Los aeropuertos son, por definición, lugares donde aterrizan y despegan aviones, donde la conmoción de las despedidas y los reencuentros se mezcla con el bullicio constante de viajeros apresurados. Pero, ¿qué pasa cuando estos espacios, que deberían ser temporales, se convierten en hogares improvisados para un número significativo de personas sin hogar? Esto es precisamente lo que ha ocurrido en el aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, que ha sido objeto de controversia tras el operativo de desalojamiento de varias de estas personas justo antes del tan esperado Mobile World Congress (MWC). Pero, ¿realmente se trata de una solución efectiva o simplemente una medida cosmética de cara al evento?

Acompáñame en este ensayo donde abordaremos la situación de las personas sin hogar en los aeropuertos, la polémica que rodea al operativo de Aena y, sobre todo, cómo todos estos factores nos invitan a reflexionar sobre la dignidad humana y las verdaderas soluciones a un problema social complejo.

La huella del sin hogar: un fenómeno global

Si piensas que la situación de las personas sin hogar es un problema exclusivo de un país en particular, permíteme desilusionarte un poco. La realidad es que esta es una cuestión que afecta a tantas ciudades como puntos de despegue en el mundo. En el caso de Barcelona, estimaciones indican que entre 100 y 200 personas pasan sus noches en El Prat, un dato que suena alarmante si consideramos que estamos hablando de un aeropuerto europeo altamente transitado.

¿Y qué decir de otros aeropuertos en España? En Madrid-Barajas, por ejemplo, un informe reciente de Alternativa Sindical Aena Enaire estima que aproximadamente 500 personas sin hogar se encuentran en las cuatro terminales. ¿Qué es lo que ha llevado a una situación así?

No solo un problema español

Más allá de nuestras fronteras, aeropuertos en lugares como Londres, Buenos Aires, Nueva York y Roma han experimentado un fenómeno similar. La combinación de factores como la alta costumbre de los viajeros y la falta de soluciones habitacionales han creado un caldo de cultivo para que personas vulnerables busquen refugio en estos espacios. ¿Acaso esto no nos hace cuestionar el sistema que permite que los aeropuertos sean refugios, y no hogares?

Desalojo en tiempos de eventos: el caso de Aena

De vuelta a Barcelona, la controversia realmente se encendió cuando Aena decidió llevar a cabo un operativo en la T1 de El Prat para desalojar a las personas sin hogar que pasaban la noche allí. La policía de los Mossos d’Esquadra participó en este operativo, que fue justificado como una medida necesaria para facilitar una «desinfección» del área. Ojalá fuera tan fácil como apretar un botón para limpiar una mancha en nuestra ropa, pero…

Imaginen la escena: un grupo de vigilantes de seguridad, acompañado por la policía y personal de emergencias, haciendo su entrada con las mejores intenciones pero, ¿realmente eso es lo que necesitaban estas personas? Aquí es donde las cosas se ponen incómodas.

¿Soluciones o acciones cosméticas?

Desde CCOO, se ha calificado este operativo como una acción «cosmética» y «punitiva». Esto suena poco atractivo, ¿verdad? Imaginen que alguien llega a su hogar, hace una «limpieza superficial» y se va sin preocuparse por lo que realmente está sucediendo debajo de la superficie. Esa es la crítica que muchos activistas y organizaciones sociales han lanzado contra Aena.

Además, el operativo coincidió con las vísperas del MWC, un evento que atrae a miles de visitantes a la ciudad. ¿Quién no querría que su aeropuerto luzca limpio y ordenado a la llegada de tantos dignatarios y profesionales del sector tecnológico? Aena puede insistir que no hay relación directa entre ambas situaciones, pero las opiniones de los críticos resuenan con la pregunta: ¿realmente estaban preocupados por el bienestar de las personas sin hogar o simplemente querían que la terminal se viera presentable?

La importancia del contexto y las circunstancias

Uno de los aspectos que no podemos pasar por alto es el contexto socioeconómico. La llegada de un evento internacional masivo como el MWC genera una presión adicional sobre el aeropuerto y sus instalaciones. Las empresas también sienten la presión de mostrar una imagen positiva, lo que genera un ciclo de acciones reactivas. Sin embargo, esto no debe excusar el hecho de que las personas sin hogar son, al final del día, parte de nuestra comunidad.

