La vida en Londres puede ser un cuento de hadas para algunos, pero para otros, especialmente para los más acaudalados, a veces parece un episodio de una serie de comedia negra. En el corazón de Notting Hill, donde las mansiones de millones de libras suelen ser escenario de historias de gloria y ostentación, ha surgido un drama inesperado que involucra a una rica heredera georgiana, su familia y, sí, unas impertinentes polillas. Así es la vida, ¿verdad? ¿Quién diría que las polillas podrían desencadenar una batalla legal que resuena en los tabloides británicos?

Villa Horbury: un sueño que se tornó pesadilla

Imaginemos la escena: Villa Horbury, una mansión idílica, con piscina, gimnasio y todo lo que uno podría desear. Su precio de marcado era de 32,5 millones de libras (39 millones de euros), lo que debería ser un precio más que justo para una propiedad en una de las zonas más exclusivas de Londres. Pero, a nagües, el sueño se ha convertido en una pesadilla. Iya Patarkatsishvili, la heredera del oligarca georgiano, junto a su marido, Yevhen Hunyak, se sintieron como en un auténtico paraíso cuando visitaron la casa una y otra vez (¡dijeron que llegaron a hacerlo en once ocasiones!). Quién podría esperar que una exclamación como «He visto una polilla volando por aquí» llevaría a una batalla legal.

Suena casi como una premisa de película de horror, ¿no creen? Solo que aquí, el monstruo no es un espíritu maligno, sino unos pequeños insectos alados que parecen haber tomado la mansión como su propio hogar.

La vida cotidiana invadida por polillas

Dicho esto, la vida de la familia Patarkatsishvili se transformó en un fenómeno lleno de lo absurdo. Al principio, no pasó de ser una mera molestia doméstica. Pero a medida que las polillas comenzaron a multiplicarse, el asunto se tornó más serio. Estas criaturas eran un verdadero asalto a su estilo de vida. Imagina abrir tu armario y descubrir que no solo tienes ropa, sino también un paso libre para las polillas que parecen haber traído a sus amigos a la fiesta.

De hecho, a Iya y Yevhen no solo les invadieron las polillas su ropa, sino que también se colaron en lo que más les importa: ¡los cereales de sus hijos! ¿Quién iba a pensar que unas polillas podrían ser tan; digamos, fascinadas por los productos de la despensa familiar? Y para rematar, un insecto en el cepillo de dientes, ¡eso ya es un nuevo nivel de molestia!

La demanda de rescate

La situación no tardó en escalar. Tras levantar la bandera blanca por la masiva invasión, la familia no dudó en contactar a William Woodward-Fisher, el anterior propietario. Imagina la escena. «Hola, sí, tenemos un pequeño problema con unas polillas; podrías ayudar». Pero en lugar de una solución, William echó balones fuera. ¿Es que no ve que no merece la pena? Iya claramente no pensaba lo mismo.

La denuncia llegó a los tribunales. Iya reclamó la rescisión del contrato de compraventa, alegando que el acuerdo especificaba que la casa estaba libre de plagas. Pero claro, debe ser difícil probar que un insecto tiene algo en contra de ti en un juicio. Iya, sin embargo, no se quedó de brazos cruzados. Solicita no solo la devolución de los 39 millones de euros, sino una indemnización por los daños causados en sus prendas más preciadas, que resultaron ser objeto del festín polillero.

La defensa de Woodward-Fisher: ¿la culpa es de quien la habita?

Es interesante cómo en situaciones tan cotidianas (en lo que se refiere a la vida en Londres, claro, porque ¿quién no ha escuchado de alguna polilla?), emergen dinámicas y defensas intrigantes. William no tardó en argumentar que la casa fue desinfectada antes de ser vendida y que su antiguo propietario ya había lidiado con la plaga en el pasado. Ahora bien, hay algo que no me cuadra aquí. Si una casa fue desinfectada y un día a Iya se le ocurre la brillante idea de mudarse, ¿por qué los bichos se sienten en casa de nuevo?

Un testimonio del propio Woodward-Fisher pudo haber debilitado su caso, ya que admitió el problema anterior. Alegó que había realizando un tratamiento en la casa que “resolvió” los asuntos relacionados con los insectos. Entonces, aquí está la pregunta: ¿el problema es realmente las polillas o la habilidad de los nuevos propietarios de mantener las casas tal y como estaban cuando fueron desinfectadas?

Aportes inesperados al drama

Y lo que es más, parece que William se tomó su papel de un poco demasiado en serio, al sugerir un tratamiento de erradicación que podría costar 200,000 euros. ¿Por qué no simplemente les sugirió que adoptaran un gato?

Las redes sociales y los tabloides no tardaron en llenar sus páginas con la historia de esta peculiar batalla. Ríos de tinta, han ensalzado la anécdota de cómo las polillas tienen una curiosa capacidad para no entender de clases sociales. Como bien dice Rhiannon Lucy Cosslett en The Guardian: “Las polillas no entienden de clase social”. Si esto no es un recordatorio de lo efímera que puede ser la riqueza y el estatus social, que venga alguien a decírmelo. Aunque, sí, tengo que añadir que no sé si tengo los ovarios para vivir en un lugar donde podría encontrarme con polillas en vez de mis calcetines.

Reflexiones finales: aprendiendo a vivir con nuestras polillas internas

A medida que esta historia se desarrolla, no puedo evitar pensar en lo irónico que es que un hogar de múltiples millones de euros se vea atormentado por un enemigo tan diminuto. Pero, ¿no es eso una metáfora de nuestras propias vidas? ¿Quién no ha enfrentado a su «polilla» interna en algún momento? Tal vez se trate de un problema en el trabajo, una relación tensa, o simplemente un día en el que todo parece salir mal. Los problemas, grandes o pequeños, vienen y van, pero hay algo en la forma en que enfrentamos estos dilemas lo que realmente define nuestra vida.

En resumen, la historia de Iya Patarkatsishvili y las polillas de Villa Horbury nos recuerda que, independientemente del estado de nuestras cuentas bancarias, la vida está llena de sorpresas inesperadas y, a veces, de insectos que se cuelan en nuestra rutina diaria.

Así que tómalo con humor, mantén una reserva de alcanfor a mano y no olvides que todos, en algún momento, somos los protagonistas de historias tan absurdas como la de una rica familia atrapada en una guerra contra unas polillas en su mansión de ensueño. Al final, la vida es demasiado corta como para no reírse de uno mismo y compartir anécdotas, incluso si son tan insólitas como compartir un hogar con insectos voladores. ¿A quién le ha pasado algo así? ¡Compartan sus historias!