La música tiene esa capacidad mágica de tocarnos en lo más profundo, incluso en los días más grises. ¿Alguna vez te has encontrado con una melodía que te ha hecho llorar o bailar, sin que pueda explicarlo? A mí me ha pasado más veces de las que puedo contar, y esos momentos de conexión son oro puro. En el episodio más reciente del pódcast Arréglate que nos vamos, tuve el placer de escuchar a Julia Sánchez Abeal, directora de la Escuela Superior de Música Reina Sofía y una verdadera activista de la música. Y mientras escuchaba, no pude evitar recordar aquella vez en que una simple canción me hizo volver a conectar con mis raíces.

La música, para Julia, no es solo una forma de arte; es un medio de transformación social. Desde su carrera inicial en consultoría hasta liderar una de las instituciones musicales más prestigiosas de España, su trayecto es un testimonio de que la música puede cambiar el mundo. Así que, acompáñame en este viaje: hablemos de la importancia de la música en nuestra sociedad, de experiencias inolvidables y de esa conexión única que todos compartimos a través de las notas musicales.

Julia Sánchez Abeal: de ejecutiva a activista musical

Julia no es solo la directora de la Escuela Superior de Música Reina Sofía; es una mujer con un corazón que palpita al ritmo de la música y una mente aguda que sabe lo que significa gestionar el talento. Antes de llegar a su puesto actual, acumuló una impresionante experiencia en el mundo financiero y la gestión cultural. Cursó un MBA en la Universidad de Columbia, donde su deseo de hacer una diferencia llevó a una opción no convencional: salir de la caja y trabajar en un fondo estadounidense que ayudaba a llevar electricidad a áreas rurales de Kenia. ¡Sí, has leído bien! No muchos dejarían un trabajo en un banco para dedicarse a un sueño altruista. Pero Julia sabía que quería más.

Y aquí me detengo. ¿Alguna vez has tomado una decisión que cambiara el rumbo de tu vida? Esa decisión que parece una locura en papel, pero que, al final, te descubre un nuevo horizonte. Me acuerdo de cuando dejé mi cómodo trabajo para seguir mi pasión por la escritura. La incertidumbre era enorme, pero ¡vaya que vale la pena seguir lo que amamos!

La música y su impacto en la sociedad

Uno de los momentos más profundos de la conversación fue cuando Julia habló sobre la importancia de la música en la formación de los jóvenes. Al final del día, cada uno de nosotros tenemos una banda sonora que nos acompaña en los diferentes capítulos de nuestras vidas. Desde risas y lágrimas hasta triunfos y derrotas, la música forma parte integral de nuestras experiencias.

Pero parece que la sociedad a menudo olvida lo esencial. Los padres a veces dudan en invertir en la educación musical de sus hijos, viéndola como un lujo en vez de una necesidad. «¿Cómo explicamos que la música no solo es ‘bonita’, sino que transforma vidas?» se pregunta Julia, con esa sinceridad que solo una líder auténtica puede tener. Y, la verdad, ¡es una pregunta que me dejo reflexionando! La música enriquece nuestra vida y, al mismo tiempo, nos ayuda a desarrollarnos emocionalmente y socialmente.

Julia comparte su experiencia al ver cómo, al introducir la música en la vida de jóvenes de diversas nacionalidades, ha logrado romper barreras y promover la paz. Un trío musical compuesto por un estudiante de Azerbaiyán, otro de Armenia y una de Turquía, que son países con un largo historial de conflictos, se unió para tocar juntos. En medio de tensiones políticas, lograron superar sus diferencias y conectarse a través de Beethoven. La música tiene un poder que trasciende las palabras, ¿no crees?

El rol de las mujeres en la música y la importancia de Paloma O’Shea

No podemos hablar de la Escuela Reina Sofía sin mencionar a su gran impulsora: Paloma O’Shea, una de las figuras más prominentes en el mundo musical. Julia reconoce cómo Paloma ha dedicado su vida a forjar un espacio donde el talento se potencia y la música se celebra. Como una madre del arte, se encarga de cada detalle, desde la búsqueda de nuevos talentos hasta asegurar financiación para que la excelencia musical no solo sobreviva, sino que prospere.

Esto me hace pensar en la importancia del apoyo que brindamos entre nosotros, especialmente a las mujeres en roles de liderazgo. En un mundo que a menudo intenta limitar nuestras capacidades, ¿qué pasaría si en lugar de competir, elogiáramos y apoyáramos los logros de las demás? Imagínate un mundo lleno de mujeres empoderadas y colaborativas. Ese es el espíritu que Paloma y Julia representan.

La precariedad en el mundo de la música

A medida que la conversación avanzaba, también surgió un aspecto menos glamuroso del mundo de la música: su fragilidad económica. A menudo se percibe a los músicos como personas que llevan una vida llena de lujos y éxito, pero la realidad es bastante diferente. Muchos músicos talentosos deben complementar sus ingresos tocando en bodas o eventos familiares simplemente para llegar a fin de mes. Julia, con su sinceridad brutal, nos abre los ojos a esta paradoja: detrás del hechizo de la música clásica, existe una lucha constante por la supervivencia.

Cuando Julia habla sobre la necesidad de cambiar esta narrativa, no puedo evitar sentir esa chispa de esperanza. Todos queremos una vida donde el arte sea valorado, donde los músicos sean respetados y remunerados por su trabajo, ¿cierto? Quizás la solución resida en que la sociedad, las empresas y las instituciones se comprometan a valorar las artes y las humanidades, integrándolas en todas las partes de la vida cotidiana.

El futuro de la música y la educación artística

La conversación se cierra con un mensaje esperanzador y apasionado de Julia: «Que todos, desde la empresa, desde la administración pública, desde la sociedad, dijesen: por favor, queremos más cultura en todas sus expresiones«. ¿No sería genial si todos hicieran de la cultura una prioridad? Imagina ver a artistas de todas las disciplinas floreciendo y teniendo las oportunidades que merecen.

Con ese mismo espíritu, ella ha inaugurado múltiples programas en la Escuela Reina Sofía, durante los cuales no solo se enseña a tocar un instrumento, sino que se dan herramientas de emprendimiento y liderazgo para que los músicos puedan crear su propio camino. Al final, ser un artista no solo significa ser capaz de interpretar una pieza, sino también saber cómo navegar en el complicado mundo musical.

Reflexiones finales: la música como motor de cambio

Al cerrar este capítulo de la conversación, me llevo una enseñanza poderosa: la música no es solo algo que escuchamos; es una fuerza transformadora. Puede unir a personas de diferentes orígenes, puede aliviar el sufrimiento y, sobre todo, puede inspirar cambios sociales significativos. Cuando escuchamos esa canción que nos toca el corazón, no lo hacemos solo por el ritmo. Lo hacemos porque, al final del día, buscamos esa conexión, esa esperanza.

Así que, la próxima vez que estés a punto de ponerle «play» a tu canción favorita, piénsalo bien. No es solo música; es tu historia, tu lucha y tus sueños. Y si quieres potenciar esa conexión, ¿por qué no? ¡Llama a un amigo y baila como si nadie estuviera mirando! La vida es demasiado corta para no celebrar la magia de la música y todas las transformaciones que puede traer.

La historia de Julia es un recordatorio de que todos, al final, jugamos un papel en el gran concierto de la vida. ¿Qué melodía vas a tocar tú?