Introducción

En un rincón escondido de la Sierra Norte de Madrid, donde los robles centenarios se mezclan con las nubes y las montañas parecen susurrar historias de antaño, se encuentra Puebla de la Sierra. Un lugar no solo conocido por su belleza natural, sino también por su sorprendente legado artístico. ¿Te imaginas un pueblo donde, por cada habitante, hay un puñado de esculturas? Bueno, eso es Puebla de la Sierra. Ven, acompáñame en este viaje a través de la historia, el arte y alguna que otra anécdota divertida que me ha acompañado en el camino.

Un viaje en el tiempo: la historia de Federico Eguía

La historia de este pequeño pueblo se entrelaza con la de su ilustre artista más reconocido, Federico Eguía. Ahora, antes de que te imagines un genio atormentado trabajando en un estudio oscuro y desordenado, déjame decirte que Federico es todo lo contrario. Cada vez que lo veo en su taller, estoy convencido de que lo que realmente busca es compañía.

Federico, nacido en 1953, no ha olvidado aquel día de invierno hace seis décadas cuando su padre lo llevó a vender carbón vegetal en un viejo Ford V8 de 1934. Imagínate, 10 horas para recorrer 19 kilómetros. ¿No te parece que un viaje así parecía más una expedición al Everest que una simple venta de carbón? La nieve era tan alta que, a veces, el puerto se cerraba durante meses. Hoy, cuando las carreteras están perfectamente asfaltadas (porque sí, han pasado los años), recomienda a sus amigos de todo el mundo que visiten el valle antes de que el invierno llegue. Apuesto a que hay una razón detrás de su insistencia.

Puebla de la Sierra: más arte que habitantes

Con solo 88 habitantes, Puebla de la Sierra se jacta de ser el municipio menos densamente poblado de la Comunidad de Madrid. Según lo que reza en su web, es también el que más obras de arte tiene por habitante. ¡Imagínate vivir en un lugar donde las esculturas parecen más miembros de la familia que vecinos! En un día cualquiera, podrías salir a dar un paseo y regresar a casa habiendo tenido una conversación (aunque sea en tu mente) con el Minotauro de Jorge Egea, un artista que ganó una bienal y ahora es conocido en el mundo del arte. Quizás una charla sobre la vida o las dudas existenciales más profundas, como ¿por qué siempre se nos quema el pan en el tostador?

Pero la verdadera joya del lugar es el itinerario escultórico El Valle de los Sueños. Este recorrido, que se puede completar en un par de horas y no cuesta un céntimo, tiene más de 116 esculturas. ¡Sí, lo leíste bien! Es como caminar por un museo al aire libre, donde cada obra tiene una historia que contar. La Silla gigante de Meira, que se alza a más de cinco metros de altura, es una de las más impactantes. Solo imagina escalarla y sentirte como Pulgarcito en la casa del ogro. Puede que te dé un poco de vértigo, pero ¡hey!, al menos estás en buena compañía.

Arte y naturaleza: un equilibrio perfecto

Uno de mis momentos favoritos en Puebla de la Sierra es la sensación de tranquilidad que se experimenta al caminar por sus senderos. Además de las esculturas, la naturaleza también juega un papel crucial aquí. Entre los árboles se encuentra el Rebollo de las Puentecillas, un roble que ha vivido 400 años. Puedes decir que es un monumento, pero no uno que puedes tocar. Simplemente hay que admirarlo desde la distancia, como esos ex que preferimos que se queden en el pasado.

Y sí, ya sé lo que estás pensando: «¿Y la comida?». Bueno, no se puede hablar de Puebla y no mencionar la taberna “de antes de la guerra” que tiene su dueña Filo. La primera vez que entré, me sentía un poco como si estuviera en un episodio de “Vivir con miedo”. Pero tras un café endulzado con miel de un apicultor local, me di cuenta de que la historia aquí es tan dulce como la miel misma. Filo me convenció de llevarme a casa un tarro de mermelada de frambuesa que, honestamente, es uno de los secretos mejor guardados de la zona.

El arte japonés también se da cita

No podemos hablar de arte en Puebla sin hacer referencia a dos museos únicos. Uno de ellos es el Museo de Pintura Contemporánea Japonesa, pionero en España y que alberga más de 40 obras donadas por una asociación cultural del país del sol naciente. No, no es una broma; mientras los habitantes de Osaka disfrutan de la vida urbana, Puebla ha decidido hacer de su tranquilidad un espacio para el arte. Cada año, este museo recibe una nueva pieza que alimenta la colección.

El segundo museo, conocido como Museo de Obra Gráfica y Dibujo, se enriquece con obras de grandes como Picasso, Chillida, y Barceló. Y lo mejor de todo, ¡la entrada es gratis! En tiempos donde a veces pagamos una pequeña fortuna por ver arte, llegar aquí y encontrar una experiencia gratuita es un poco como ganar la lotería, solo que sin el riesgo y muchos menos números que recordar.

La bienal de El Valle de los Sueños: un panorama en evolución

A lo largo de los años, la bienal El Valle de los Sueños ha atraído a artistas locales e internacionales. En varias ocasiones, he visto a este grupo diverso trabajar en conjunto, creando una atmósfera de locura creativa a la que casi se puede oír palpitar el corazón del arte. Sin embargo, la pandemia interrumpió momentáneamente esta hermosa tradición. No obstante, Federico me ha asegurado que la próxima bienal se celebrará en 2025. Así que aquí te dejo un consejo: ponlo en tu calendario, porque será una experiencia que no querrás perderte.

Reflexiones finales: un viaje que vale la pena

Puebla de la Sierra es una hermosa mezcla de arte, naturaleza y un sentido de comunidad que se siente en cada rincón. Es un lugar donde cada escultura tiene una historia, cada árbol es un monumento, y cada taberna es un remanso de paz. Aquí puedes respirar el aire puro de la montaña, rodearte de personas apasionadas por lo que hacen y, lo más importante, sentirte como en casa.

Así que, si alguna vez te encuentras en Madrid y quieres escapar de la rutina, Puebla de la Sierra es el destino perfecto. Y quién sabe, tal vez encuentres una buena razón para quedarte un poco más de tiempo. Porque a veces, lo que realmente necesitamos no es un viaje a un destino lejano, sino una escapada a la belleza que está más cerca de lo que imaginamos.