La gastronomía es una de esas maravillas que no solo deleita nuestro paladar, sino que también cuenta historias, tradiciones y pasiones. Y en Córdoba, eso se vive de manera muy especial, especialmente en eventos como la reciente Feria ‘Sabor a Córdoba’. Pero, ¿qué hace que esta feria sea tan atractiva y relevante para los amantes de la buena comida? Acompáñame en este recorrido por los sabores y la cultura de Córdoba, mientras comparto anécdotas y risas que hacen que cada bocado cuente.
La esencia de la feria
La primera edición de la Feria Alimentaria de la Provincia, organizada por la Diputación cordobesa, se llevó a cabo en el Centro de Exposiciones, Ferias y Convenciones de Córdoba (CEFC). La inauguración fue un espectáculo por sí mismo, lleno de colores, aromas y sonrisas que iluminaban el ambiente. Recordé aquella vez en la que, emocionado por un evento similar, me dejé llevar y acabé comiendo un plato de paella que consideraba «sólo un pequeño plato de degustación», para terminar con el estómago más lleno que un tambor. Pero esa es la magia de las ferias, ¿no? Atraparte en un universo de sabores y, en ocasiones, perder la noción de la razón.
Desde vermuts hasta aceites de oliva virgen extra, pasando por vinos Pedro Ximénez y una variedad de cervezas artesanas, cada empresa participante dejó su huella en la feria. Para muchos productores, como José Antonio Jiménez, director comercial de Los Raigones, este evento fue la oportunidad perfecta para que el público conociera más sobre sus productos. La pasión por la gastronomía y el esfuerzo por mejorar la calidad de los alimentos se hicieron palpables en cada conversación.
Productos destacados que enamoraron a los asistentes
Una de las maravillas de esta feria es la diversidad de productos que se pueden encontrar. ¿Quién puede resistirse a una variedad de aceites de oliva? David Pérez, de Corduba Miel, es un ejemplo perfecto de esto. Con más de diez variedades de miel para elegir, lo que comenzó como una pequeña cata se transformó en un recorrido por diferentes regiones y saberes que componen la riqueza de la apicultura cordobesa.
A mí me encanta la miel. En una ocasión, visité a un amigo que había comenzado su propia producción de miel y, tras probar una cucharada de su creación, estuve casi convencido de que debería renombrar mi café matutino como «el néctar de los dioses». La miel tiene ese poder mágico, ¿no? Puede convertir cualquier prosaico desayuno en un banquete digno de reyes.
Por otro lado, los vinos no se quedaron atrás. En el mostrador de vinos jóvenes, uno no podía evitar sentir una sensación de cercanía con los viticultores que compartían su pasión y sus secretos mejor guardados. Aquí fue donde conocí a Soledad Serrano, una mujer que se iluminó al hablar de la simbiosis entre el producto y la receta final. Su capacidad de conectar la historia de cada vino con su proceso de producción me hizo reflexionar sobre lo importante que es valorar lo que hay detrás de cada botella.
Hacia un desarrollo sostenible
Uno de los puntos que resonaron durante las charlas fue la urgencia de fomentar un entorno más sostenible y responsable. El cambio climático y la forma en que afecta a la agricultura son temas que actualmente marcan el rumbo en la producción de alimentos. Muchas de las pequeñas empresas presentes se comprometieron a aplicar prácticas más sostenibles en la elaboración de sus productos. Como dice el viejo refrán, «No solo de pan vive el hombre», y en este caso, ¡tampoco solo de aceites y vinos!
Con la creciente preocupación por el medio ambiente, el consumo local se ha convertido en una prioridad. Durante la feria, se alentó a los asistentes a optar por productos de la región, no solo por su calidad, sino también por el impacto positivo que genera en la comunidad. Pensándolo bien, ¿cuántas veces hemos optado por un producto de importación sin pensar en lo que hay justo al lado de nuestra puerta? A veces, la mejor opción no es la más lejana.
Risas y anécdotas entre productores
Los momentos más memorables de la feria no vinieron sólo de la comida y la bebida, sino de las interacciones entre los productores y el público. Íñigo Prieto, director comercial de aceites Cortijo La Reina, me contó sobre su experiencia con un cliente que había confundido el olivo con un especiero. «Casi le vendí un tarro de especias a un tipo que pensaba que era aceite… suponiendo que iba a tener una entrevista con un chef famoso», se echó a reír mientras recordaba el episodio.
Historias como esta demuestran que el humor es parte fundamental de la gastronomía. Atravesar momentos incómodos con una risita suave a menudo permite que un evento tenga éxito. A veces, la mejor manera de conectar es a través de una risa compartida.
La necesidad de mejores transportes
Sin embargo, también surgieron críticas hacia la ubicación del evento. Muchos productores, como José Manuel Toro, reconocieron que, aunque las instalaciones eran maravillosas, sería ideal contar con un sistema de transporte más eficiente que facilite la llegada de los visitantes. Después de todo, ¿quién quiere perderse la oportunidad de probar esos deliciosos productos por un poco de pereza en el transporte?
Esto me recordó una época en la que me mudé a una nueva ciudad. Intenté subir a un autobús que, según la app, debía llegar en tres minutos. Después de una hora de espera, comprendí que en lugar de un viaje rápido, había firmemente optado por una «experiencia» de vida. Tal vez los organizadores de la feria podrían considerar agregar un sistema de transporte dedicado. Si se puede en un festival de música, ¿por qué no en una feria gastronómica?
Pasado y futuro de la feria
Al final de la feria, se percibía un aire de optimismo sobre su futuro. Los expositores se mostraron animados por las oportunidades de conexión y venta que surgieron, y muchos coincidieron en que, aunque era su primer año, había mucho potencial para crecer. A medida que los productores conocen mejor sus ritmos y necesidades, seguramente la feria podrá expandirse aún más.
De hecho, la respuesta del público fue alentadora. Los asistentes pudieron conocer y adquirir productos de más de 50 empresas locales, representando a siete mancomunidades diferentes. Es un recordatorio de que la gastronomía siempre traerá a la gente junta, y qué mejor manera de hacerlo que a través de la comida y bebida local.
Conclusión: Celebrando la gastronomía cordobesa
La Feria ‘Sabor a Córdoba’ no solo fue un escaparate de sabores y productos; fue una celebración de la dureza y la pasión de los productores locales que se esfuerzan cada día por ofrecer lo mejor. Y a medida que los asistentes saboreaban las delicias de la feria, indudablemente llevaban consigo historias que vivirían en sus memorias. Porque al final, ¿no es eso lo que buscamos en cada bocado que probamos? Crear inmortalidad en un instante, hacer que la experiencia se quede grabada no solo en nuestros paladares, sino también en nuestros corazones.
Así que, si te encuentras en Córdoba en el futuro, no dudes en visitar la Feria ‘Sabor a Córdoba’ y explorar lo que la región tiene para ofrecer. Y, quizás, te encontrarás riéndote con un productor, compartiendo anécdotas y disfrutando de un bocado como nunca antes. ¿Quién dijo que la comida no es una forma de arte? En Córdoba, es una forma de vida.