Las palabras DANA y inundación resuenan en nuestras mentes como ecos de una tragedia que no debería repetirse. El 29 de octubre de 2024, la Comunidad Valenciana, Andalucía y Castilla-La Mancha experimentaron un desastre hidrológico que dejó a su paso 222 muertes y daños millonarios. ¿Podríamos haber evitado tal calamidad? En este artículo, exploraremos las causas, consecuencias y posibles soluciones a la crisis de la DANA, y reflexionaremos sobre lo que podemos aprender de esta amarga experiencia.
La jornada de reflexión en el Colegio de Ingenieros de Caminos
Recientemente, el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos organizó una jornada de ponencias en su sede en Madrid, enfocándose precisamente en esta calamidad. Miguel Ángel Carrillo Suárez, el presidente del colegio, resumió la jornada en unas pocas palabras que calaron hondo: «Lamentamos profundamente que no se hayan atendido las recomendaciones técnicas que venimos realizando sobre la construcción de las infraestructuras hidráulicas…». La tristeza en su voz resaltaba una realidad innegable: a veces, los seres humanos parecemos tener una habilidad especial para hacer caso omiso a la evidencia. ¿No es irónico que estemos más dispuestos a debatir que a actuar?
Las recomendaciones que se ignoraron
Carrillo mencionó que las infraestructuras que podrían haber mitigado el desastre ya estaban proyectadas desde hacía un tiempo. ¿Entonces, por qué no se construyeron? Tal vez el problema radica en esa eterna pelea política que parece paralizar la acción efectiva. Después de todo, ¿a quién le importa la infraestructura cuando puedes estar enzarzado en una disputa de culpas?
Estas preguntas son las que flotan en el aire, junto con la incertidumbre sobre cómo proceder. La desilusión en la comunidad de ingenieros es palpable; muchos de ellos han pasado años desarrollando planes viables que, al final, se desvanecieron en promesas olvidadas.
Causas y consecuencias: el efecto dominó de la DANA
Causas de la emergente crisis hídrica
La DANA, o Depresión Aislada en Niveles Altos, es un fenómeno meteorológico complicado de prever. Sin embargo, las consecuencias de su llegada suelen ser devastadoras. El enfoque medioambientalista ha intentado evitar la construcción de grandes infraestructuras en un esfuerzo por proteger nuestros ecosistemas, pero como mencionó Carrillo, a veces nos encontramos en un dilema: proteger el medioambiente o salvar vidas.
La Directiva Marco del Agua de la UE, promulgada en 2007, aboga por la gestión sostenible y la adaptación como la solución preferida. Pero cuando el agua sube y la tierra tiembla, esa política puede parecer menos útil, ¿verdad?
Consecuencias humanas y materiales
El coste emocional de una tragedia como esta es incalculable. Personas perdieron a sus seres queridos, sus hogares y sus recuerdos. En temas materiales, el gasto en reconstrucción asciende a 2.600 millones de euros solo en las infraestructuras destruidas y en la gestión de residuos. Imagínate intentar recuperar una vida normal después de perder todo en un solo día; es devastador. Y aquí entramos en la meticulosa planificación del futuro.
Mirando adelante: propuestas y soluciones
Es importante no caer en la desesperanza, sino buscar la manera de proceder. Durante la jornada del Colegio, se discutieron 42 propuestas concretas que, si se implementaran, podrían evitar que un desastre como este vuelva a suceder. Algunas de ellas incluyen:
- Encauzamientos de barrancos
- Reforestación de cauces
- Reparaciones de embalses
- Ampliaciones en infraestructuras de desagüe
Además, se planteó la necesidad de que un ingeniero de caminos esté al mando de las decisiones políticas relacionadas con la hidráulica. ¡Quién diría que un ingeniero podría ser el superhéroe que necesitamos! Pero en un sentido más serio, es fundamental que cada aspecto de la gestión del agua esté respaldado por la competencia técnica adecuada.
La necesidad de un pacto nacional del agua
Carrillo también hizo un llamado a un pacto nacional del agua que contemple las prioridades de toda la nación, más allá de intereses localistas y partidistas. ¿Acaso no es el agua un recurso común que deberíamos respetar y cuidar? A veces, parece que estamos más preocupados por nuestras certezas políticas que por el bienestar de nuestros ciudadanos.
Reflexionando: empatía y responsabilización
A medida que revisamos los hechos, la pregunta que surge es: ¿qué aprendimos? La tragedia del 29 de octubre no debe ser un recordatorio de lo que hemos perdido, sino de cómo podemos avanzar y mejorar. Las historias personales de quienes vivieron esa jornada deben ser el motor que impulse acciones concretas hacia un futuro más seguro.
Testimonios de valentía y solidaridad
Muchos rescatistas, vecinos y ciudadanos comunes demostraron una fortaleza impresionante durante la crisis. Desde ayudar a sacar a personas atrapadas en sus coches hasta organizar colectas para brindar asistencia a los desplazados, estas historias de solidaridad son un testimonio poderoso del espíritu humano. ¿No son esos los héroes anónimos que tanto necesitamos para recordarnos que siempre hay esperanza?
Humor en medio de la tragedia
Es fácil caer en la desesperanza, pero aquí es donde entra en juego el humor: a veces necesitamos una risa para aliviar el dolor. Tal vez podríamos imaginar a un ingeniero de caminos en una reunión del Gobierno, levantando una mano y diciendo: «¿Podemos por favor dejar de apuntarnos con el dedo y empezar a construir presas? Estoy seguro de que el agua prefiere los canales a las disputas políticas». Un toque de humor puede desdramatizar el tema y recordarnos que no todo está perdido.
Cierre y compromiso por un futuro mejor
Aunque las palabras pueden no llenar el vacío dejado por la tragedia, debemos recordarnos que cada uno tiene un papel en esta historia. Desde ingenieros e investigadores hasta ciudadanos comunes, todos podemos contribuir a prevenir futuros desastres. El agua es un recurso vital, y su gestión debe ser seria y prioritaria.
La DANA del 29 de octubre de 2024 fue más que una simple tragedia; fue una oportunidad para aprender, reflexionar y actuar. Si logramos unir fuerzas y trabajar juntos, con empatía y compromiso, tal vez el futuro que construyamos será más seguro y resiliente. Después de todo, como dicen, la esperanza es lo último que se pierde. ¡Así que manos a la obra, que la cuenta atrás para el próximo desastre no debe comenzar ya!