La educación es un tema que siempre genera debate. ¿Qué método es el mejor? ¿Cuáles son las claves para mantener la atención de los alumnos? Los educadores buscan constantemente nuevas herramientas para hacer del aprendizaje una experiencia más efectiva y amena. En este contexto, surge la figura de José Antonio Francés, un filólogo con más de una década de experiencia en la enseñanza de la lengua, que ha decidido apostar por el humor como su arma secreta en el aula. ¿Pero realmente puede el chiste convertirse en un recurso didáctico eficaz?

Humor en el aula: el secreto del éxito

Imagina estar sentado en clase, después de un día largo y agotador, y tu profesor comienza con un chiste. ¿Qué pasaría? Fácil, la tensión se desvanecería un poco y todos sonreirían. José Antonio Francés ha experimentado cómo el humor puede ser un motor de motivación para los estudiantes. “Los profesores no somos monologuistas del Club de la Comedia”, dice, “pero a nadie le amarga un chiste a la hora de explicarle las cosas”. También confiesa que él mismo es “muy bromista” y ha visto cómo sus alumnos responden positivamente al utilizar humor en sus clases.

Siempre me gusta recordar una anécdota de mis años de estudiante. Recuerdo a un profesor de historia que, para enseñarnos sobre la Revolución Francesa, organizó un concurso de chistes sobre el tema. Al final, aunque solo algunos chistes eran realmente buenos, todos aprendimos más de lo que pensábamos sobre los acontecimientos históricos. ¿Acaso no podemos aplicar esa misma lógica en la lengua?

La lengua como un juego

La idea de que la lengua es un juego no es nueva, pero pocas veces se aborda de una manera tan divertida y accesible. Francés nos dice que su objetivo es que los estudiantes mejoren su competencia lingüística. A través del humor, puede enseñar conceptos complicados. Por ejemplo, al abordar la polisemia, utiliza chistes que muestran cómo una misma palabra puede tener varios significados dependiendo del contexto.

“A un alumno le puedo preguntar: ¿Qué significa ‘banco’?”, dice Francés. Mientras que un estudiante podría pensar en un lugar para sentarse o en una entidad financiera, la clave está en que ambos conceptos pueden ser explorados a través de un chiste bien situado. Y como él mismo añade: “Con humor, los chicos superan el nivel de motivación de la clase”. Porque, seamos honestos, aprender una lengua puede ser un verdadero desafío, y todos sabemos que a veces se siente más como una tortura que un ejercicio divertido.

Un libro que combina lenguaje y diversión

Fruto de su enfoque innovador nace el libro de José Antonio Francés, que ha sido finalista del premio Feel Good de la editorial Plataforma. ¿Su lema? «Libros para vivirlos». El libro no solo busca enseñar, sino también hacer reír. Y que quede claro, no se trata de un manual aburrido, sino de una combinación de chistes e información valiosa que ayuda a los estudiantes a ver la lengua desde una perspectiva diferente.

El proceso de escritura no fue sencillo, pero su experiencia previa como autor de libros de texto hizo que el camino fuera más claro. Durante meses, Francés escribió, revisó y pulió un texto que busca mostrar que estudiar lengua no es sinónimo de sufrimiento. En su opinión, el efectismo del humor puede transformar la experiencia educativa. Pero, ¿sería este método efectivo en todas las asignaturas?

Humor, creatividad y análisis lingüístico

Una de las partes más intrigantes de su enfoque es cómo se entrelazan el humor y el análisis lingüístico. No es sólo contar un chiste y reírse; se trata de analizarlo en profundidad. Francés menciona un ejemplo sencillo: un chiste sobre un jardinero. Al analizar la estructura del chiste, se puede hablar de homonimia y los diferentes modos de un verbo. ¡Una clase sobre gramática que, honestamente, no haría que muchos de nosotros quisiéramos dormir!

Además de su idea de que el humor puede disminuir la sensación de autoridad (les aseguro que a muchos de nosotros nos habría encantado tener profesores así), también destaca que esto humaniza el aula. Cuando se ríe con un alumno, se está creando un vínculo. Y hay algo profundamente valioso en la conexión humana que se genera a través del humor. ¿Recuerdas ese profesor que te hacía reír? La memoria sobre sus lecciones perdura más que las fórmulas gramaticales que olvidamos al instante.

Padrinos mediáticos y reconocimiento

A medida que el libro de Francés ganaba terreno, el autor tuvo la fortuna de contar con apoyo de personajes públicos y mediáticos. Desde Carlos Herrera hasta Lola Pons, muchos han expresado su apoyo al trabajo de este innovador docente. Esto no solo le dio visibilidad, sino que también permitió que su mensaje llegara a un público más amplio. Es fascinante pensar que figuras tan reconocidas también apuestan por el humor y la educación.

Echando la vista atrás, me hace pensar en los influencers actuales que tratan de influir en el ámbito educativo. Hay una necesidad de romper con el estereotipo del profesor clásico y aburrido, y cada vez más personas están reconociendo el poder del humor. Por lo tanto, ¿por qué no utilizar lo que ya funciona en los medios digitales para llevarlo al aula?

Una próxima generación de escritores

Uno de los aspectos más emocionantes es que Francés no solo se detiene en el ámbito de la lengua. Este autor tiene planes de seguir creando. Está trabajando en una segunda parte de su libro que se enfocará en la lengua literaria. Y además, también prepara el lanzamiento de dos novelas juveniles. Ciertamente, su energía por crear es contagiosa.

Es un poco como cuando te enganchas a esa serie que solo quieres ver un episodio más antes de irte a dormir (lo sé, lo he hecho). La pasión por el aprendizaje y la enseñanza puede, de hecho, ser igual de absorbente. ¿Por qué limitarse solo a un tema? Francés se siente motivado por la respuesta positiva de sus alumnos y la comunidad, y eso solo puede inspirar a más educadores a seguir su camino.

Reflexiones finales sobre el humor en el aprendizaje

En un mundo donde los estudiantes se sienten abrumados por la carga de información y la presión académica, la voz de José Antonio Francés es un soplo de aire fresco. El humor como recurso didáctico no solo transforma la enseñanza de la lengua, sino que ofrece un cambio de perspectiva invaluable: ¿realmente tiene que ser así de complicado aprender? Francés está aquí para demostrar que puede ser divertido.

Lo más impresionante es cómo ha logrado, a través de su enfoque, despertar la idea de que aprender no debería ser solo un deber, sino también un juego. La risa y la lengua no son conceptos opuestos, sino aliados en el proceso educativo. En un momento en que muchos estudiantes están luchando con el aprendizaje, ¿realmente podemos permitirnos dejar de lado el humor?

Así que la próxima vez que pienses que estudiar lengua es un castigo, recuerda a José Antonio Francés y cómo su enfoque innovador está cambiando la cara de la educación. Porque si el aprendizaje se puede aliñar con un poco de humor, ¿quién no querría ser parte de la clase?