La generalidad del acuerdo que existía entre la Generalitat, los ayuntamientos de El Prat y Barcelona con Aena, que centraba sus esfuerzos en el bienestar de estas comunidades vulnerables, expiró en enero de 2024. Este hecho directamente impactó la asistencia y el apoyo que estas personas reciben, creando un vacío crítico justo antes de un periodo de intenso tráfico aéreo.

La voz de los que viven la situación

No puedo evitar recordar una conversación que tuve con un amigo que suele trabajar en el sector social. Él me contaba que muchas veces los trabajadores de la atención social sienten que sus funciones van más allá de su trabajo. «No somos asistentes sociales», decía, con exasperación. «Estamos aquí para ayudar con un problema que los gobiernos parecen ignorar». Y es triste, porque refleja un tipo de carga que no debería asumirse en soledad.

Crisis de representación y estigmatización

Es alarmante que, en vez de abordar las inquietudes legítimas de las personas sin hogar, se utilicen términos como «insalubridad» y «seguridad» para justificar acciones que, en esencia, deshumanizan a estas personas. Organizaciones como Taula d´entitats del tercer Sector Social de Catalunya y ECAS han expresado su indignación por esta normalización de la pobreza, abogando por alternativas más humanas y comprensivas.

Aceptémoslo, hablar de personas en situaciones de inseguridad y pobreza puede ser incómodo. ¿Pero no deberíamos ser nosotros los que nos sintamos incómodos en vez de ellos? La respuesta está en cada uno de nosotros.

Preguntas para reflexionar

Cuando consideramos toda la narrativa en torno al operativo de Aena, aquí aparecieren algunas preguntas que, indudablemente, merecen nuestra atención:

  1. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar la dignidad de las personas en nombre de la «imagen pública»?
  2. ¿Cómo podemos asegurarnos de que las soluciones se centran en el bienestar de las personas y no en la limpieza de una terminal?
  3. ¿Qué papel deberían tener las comunidades y sus representantes en la toma de decisiones que afectan a los más vulnerables?

Estas preguntas no solo son retóricas, sino que pueden servir como punto de partida para una conversación necesaria entre todos nosotros.

Propuestas de futuro: más que limpieza superficial

Si hemos aprendido algo de situaciones como las del MWC, es que la solución a problemas complejos como la pobreza y la falta de hogar no reside en acciones de corto plazo. Aena, la Generalitat, los ayuntamientos y las organizaciones sociales deben trabajar juntos para desarrollar soluciones integrales y sostenibles. Esto incluye:

  1. Programas de acompañamiento reales: En lugar de simplemente desalojar a las personas, ¿qué tal si podemos ofrecer alternativas de alojamiento seguro?
  2. Inversiones en educación y capacitación: Trabajar para ofrecer oportunidades que permitan a las personas sin hogar incorporarse a la fuerza de trabajo.

  3. Colaboración con la sociedad civil: Organizaciones y entidades sociales deben tener voz y voto en la creación de políticas que afecten a las comunidades vulnerables.

  4. Concienciación pública: Fomentar un cambio en la percepción pública de las personas sin hogar, alejándonos del estigma y hacia la empatía.

Como bien sabemos, no hay soluciones rápidas, pero con la colaboración de todos, podemos dar pasos hacia un futuro más compasivo y colaborativo.

Conclusión: ¿es suficiente con limpiar?

La reciente operación de Aena en El Prat sirve como recordatorio de que, aunque a veces la limpieza superficial de un aeropuerto pueda parecer la solución inmediata a un problema más profundo, en realidad es una señal de que aún nos queda un largo camino por recorrer hacia la justicia social. Debemos iniciar conversaciones difíciles y no simplemente seguir adelante, dejando a las personas invisibles en la sombra.

Así que, la próxima vez que pase por un aeropuerto, tal vez se detenga un momento para pensar en los que no tienen la posibilidad de despegar hacia un nuevo destino. En última instancia, el verdadero viaje hacia el cambio social comienza cuando somos capaces de ver más allá de las apariencias y aferrarnos a lo que realmente importa: la dignidad y el respeto por cada ser humano que comparte nuestro mundo.