¿Alguna vez te has preguntado qué es realmente la felicidad? ¿Es solo un concepto filosófico o hay formas concretas de medirlo? Si eres de los que se rinde ante la idea de encontrarle sentido a la felicidad, déjame contarte sobre un lugar donde han tomado el asunto tan en serio que han creado un Índice Nacional de Felicidad Bruta (GNH): Bután. Este pequeño país himalayo ha sido una revelación en la gestión del bienestar y el desarrollo, y su primer ministro, Tshering Tobgay, está al frente de esta innovadora propuesta. Así que, agárrate que estoy a punto de contarte todo sobre esto, incluyendo algunos detalles que seguramente no conocías.
La felicidad como filosofía de vida
En una época donde el Producto Interno Bruto (PIB) parece ser la única referencia para medir el éxito de un país, Bután ha optado por un camino diferente. Tshering Tobgay ha articulado que la felicidad y el bienestar de la gente deben estar en el centro de cualquier desarrollo. ¿Imagina un mundo donde el objetivo final no es solo el crecimiento económico, sino la satisfacción de la vida cotidiana? A veces, me animo a pensar en cómo sería mi vida si, en lugar de perseguir el dinero y las cosas materiales, persiguiera momentos de felicidad genuina. Tal vez es hora de que todos empecemos a pensar un poco como los butaneses.
¿Qué es el Índice Nacional de Felicidad Bruta?
El Índice Nacional de Felicidad Bruta es más que un merecido acto de amor propio por parte de Bután. Se trata de un enfoque integral que mide diversos aspectos de la vida humana, incluyendo la salud, la educación, el medio ambiente y la gobernanza, entre otros. En lugar de concentrarse únicamente en la economía, el GNH busca equilibrar el progreso material con el bienestar social. ¡Hablemos de equilibrio! Al final del día, ¿quién no ha sentido que le está faltando un poco de armonía en su vida?
La medición de la felicidad
Tshering Tobgay y su equipo se enfrentan al desafío de medir lo que muchos consideran intunable: la felicidad. Lo hacen mediante nueve parámetros que se desglosan en 33 indicadores, y estos a su vez se distribuyen en unas 150 preguntas que abordan desde el uso del tiempo hasta la vitalidad comunitaria. Hablaré desde mi propia experiencia: cuando me tomo un momento para reflexionar sobre cómo he pasado mi tiempo, me doy cuenta de que en muchas ocasiones, el ajetreo del día a día me desconecta de lo que realmente me aporta felicidad. Tal vez es algo que deberíamos hacer más a menudo.
Desigualdades en la felicidad
Un dato interesante es que el primer índice GNH fue medido en 2010, y desde entonces, Bután ha observado ciertas desigualdades en la felicidad de sus ciudadanos. La encuesta ha revelado que aquellos que viven en áreas rurales son, en general, menos felices que sus contrapartes urbanas. Algo que resonó en mí fue la relación entre el nivel educativo y la felicidad. Tobgay menciona que las personas con menos formación son generalmente menos felices. Reflexionando sobre esto, no pude evitar recordar mis años en la universidad, donde la búsqueda del conocimiento no solo me abrió puertas, sino que también enriqueció mi vida de maneras que nunca hubiera imaginado. Si solo cada país pudiera entender esto, quizás el mundo sería un lugar más alegre.
Además, el primer ministro señala que hay una brecha de felicidad entre hombres y mujeres. A medida que las mujeres trabajan más horas que los hombres, su felicidad general sigue siendo inferior. Si esto no es un llamado de atención para todas las sociedades contemporáneas, no sé qué lo es. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de la «carga mental» que enfrentan las mujeres en el hogar y en el trabajo? La verdadera prueba vendría de preguntar cómo podemos modificar estas dinámicas y hacer que la felicidad sea más accesible para todos.
Progreso vs. desafíos
Si bien estamos hablando de la felicidad nacional, Bután no es perfecto. Hay retos que aún deben ser enfrentados, como la pobreza y la emigración de jóvenes que buscan oportunidades en el extranjero. Muchos butaneses jóvenes se han graduado en la universidad y hablan inglés, pero se sienten atraídos por ofertas laborales más atractivas en otras partes del mundo. ¡Aquí es donde la economía de Bután tiene un papel importante que jugar! La cuestión es ¿cómo hacer que esos trabajos sean lo suficientemente atractivos para que no se sientan obligados a irse?
Tobgay señala que no pueden tener puertas abiertas a un turismo masivo, ya que eso podría destruir la razón por la que Bután es atractivo en primer lugar: su cultura y su espléndida naturaleza. Aquí el primer ministro habla con la sabiduría de alguien que ha sentido la crisis turística en su propio país. He conocido personas que han visitado lugares que, en mi opinión, han sido víctimas de su propio éxito turístico. El crecimiento descontrolado puede llevar a la deshumanización de esas experiencias.
La solución de Bután ha sido implementar una tasa de sostenibilidad para los turistas. Hasta ahora, han fijado un límite de 300,000 turistas al año, aunque solo han recibido cerca de 170,000 hasta ahora. Es un enfoque que permite proteger el patrimonio cultural y la biodiversidad, a la vez que se invierte en sanidad y educación. ¿No suena como un buen modelo a seguir para el resto del mundo?
Felicidad y el budismo
Finalmente, cabe mencionar que el budismo, que predominan en la cultura butanesa, impacta en los valores que sostienen el Índice de Felicidad Nacional Bruta. Pero, ¿cómo puede la espiritualidad influir en un concepto tan terrenal como la felicidad? En mi experiencia, los valores como la compasión y el respeto que provienen de filosofías o religiones pueden ofrecer un camino hacia una vida más equilibrada y plena. No es que Bután esté haciendo un llamado a todos a convertirse al budismo, pero quizás sí nos deja un mensaje clave: la felicidad puede ser realmente un enfoque más espiritual que material.
Una lección de felicidad universal
Así que, queridos lectores, lo que Bután y su Índice Nacional de Felicidad Bruta nos enseñan es que, al final del día, todos buscamos la misma cosa: un estado de bienestar. La búsqueda de la felicidad no debería ser un camino desolador ni un fin en sí mismo, sino un viaje que entrelaza el desarrollo sostenible, la educación integral y los valores humanos.
Imagina vivir en un mundo donde la felicidad se midiera con la misma seriedad que el crecimiento económico. Todo esto me lleva a preguntarme, ¿qué tan feliz eres tú realmente en este momento? A veces, en el frenético ritmo de la vida moderna, olvidamos responder a esa pregunta.
Entonces, mientras reflexionas sobre tu propia vida y la medida en que te hace feliz, recuerda a Bután y su búsqueda por integrar la felicidad en su tejido social. Quizás la felicidad no sea un destino, sino un viaje que vale la pena emprender, uno que está destinado a formar parte de la vida de todos, en todas partes del mundo.
Así que, ¿te animas a empezar a medir tu propio índice de felicidad?