Hoy quiero hablarles de un hombre que ha dejado una huella indeleble en la comunicación andaluza y que, a través de su vida y obra, nos dejó valiosas lecciones sobre la pasión, el amor a la tierra y el poder del relato. Jesús Melgar, un nombre que resuena en los oídos de muchos, ha sido un referente en la radio y la televisión, un verdadero hijo adoptivo de Algeciras, que se despidió de este mundo en 2024. Pero, ¿qué hace que su vida y su trabajo sean tan memorables? Acompáñenme en este viaje a través de su historia y descubramos juntos.

Un hombre de raíces deliciosas

Nacido en la Estación de San Roque en 1956 en una familia panadera, Jesús creció rodeado de aromas de pan recién horneado. Puedo imaginar los desayunos en su casa: ese olor a pan crujiente que se combina con la risa de sus hermanos y el amor de sus padres, Salvador y María. ¿Hay algo más reconfortante que el olor a pan en la infancia? Me atrevo a decir que pocas cosas se comparan a esa experiencia sensorial que forma parte de nuestras memorias más queridas.

Desde muy joven, Jesús mostró su pasión por la comunicación. Se subió al tren de la radio y, como él mismo dijo: “uno siempre anda buscando la forma de volver a su puerto, a su casa”. ¡Cuánta verdad en esas palabras! Todos tenemos un lugar al que deseamos regresar, ya sea un hogar físico o emocional. Jesús encontró su puerto en la radio, donde comenzó una carrera brillante.

Empezando en la radio: de mercanchifle a locutor

Imagínate a un joven Jesús con melena, haciendo malabares en Pelayo y vendiendo ropa marroquí. No era solo un mercanchifle, sino un espíritu libre en busca de su lugar en el mundo. Su humor y carisma le hicieron un empatizador nato, algo que fue crucial en su futura carrera como locutor. Él tenía esa capacidad especial de conectar con la gente, algo que muchos de nosotros desearíamos tener.

Por aquellos años, Jesús comenzó su carrera en la radio y no tardó en hacerse un nombre. Llevar a cabo una entrevista a Paco de Lucía o a Camarón no es algo que se le ofrezca a cualquiera, pero él lo hizo con destreza y respeto. En cada programa, lograba crear un ambiente cálido y, a menudo, rompía con convencionalismos, lo que le permitió destacar en un panorama sonoro cada vez más competitivo.

Aquí es donde quiero hacer una pausa: ¿alguna vez se han preguntado cuántas historias maravillosas se cuentan en un simple programa de radio? Para Jesús, cada transmisión era una oportunidad. Su humanidad y dedicación, junto con su inconfundible sentido del humor, se convirtieron en sus cartas de presentación.

Un amor enredado con Algeciras

Es imposible hablar de Jesús Melgar sin mencionar su conexión con Algeciras. ¡Qué hermoso es sentir el amor por un lugar! Sus palabras sobre la ciudad eran un auténtico homenaje: “Algeciras Mare es eso, mi madre, mi tierra, la que revivió los cuerpos de mis muertos y la que acogerá a mis gentes rebosantes de vida”. ¿Cuántos de nosotros podemos decir lo mismo? Es un acto de valentía abrazar nuestras raíces y a la vez reconocer que la vida se nos escapa de las manos.

Para Jesús, Algeciras no solo era un lugar físico; era una parte esencial de su identidad. La playa de Los Ladrillos, el olor a brea y el sabor de la horchata en el ambigú eran patrones que formaban el tapiz de su vida. Él las compartía con nostalgia y amor, evidentemente emocionado, casi como si nos invitara a unirnos a él en sus recuerdos.

La versatilidad de un comunicador

Jesús Melgar no se limitó a la radio. A lo largo de su carrera, trabajó en múltiples cadenas como la Cadena SER, Radio Nacional, Canal Sur, y muchos más. Su capacidad para adaptarse a diferentes medios y estilos fue una de sus grandes virtudes. Desde las risas y las anécdotas hasta momentos más serios y reflexivos, Jesús podía conectar con audiencias diversas.

