La vida es un escenario donde todas las emociones se entrelazan como los pasos de un coreógrafo hábil. «Bailar con la muerte» es una expresión que ha resonado en canciones, libros y charlas cotidianas, un sutil recordatorio de la fragilidad de la existencia. Pero, ¿qué pasa cuando llevamos esta metáfora a un nivel más literal? ¿Qué sucede cuando el cine se atreve a unir el tema más oscuro de todos, la muerte, con el espíritu vibrante de un musical? Esto es precisamente lo que hace Carlos Marqués-Marcet en su obra más reciente, «Polvo serán».

La metáfora de bailar con la muerte

Antes de sumergirnos en la película, reflexionemos un momento sobre la metáfora de “bailar con la muerte”. A menudo, usamos este dicho como un mecanismo de defensa, una manera de aligerar la carga de la realidad que enfrentan quienes lidian con enfermedades terminales. Frases como «luchar contra el cáncer» o «liberar una batalla» han saturado nuestras conversaciones, convirtiéndose casi en clichés vacíos. La verdad es que, al final del día, la vida y la muerte son dos caras de la misma moneda, y “Polvo serán” nos invita a mirar esta dualidad desde una perspectiva diferente.

Cuando la realidad se vuelve insostenible, a veces la única salida es convertir el dolor en arte. Marqués-Marcet no solo nos muestra a personajes que enfrentan la muerte; nos presenta un espacio donde la música y la danza se convierten en herramientas para navegar estos momentos turbulentos.

La trama de «Polvo serán»

La película sigue a Ángela Molina, en su papel de enferma terminal, que se ve inmersa en este universo musical. La trama se enriquece aún más con el personaje de Alfredo Castro, su pareja, que decide acompañarla en esta travesía. Desde el arranque, la película provoca en el espectador una mezcla de tristeza, humor y, por qué no decirlo, un poco de confusión. ¿Puede un musical sobre la muerte realmente funcionar?

Desde el primer acto, somos testigos de cómo los personajes se enfrentan a la dureza de una realidad ineludible pero, a su vez, encuentran motivos para celebrar la vida. La primera escena es un vívido despliegue de emociones: Ángela Molina grita desesperadamente mientras su casa se convierte en un extraño escenario donde una ambulancia transforma la tragedia en danza. ¿Quién pensaría que una ambulancia podría ser el inicio de una coreografía tan hermosa?

Un musical en el tema más oscuro

¿No es maravilloso cómo el arte tiene la capacidad de transformar el sufrimiento en belleza? Las canciones compuestas por María Arnal y las coreografías de La Veronal son una declaración de intenciones, enfatizando que incluso en los momentos más oscuros, la belleza puede florecer. Así, los números musicales, aunque no son excesivos, están llenos de momentos memorables.

Recuerdo una anécdota divertida mientras veía la película: había un momento donde Ángela Molina se lanza al agua con una estética que recuerda a Esther Williams, pero en lugar de la típica fantasía del cine clásico, aquí está rodeada de calaveras. ¡Ese es el giro de tuerca inesperado que nos hace reír, aunque haya lágrimas en los ojos! Esa combinación de humor y tristeza es un reflejo de nuestras propias vidas, donde a menudo nos reímos para no llorar.

La valentía de tomar decisiones en pareja

Un aspecto crítico que aborda “Polvo serán” es el concepto de decisión compartida en temas de vida y muerte. No solo es la protagonista quien decide poner fin a su sufrimiento; también se aborda cómo su pareja elige acompañarla en esta decisión. Este aspecto puede hacer que la audiencia medite sobre cómo estos tipos de decisiones afectan a las relaciones y a la familia.

Es un tema que nos toca a todos, ya sea de manera directa o a través de situaciones que hemos observado en otros. ¿Cuántas veces hemos tenido que sentarnos a discutir con nuestros seres queridos sobre decisiones difíciles? Marqués-Marcet, con su narrativa honesta y valiente, arroja luz sobre lo complejo de estas conversaciones, que muchas veces son completamente esquivas.

La representación de la muerte en el cine

Se ha dicho que la muerte es un tabú, un tema que a menudo preferimos evitar. Sin embargo, Marqués-Marcet se adentra en este terreno pantanoso con sensibilidad y elegancia. En lugar de representar la muerte como un enemigo a luchar, la presenta como una compañera de baile. La película, al parecer, da la vuelta a la narrativa típica donde siempre se debe “luchar” contra la muerte. En su lugar, lo que se propone es una reflexión sobre cómo aceptar la muerte puede liberarnos y permitirnos celebrar la vida.

Un dato curioso: inicialmente, la idea de “Polvo serán” no era un musical; de hecho, comenzó como un taller de creación con amigos del director que deseaban discutir el final de sus vidas. Es fascinante cómo las mejores historias a menudo surgen de nuestras experiencias más humanas. ¿Qué mejor forma de explorar algo tan universal y, sin embargo, tan personal como la muerte que a través de la música?

La influencia de la vida real

Los personajes de “Polvo serán” están inspirados en personas reales, en la vida misma. Marqués-Marcet ha declarado que su interés comenzó con un grupo de amigos que se encontraban en situaciones críticas, queriendo tomar decisiones de vida o muerte. La autenticidad que los actores, especialmente Ángela Molina y Alfredo Castro, aportan a sus personajes es un testamento a la profundidad emocional que se encuentra en la adaptación de historias personales al cine.

La línea entre la realidad y la ficción a menudo se desdibuja en este tipo de narrativas. En un mundo donde la ciencia y la ética parecen entrelazarse constantemente, el cine puede servir como un excelente vehículo para explorar estos dilemas. Mientras los personajes enfrentan la moribundidad, el público reflexiona sobre su propia existencia.

¿Puede el cine cambiar nuestra perspectiva sobre la muerte?

La respuesta, al menos en mi opinión, es un rotundo sí. El cine tiene el poder de influir en nuestras percepciones. Con “Polvo serán”, Marqués-Marcet se atreve a llevar el diálogo sobre la muerte a un nuevo nivel. Al centrar el enfoque en cómo encontrar belleza en la tristeza y a través de la música, se reduce el estigma. Lo que parece ser un tema doloroso se convierte en una exploración conmovedora de lo que significa ser humano.

Además, me hace recordar la vez que asistí a un funeral donde, en lugar del habitual tono sombrío, se decidió celebrar la vida de quien había partido. La música llenaba la sala, permitiendo que cada lágrima se convirtiera en risa a medida que se compartían anécdotas. Quizás, al igual que en “Polvo serán”, la muerte puede ser digna de celebración, no solo de lamento.

Conclusión: una obra para la reflexión

Al final del día, “Polvo serán” no solo es un musical, sino una invitación a reflexionar sobre nuestras propias vidas. Nos lleva a preguntar: ¿cómo enfrentamos la muerte en nuestras vidas? ¿Estaremos dispuestos a aceptar la danza, por dura que sea, en lugar de luchar contra ella?

Marqués-Marcet nos regala una obra que, a pesar de abordar un tema tan sombrío, logra ser divertida, conmovedora y profundamente humanista. Como espectador, uno sale del cine replanteándose muchas cosas. ¿Acaso no es eso lo que todos buscamos? Así que, si todavía no has visto “Polvo serán”, te recomiendo que te atrevas a sumergirte en esta experiencia cinematográfica. Después de todo, como dice el viejo refrán, hay que bailar como si nadie estuviera mirando, incluso si es con la muerte.

Así que, ¿preparado para el baile? ¡Porque aquí la vida es un vals, y todos estamos invitados!