Recuerdo una mañana de marzo que comenzó como cualquier otra. Una taza de café en una mano y la prensa en la otra, mientras contemplaba el amanecer desde mi ventana. Sin embargo, la tranquilidad de ese momento se vio interrumpida por un titular desgarrador: «Una mujer asesinada en Martos, posiblemente víctima de violencia de género.» Claro, los días en que las malas noticias tenían la mala costumbre de estropear mi café no son algo nuevo. Pero esta noticia, esta vez, era especialmente abrumadora.

La conmoción en Martos y más allá

En este trágico suceso, una mujer de avanzada edad perdió la vida, y su esposo, también de consideración, ha sido puesto bajo prisión provisional mientras se investiga el caso. La información ha llegado a través de fuentes de Europa Press, y aunque aún se están recabando datos, la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género ya está en el proceso de obtener más detalles.

Lo que realmente me horrorizó fue la reacción de la comunidad. El Ayuntamiento de Martos ha expresado su tristeza y rabia ante lo ocurrido. En un gesto de solidaridad, lanzaron el mensaje en las redes sociales: “#Niunamenos”. Puede que estos hashtag se sientan como gritos vacíos en un mar de dolor, pero son también una forma de resistencia. ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Por qué la violencia de género sigue siendo una realidad en nuestra sociedad?

La violencia de género: un problema persistente

Cada vez que escucho sobre un nuevo caso de violencia machista, un nudo se forma en mi estómago. En este nuevo año, ya contamos con tres víctimas mortales en lo que va de enero. Un número que puede parecer bajo, pero representa vidas que se han extinguido, familias destruidas y una sociedad que, a pesar de todos los esfuerzos, sigue luchando con un problema profundamente arraigado.

La violencia de género no discrimina: afecta a personas de todas las edades, religiones, y estratos sociales. Solo en 2021, un informe del Ministerio de Igualdad indicó que más de 30 mujeres fueron asesinadas en España a manos de sus parejas o exparejas. La pregunta del millón es: ¿qué estamos haciendo para evitarlo?

La importancia de la concienciación y la acción

El apoyo a víctimas de violencia de género no puede ser solo un lamento en silencio. Requiere acción, educación y un compromiso colectivo. Todos hemos leído alguna vez la frase «lo que no se mide no se puede gestionar», y creo que se aplica aquí perfectamente. Hay que visibilizar la violencia de género en todas sus formas, porque cada historia importa.

La educación como herramienta de cambio

Imaginemos un mundo en el que los niños y niñas crezcan con un sólido sentido de respeto hacia los demás, en lugar de aceptar la violencia como parte de la cultura. La educación desde temprana edad puede ser la clave que ayude a erradicar este problema. Aquí, el planeta educativo juega un papel crucial. Sí, hay un lugar para la historia de los héroes en nuestras aulas, pero ¿acaso no debería haber más espacio para historias de respeto y equidad?

¿Cuántas veces hemos cerrado los ojos ante un comentario sexista? Si los adultos no nos damos cuenta de nuestras propias incongruencias, ¿cómo esperamos que nuestros hijos lo hagan?

La respuesta de las instituciones: un reto pendiente

La respuesta estatal siempre ha sido un tema candente. La consulta sobre las políticas de violencia de género es un agarrador plateado en este sombrío panorama. Sin embargo, a menudo termina siendo una cuestión de burocracia entre varias instituciones, en lugar de una acción coordinada y eficaz. La Policía, la Guardia Civil, los servicios sociales, los planes de prevención… todos son necesarios. Pero la presión sobre estos recursos es inmensa y muchas veces no se alcanzan los resultados necesarios.

La importancia de las redes sociales

Uno de los factores que ha aumentado la conciencia sobre la violencia de género son las redes sociales. Nos han permitido dar visibilidad a estos problemas y, a veces, sirven de plataforma para las víctimas. Como en la lamentable situación de Martos, donde la comunidad ha utilizado su voz para crear un eco de solidaridad.

¿Quiénes somos nosotros para quedarnos callados? Si bien un simple «Me gusta» en Instagram no puede cambiar el mundo, el poder de una voz unida puede.

Reflexiones finales: hacia un futuro sin violencia

Lo que pasó en Martos es un recordatorio de que la violencia de género es una realidad que seguimos enfrentando y, aunque pueda ser abrumador, no podemos dejar que el miedo nos paralice. Desde la prensa que informa, hasta los ciudadanos que alzan la voz, cada pequeño gesto cuenta. Debemos seguir visibilizando el problema y presionando por los cambios necesarios en la legislación y la cultura.

En conclusión, la violencia de género es un tema que no podemos permitirnos ignorar. En lugar de desviar la mirada, hablemos, cuestionemos y actuemos. Con cada historia que compartimos y cada acción que tomamos, estamos un paso más cerca de un mundo donde el respeto es el pilar fundamental de nuestras relaciones. Así que, a la próxima vez que veas algo injusto, pregúntate: ¿realmente quiero ser parte del problema o formar parte de la solución?