Una de mis anécdotas favoritas es cuando se disfrazó de manager del grupo Hoy me siento italiano para cubrir los bombardeos en Bagdad durante la Operación Tormenta del Desierto. ¿Se imaginan estar en un lugar tan caótico, manteniendo el humor y la compostura? Es la esencia de un verdadero comunicador, el que encuentra luz incluso en los momentos más oscuros.

La familia como un pilar fundamental

A lo largo de su vida, Jesús tuvo varios roles importantes: padre, compañero, amigo. Su vida familiar estuvo marcada por el amor y la dedicación, desde su primer matrimonio hasta su unión con Lourdes Novella. Aunque en ocasiones el camino fue complicado, él siempre mantuvo a sus seres queridos en el centro de su vida. Recuerden que, al final del día, la familia es un refugio en este mundo caótico.

En sus propios términos, dijo: “La vida es un retorno a Ítaca”. La analogía con Ulises me parece brillante: todos buscamos ese lugar seguro, esa conexión familiar que nos da fuerza. A menudo, hay momentos en que nos sentimos perdidos, como navegando por mares inciertos, pero nuestras raíces son una brújula que nos guía.

Un legado de humor y autenticidad

A pesar de los inevitables golpes del tiempo, Jesús nunca perdió su humor. Era un hombre que sabía afrontar la vida con risa y autenticidad. Al escuchar sus historias y anécdotas, uno no puede dejar de sonreír. Su último proyecto era una serie titulada De Algeciras a Estambul, una travesía que prometía ser un viaje gastronómico y paisajístico del Mediterráneo. Si eso no es un reto para un aventurero, entonces no sé qué lo es.

Pero, reflexionando sobre él, me doy cuenta de que, aunque hizo planes que no llegó a cumplir, su espíritu sigue presente. Sus amigos decidieron pensar que simplemente salió de viaje, un viaje eterno. ¿Acaso no es ese el mejor legado que podemos dejar? La idea de que el amor, la risa y la pasión sigan vibrando incluso después de nuestra partida.

Un último adiós

El 2024 fue el año en que Jesús Melgar dijo su adiós, en una ceremonia que, fiel a su estilo, estuvo marcada por la profunda conexión con Algeciras. La falta del incienso, un símbolo de sus pensamientos sobre la iglesia, enfatizó su compromiso con la autenticidad. Esto nos recuerda que, aunque las ceremonias pueden ser solemnes, la verdadera celebración de la vida está en las memorias que formamos.

Si algo puedo concluir sobre Jesús Melgar es que nos enseñó a ser auténticos, a amar nuestras raíces y a enfrentar la vida con humor y pasión. ¡Qué nivel de energía y vitalidad dejó en quienes lo conocieron! En cada transmisión, en cada anécdota compartida, su voz seguirá resonando. Su legado perdurará en cada risa y en cada lágrima que hemos compartido.

Reflexiones finales: el poder del relato

Jesús Melgar nos recuerda la importancia de contar nuestras historias. Todos tenemos relatos que merecen ser escuchados, y es en el acto de compartirlos donde realmente encontramos nuestra conexión con el mundo. Mientras continúo escribiendo sobre su vida, no puedo evitar sentirme agradecido por la riqueza que el periodismo y la comunicación han aportado a nuestra cultura.

En un mundo donde a menudo nos sentimos desconectados, hombres como Jesús nos enseñan que las historias que compartimos tienen el poder de unirnos. Así que, la próxima vez que sientas el aroma del pan recién horneado o escuches una buena historia en la radio, piensa en Jesús Melgar y en cómo su legado sigue vivo en cada uno de nosotros.

Al final, él no solo nos dejó su voz; nos dejó un recordatorio de que hay que vivir la vida plenamente, con amor, autenticidad y buen humor. ¡Gracias, Jesús, por enseñarnos a escuchar, reír y amar!