Imagina, por un momento, vivir tus peores pesadillas. Imagina despertar un día y descubrir que una persona a quién tú amas te ha robado su dignidad. Esto es exactamente lo que le ocurrió a una mujer valiente: Gisèle Pelicot. En este artículo, te llevaré en un viaje de realidad y desesperación, pero también de esperanza y resistencia. Todo ello se desarrolla en la cuna de los derechos universales, en la dramática escena de la patria de Voltaire y Rousseau, donde las calles de París se han convertido en el escenario de una movilización sin precedentes a favor de una ley integral contra la violencia de género.

Un caso que estremece a un país entero

Gisèle Pelicot, una astuta y valerosa colegiala a la que le gustaba el fútbol, se convirtió en el estandarte involuntario de un movimiento feminista en Francia. Pelicot fue sometida a una sumisión química sistemática por la persona que debía amarla y protegerla: su esposo Dominique. Sin su consentimiento ni su conocimiento, fue violada incontables veces por otros 50 hombres.

De ojos cerrados al horror – ¿Quién podría soñar algo tan monstruoso? Tristemente, el dormir no es análogo al consentir. Este hecho, respaldado por enérgicas pancartas en las calles de París, parece un concepto tan simple, y sin embargo se ha convertido en un grito poderoso de cambio.

Como una puñalada directa al corazón de la sociedad francesa, este caso ha servido de detonante para diversos colectivos feministas como #Noustoutes y La Fondation des femmes. Ambos han redoblado sus esfuerzos, convocando a manifestaciones en toda Francia en solidaridad con Gisèle Pelicot y todas las víctimas de violación.

Luego de la oscuridad, la resistance

La indignación por el caso Pelicot ha prendido una mecha en Francia. Anna Toumazoff, activista feminista, ha escrito: “El 91% de las violaciones se producen en el círculo cercano”. Pero, en estas tormentosas mareas, ¿quién tiene el coraje de alzar la voz?

Anaïs, trabajadora de un hospital que está en contacto con víctimas de violencias sexuales, se lanza como respuesta. Destaca la actitud desafiante de Gisèle Pelicot, quien se negó a que el juicio sea a puerta cerrada, transmitiendo un mensaje potente, valiente y absolutamente necesario. Como un faro en la oscuridad, Gisèle Pelicot se convierte así en un ejemplo para todas las mujeres.

¿Y qué ocurre en las calles?

El aire en la plaza de la República está cargado de indignación, tristeza, pero también un innegable sentido de esperanza. Pancartas proclamando «Dormir no es consentir» y «51 buenos padres de familia» ondean al viento. Algunas afirman que la «vergüenza debe cambiar de bando», una frase echa por los abogados de Gisèle Pelicot. En medio de la multitud, veo rostros determinados, furiosos y tristes. Pero también veo decenas, cientos, miles de caras llenas de esperanza. ¿Por qué? Porque están haciendo historia.

Encontré a Karine, una mujer francesa que viajó a la capital para apoyar la causa feminista. Me comentó con un tono de voz suave: “En España nos lleváis mucha ventaja en este campo”, como juzgando su propio país.

Ella también ve en la juventud su gran esperanza: “veo muchas chicas jóvenes, y algunos chicos también (aunque no los suficientes). Ellos son los que van a conseguir que todo cambie”.

Fin de la impunidad

Pero mientras la gente marcha y los tribunales deliberan, uno no puede dejar de preguntarse: ¿y el gobierno? La Fondation des femmes, un gran colectivo de apoyo a asociaciones especializadas en los derechos de la mujer y en la lucha contra la violencia de género, reclama la elaboración de una ley integral contra la violencia de género en Francia.

¿Cuántos casos harán falta para que se tome en serio a las víctimas? Esta pregunta retórica late en el corazón de cada manifestante y en cada vistazo desesperado de quienes son víctimas de violencia de género.

La Fondation des femmes insiste en la necesidad de que haya una “respuesta política a la altura de la revolución que estamos viviendo”. Una ley integral de lucha contra la violencia sexual que aborde las disfunciones de las instituciones.

Se necesita, según las asociaciones feministas, un esfuerzo multidimensional para proporcionar el marco y los medios para actuar y proteger. Esto incluye una expansión de las órdenes de protección para las víctimas de violación, la contratación de 5.000 investigadores adicionales, la financiación a las asociaciones de ayuda a las víctimas con 390 millones de euros más, entre otros.

Reescribiendo el futuro

El caso de Gisèle Pelicot puede ser un grito de horror, puede ser un espantoso recordatorio de lo peor que puede hacer la humanidad, pero también es un llamado a la acción. Un llamado a forjarse un futuro donde todos estemos a salvo, donde nadie tenga que temer vivir en su propio hogar, donde ser mujer no sea un peligro.

Las calles de Francia resuenan hoy con un grito común: no más violencia de género. ¿Qué te parece, será esta la revolución que necesitamos? Como dijo un poeta, “la esperanza es una cosa con plumas”. Y en medio de la oscuridad, la esperanza vuela alto en el cielo parisino. Pero este vuelo de esperanza sólo será posible si las autoridades, y todos nosotros, nos unimos a esta lucha. Como dijo Anna, el silencio no es consentimiento. Es hora de alzar la voz, es hora de cambiar el mundo. ¿Estás conmigo en esta lucha?