La transición entre el calor del verano y el frescor del invierno no solo trae consigo cambios en el paisaje, también implica una modificación en nuestros relojes. Cada año, a finales de octubre, ese ritual moderno de atrasar la hora se repite, y mientras algunos lo celebran como la oportunidad de dormir una hora más, otros se ven arrastrados por las complicaciones que esta simple acción puede causar en nuestros cuerpos y rutinas. Entonces, ¿realmente queremos seguir con el cambio de hora?

Historia del cambio de hora: ¿necesidad o capricho?

El cambio de hora, instaurado en muchos países europeos durante la década de 1970 como una medida para el ahorro energético, parece una idea lógica en papel. La premisa es simple: si hay más luz durante el día, consumimos menos electricidad. Pero, como con muchas decisiones políticas, la realidad es más compleja.

Aquí en España, la historia del cambio horario se mezcla con el pasado político del país. En 1940, Franco decidió que los españoles debían alinearse con el horario alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, vivimos en un huso horario que no se corresponde con nuestra localización geográfica real. En lugar de un horario que funcione con el sol, estamos a una hora de Berlín y, potencialmente, a la sombra de una siesta más larguita.

La desventaja de una hora: ¿realmente se nota?

Lo que quizás muchos no saben es que, según un informe de la Comisión de Industria, Investigación y Energía del Parlamento Europeo de 2018, el impacto del cambio de hora es más marginal de lo que pensamos. Mientras que algunos economistas ven el ahorro energético como un hecho, otros apuestan a que esos beneficios no se obtienen de la misma manera en todos los países de la UE. Y aquí entra la famosa frase: «Spain is different».

Entonces, ¿es un cambio de hora o un cambio de vida? Puede que no sea tan fácil de responder como parece. Para muchos, la transición hacia el horario de invierno trae consigo efectos adversos en nuestros cuerpos, y eso es algo que deberíamos tener en cuenta cuando apagamos ese despertador el domingo por la mañana.

Ritmos circadianos: el reloj interno de nuestro cuerpo

Para aquellos que no son biólogos o científicos del sueño, el término «ritmo circadiano» puede parecer un galimatías. Pero, créanme, todos tenemos uno, y juega un papel crucial en nuestras vidas. Este mecanismo regula nuestros ciclos de sueño, vigilia, y hasta influye en nuestra temperatura corporal.

La neuróloga Pilar Alcántara, del Hospital Universitario de Torrejón, ha mencionado que las alteraciones de este reloj interno pueden llevar a problemas de sueño, ansiedad, y en algunos casos, hasta infartos. ¿Por qué? Porque un cambio de horario, especialmente en un país donde comer tarde y dormir poco son la norma, puede ser un verdadero desafío.

Un cambio de hora = múltiples problemas

El cambio de hora va acompañado de un efecto dominó: tras el cambio, pareciera ser que nos encontramos con un sinfín de problemas. Imagina que has sido un ave nocturna toda tu vida y el mundo decide que ahora debes ser un ave tempranera. De la noche a la mañana, el sueño se convierte en un enemigo y la luz del día brilla ferozmente justo cuando necesitas descansar.

La doctora Alcántara señala que después de cada ajuste horario, muchos pacientes reportan dificultades para dormir, así como un aumento en síntomas como dolor físico, falta de concentración y una cansancio extremo. Todo esto puede llevar a un estado de confusión y frustración. ¡Aguanta! ¿No debería ser que ganamos una hora extra de sueño? ¿Por qué entonces se siente como un castigo?

La ciencia de los sueños: entender el sueño-vigilia

Javier Albares, autor de «La ciencia del buen dormir», asegura que el horario de invierno es más beneficioso desde un punto de vista médico. Él argumenta que cuando nos levantamos antes de que salga el sol, resultamos afectados en nuestro ánimo y niveles de energía. En lugar de sentirnos descansados y llenos de vitalidad, a menudo nos encontramos con un “mood” que claramente refleja una mala noche de sueño.

También tiene sentido; no solo es el cambio de hora. Nuestros horarios sociales están en conflicto con nuestro reloj biológico. Ahora, imagina intentar cenar a las 11 de la noche y aun así levantarte al alba. La ciencia respalda que la calidad del sueño y su duración son vitales para nuestra salud en general, y cada cambio de hora juega una parte en alterar esto.

Cambios de hábitos: hacia un sueño de mejor calidad

Las buenas noticias son que hay esperanza. Alcántara sugiere que, para mejorar la calidad del sueño, es clave cambiar nuestros hábitos. Imaginemos una rutina donde, durante el día, nos exponemos a la luz natural y reducimos las luces artificiales por la noche. Esto puede ayudar a poner nuestro reloj interno en orden.

Piénsalo así: ¿quién no ha sentido una oleada de energía al salir al sol por la mañana? El mismo principio aplica para nuestro modo de dormir. De repente, el sol no es solo una fuente de luz, sino un farmaco que mejora nuestro estado de ánimo y recuperación.

Un dilema europeo: ¿quitarle las manecillas al reloj?

César Martín, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE), también ha abordado la cuestión del cambio de hora. Recalca que la tendencia en la UE es eliminar la práctica. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿qué huso horario deberíamos adoptar? ¿El de verano o el de invierno?

¿Es realmente práctico pensar que deberíamos alinearnos con el horario de Madrid o conformarnos con un horario más racional que se ajuste a nuestros verdaderos ritmos biológicos? La respuesta no es sencilla, y, honestamente, puede dar pie a unas cuantas charlas interminables en una cena familiar.

La importancia de la flexibilidad en el horario laboral

No todo radica en el cambio de hora, tampoco se trata solo de dormir bien o mal; se trata también de cómo nuestras actividades diarias alteran nuestro estado físico y mental. La cultura de la rigidez laboral en España podría ser una de las razones por las que no logramos desactivar el agotamiento. Horarios inflexibles, noches de trabajo y comidas tardías se combinan en una tormenta perfecta que interfiere en nuestra salud.

La propuesta hacia una cultura de flexibilidad laboral podría ser el cambio más significativo para aliviar la carga del mal dormir. Imaginen un mundo donde es aceptable hacer una pausa a media tarde para un café y unas tapas en lugar de estar sentado tratando de sobrellevar una difícil reunión. Suena tentador, ¿no?

Conclusiones: ¿celebrar o llorar por el cambio de hora?

Así que, volvamos a la pregunta inicial: ¿es realmente necesario el cambio de hora? Si bien la idea de ahorrar energía y fomentar el uso de luz natural tiene una lógica evidente, los efectos sobre la salud y el sueño no pueden ser ignorados. La realidad puede que esté más cerca de un dilema que de una solución definitiva.

Por una parte, algunos médicos ven la transición como algo manejable y pasajero. Pero, por otro lado, la pregunta sobre si debemos finalmente optar por un horario fijo y razonable es válida. Mientras el debate persiste, lo que cada uno de nosotros puede hacer es cuidar de nuestro sueño, adaptando nuestros hábitos a lo que nuestro cuerpo pide, ya que, como dice el viejo refrán: “más vale contar ovejas que perder el sueño”.

Recuerda, en este mundo lleno de cambios y amores perdidos, tu salud debe ser siempre tu prioridad. Luego de todo, la vida es corta… ¡pero el tiempo que pasas durmiendo debería ser sagrado!