Hay algo mágico en las tapas y aperitivos, ¿no creen? Esa idea de compartir un plato, de reír en torno a una mesa y disfrutar de cada bocado sin necesidad de un traje o un protocolo excesivo. En Madrid, uno de los lugares que ha sabido capturar esta esencia es Gilda, un nuevo templo del aperitivo en Chamberí, que tiene a los paladares de los madrileños aplaudiendo con entusiasmo. Pero antes de seguir, aclaremos una cosa: si eres de los que piensan que una tapa solo debe ir acompañada de una caña y nuestro amigo el “quico” de toda la vida, prepárate para cambiar de idea.
La historia detrás de Gilda
Abierto desde noviembre del año pasado por el empresario David García, Gilda es más que un simple bar de tapas. Bajo la dirección de la chef Mireya Castillo, quien ha recorrido el mundo desde Honduras hasta el Basque Culinary Center, este lugar fusiona la tradición con un enfoque contemporáneo que nos deja a todos preguntándonos si realmente habíamos probado una buena tapa antes.
La ruta de una chef viajera
Mireya nos trae a Gilda una experiencia culinaria que refleja su trayectoria profesional. Desde trabajar en Kuwait hasta recorrer las cocinas de México y Estados Unidos, su cocina es un viaje que invita a experimentar sabores diversos que rinden homenaje a la herencia española. Cuando conocí a Mireya, me contó que su objetivo es hacer sentir a los clientes como si estuvieran disfrutando de una comida en casa, rodeados de amigos y buena compañía. Esa definición me quedó grabada, ya que ¿quién no desea una cena entre amigos al final de una larga jornada?
¿Qué pedir en Gilda? Una guía para no perderse entre tantas delicias
Imaginen que están en Gilda, frente a un menú que parece un festín de creatividad. ¿Por dónde empezar?
Las estrellas del menú
- Las gildas: Haciendo honor a su nombre, este plato es una versión moderna de la clásica banderilla. Desde las tradicionales hasta innovaciones con atún rojo, estas pequeñas delicias son el primer paso para enamorarse del lugar. ¡Y lo mejor! Podrás compartir varias versiones con tus amigos y tener una pequeña competencia para decidir cuál es la mejor. Pero, entre nosotros, ¡todas son maravillosas!
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El bao de short ribs con whisky y tamarindo: Un abrazo a la gastronomía asiática que, al combinarlo con sabores locales, crea una explosión de texturas y sabores. Te prometo que no hay nada como ver a tus amigos luchando por esa última mordida.
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Croquetas de pularda con ají amarillo: Las croquetas son un clásico que todos amamos. Si eres amante de lo crujiente por fuera y cremoso por dentro, este plato es un sueño hecho realidad.
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Pez limón con salsa huncaina: Si piensas que los pescados son aburridos, es hora de cambiar de idea. Este pescado de origen japonés es una joya que deslumbra en tu plato, y su salsa es el tipo de acompañante que se robó el show de la fiesta.
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Postres que roban corazones: El flan de queso camembert con dulce de leche y frutas del bosque es un viaje al inframundo de lo delicioso. Y si eres de los que ama el chocolate, no puedes dejar pasar el caliente de chocolate con toffee y helado, que además lleva un toque de aceite y sal, transformando este postre en un sinfín de sensaciones.
Un brindis por el sabor
No se puede hablar de aperitivos sin mencionar la bebida adecuada. En Gilda, los vinos y cócteles están pensados para complementar cada plato, y al respecto, tu barrera de “solo caña” quedará completamente desmoronada. La variedad es tal que no te sentirás perdido al pedir. A veces me pregunto, ¿no es maravillosa la forma en la que la gastronomía une a las personas a través de un simple brindis?
El ambiente: Compartiendo experiencias
Visitar Gilda es como entrar a la sala de una buena amiga que siempre tiene su hogar lleno de risas, música suave y un aroma irresistible. El diseño del local invita a sentarse y disfrutar, ya sea en mesas pequeñas para charlas íntimas o en grupos más grandes para celebrar esas pequeñas victorias cotidianas. Así que, si buscas el lugar ideal para esas cenas o almuerzos distendidos e informales, Gilda es el escenario perfecto.
Personalidades que llenan el espacio
Uno de los aspectos que más me gusta al visitar Gilda es la magia que se forma con la mezcla de comensales. Desde jóvenes que celebran cumpleaños hasta grupos de amigos que comparten risas y en ocasiones hasta lágrimas. Y por supuesto, no puedo dejar de mencionar a algunos escritores o celebridades que también se han dejado ver por allí. ¡Incluso el escritor Manuel Vilas ha sido visto disfrutando del chocolate caliente! Es curioso pensar que un plato puede reunir tanto talento y pasión en un solo espacio.
Doble: Una experiencia complementaria
Si Gilda es un viaje por el sabor, Doble es su coqueto hermano que se especializa un poco más en las tapas de la casa y de las mejores combinaciones de aperitivos. Ubicado en la misma calle, Doble ofrece un ambiente igualmente encantador. Así, al salir de Gilda, puedes pasarte a Doble para disfrutar de una copa y seguir conversando sobre esa anécdota graciosa que siempre se cuenta en las reuniones. ¡Hay algo en el aire de Chamberí que parece invitar a la conexión humana!
¿Valdrá la pena la visita?
La respuesta es un rotundo sí. Si buscas una experiencia donde cada sabor cuente una historia, cada bocado sea un pequeño evento y donde la alegría se comparta, este es el lugar para ti. No se trata solo de ir a cenar o almorzar; es una inmersión en la cultura del aperitivo con un giro contemporáneo. Si todavía dudas, pregúntale a esos amigos que ya han ido y escucharás risas en lugar de críticas.
Reflexiones finales: Compartir es vivir
Hoy en día, donde todo parece moverse tan rápido, encontrar un lugar donde la comida invite a detenerse, reír y compartir es un auténtico lujo. Gilda y Doble nos ofrecen precisamente eso: un espacio donde la comida no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma.
¿Ya tienes planes para visitar Gilda en Chamberí? Te aseguro que no sólo disfrutarás de los platos, sino que también crearás memorias que atesorarás para siempre. Después de todo, como decía mi abuela, “el amor entra por la cocina”, y en Gilda, ese amor se siente en cada bocado.
Así que, la próxima vez que te encuentres en Madrid, asegúrate de que Gilda y Doble estén en tu itinerario. Porque, seamos honestos: al final del día, no solo se trata de comer, sino de sentir que verdaderamente vivimos en cada bocado.