estuviera comentando sobre un programa de TV. ¿Alguna vez has tenido que lidiar con un jefe que se ríe de tus ideas? Sin duda, Himmler lo sintió en su piel.

El komplex de Lebensraum: espacio vital para la locura

Mientras todo esto sucedía, el concepto de Lebensraum (espacio vital) comenzaba a tomar forma. Friedrich Ratzel, un geógrafo, había sido el primero en popularizar la idea de que los pueblos más fuertes debían expandirse a expensas de los más débiles. Hitler aprovechó esta premisa para desarrollar su plan de colonización, que en última instancia formó parte de las políticas de exterminio.

Himmler, haciendo su propia mezcla de locura, vio esto como una oportunidad perfecta para establecer un nuevo orden basado en el «genotipo perfecto». Se imaginaba villas y comunidades llenas de alemanes perfectos en territorios históricos, rodeados de espacios verdes que recordaban a sus ancestrales bosques.

Lamentablemente para Himmler, en su afán por revivir un pasado glorioso, no entendió que la historia no es como una caja de legos que puedes volver a construir. La complejidad de las interacciones humanas, los conflictos, y la migración de culturas crearon un mosaico que el también conocido como «el arquitecto del terror» simplemente no podía comprender.

La frustración de Hitler

En el fondo, la búsqueda del «ario perfecto» y los descubrimientos de Himmler no solo alimentaban el delirio, sino que también comenzaron a incomodar a Hitler. La figura del Tercer Reich como una continuación de una imperiosa y gloriosa historia comenzó a tambalearse.

Hitler, al verse desafiado por el pasado que ellos mismos estaban tratando de desenterrar, decidió que ciertas verdades debían permanecer ocultas. Aunque Himmler era un aliado poderoso, concernía observar que sus aspiraciones de grandeza estaban basadas en un entusiasmo por un pasado que no solo era ahistórico, sino que también era cómicamente impracticable.

Al final del día, los sueños dictatoriales son un poco como una comedia de errores. Si sigues a un grupo de locos a buscar tesoros en el Himalaya, ¿qué podría salir mal?

Reflexiones finales: el tiempo no olvida

Históricamente, la figura de Heinrich Himmler y sus estrambóticas ideas sobre el pasado germano son un recordatorio de cómo, a veces, la locura puede guiar a las personas a cometer atrocidades en nombre de una «verdad» histórica inexistente. Sin embargo, a medida que exploramos, es fundamental entender el papel del contexto y la naturaleza humana en el desarrollo de nuestras creencias.

Finalmente, incluso en el peor de los mundos, siempre hay lugar para el humor. ¿Te imaginas las conversaciones entre Hitler y Himmler sobre sus delicias ocultistas a la luz de un fuego crepitante? ¡Eso sería un guion que nadie querría perderse! Pero, sería un error pensar que un chiste puede cambiar la historia.

Ciertamente, la historia nos ofrece lecciones valiosas, y la obsesión de Himmler con el ocultismo y la arqueología es una de ellas. Quizás es hora de que dejemos atrás la fantasía y elucubremos sobre un futuro donde este tipo de locura no se repita.

Así que aquí estamos, inversores de nuestra historia; sigamos explorando, aprendiendo y sobre todo, riendo en la medida de lo posible, ¡que la historia a veces necesita un poco de humor!