Ah, la Guardia Civil de Tráfico. Esa institución que muchos asocian únicamente con los famosos controles de velocidad y las sanciones implacables. Sin embargo, lo cierto es que su día a día es mucho más rico y fascinante. Tuve la oportunidad de acompañar a dos agentes en la provincia de Córdoba, Manuel Hidalgo y Alfonso Teno, y salí con una nueva perspectiva sobre el trabajo que realizan. En este artículo, les contaré no solo sobre la dura labor de estos profesionales, sino también sobre anécdotas, momentos curiosos y, por supuesto, algunas lecciones de vida que nos dejan.
Más allá del acelerador: la visión integral de la seguridad vial
Antes de embarcarme en esta aventura, tenía el estereotipo clásico de que la Guardia Civil era como una versión moderna de los cazadores de velocidad. Vale, admito que las multas suelen ser lo primero que me viene a la mente, pero me sorprendí al descubrir que el enfoque de los agentes abarca muchísimo más. “Todos formamos parte del tráfico, justo desde el momento en el que ponemos un pie fuera de la cama”, me comentó Manuel. Y así es: cada uno de nosotros, al utilizar un vehículo, una bicicleta o simplemente al caminar, somos actores en esta singular obra llamada “tráfico”.
La jornada comienza por las carreteras principales
La primera parada fue en la Autovía del Sur, donde los agentes nos hablaron sobre los tramos más conflictivos, como la Cuesta del Espino. Este lugar tiene fama de ser un punto negro, pero no solo por los accidentes, sino también por la importancia de la vigilancia continua. “No solo se trata de evitar que los conductores pisen demasiado el acelerador”, añadió Alfonso, “también estamos aquí para controlar que el transporte se realice de forma segura”.
Y no hay mejor manera de explicarlo que mencionando a Rafael, un camionero con más de 60 años de experiencia. Cuando los agentes lo pararon, él solo quería desahogarse: “El trabajo de transportista es una mierda muy gorda…” Y pensar que, en mis ratos libres, me quejo de que el café de la oficina está frío. A veces olvidamos que otros trabajos tienen un nivel de sacrificio que nuestras quejas diarias no se pueden comparar. Rafael seguía relatando que, a pesar de lo duro de su labor, cumplía con todas las normativas porque, como él mismo decía, las sanciones son impagables.
Los inesperados auxilios y la humanidad detrás del uniforme
Mientras seguíamos la ronda, una furgoneta se averió en medio de una glorieta. La reacción instantánea de Manuel y Alfonso me sorprendió: no se lo pensaron dos veces antes de ayudar al conductor, empujando el vehículo hasta la cuneta para evitar situaciones peligrosas. “Los auxilios son muy frecuentes y, sin duda, son los servicios más satisfactorios para nosotros”, comentó Alfonso mientras sonreía. ¡Qué alivio saber que, en medio de una situación de emergencia, hay personas dispuestas a ayudar!
Esto me llevó a reflexionar sobre cuántas veces hemos sido testigos de situaciones similares y no hemos actuado. Por cierto, ¿alguna vez te has encontrado en una situación así? Esa sensación de querer ayudar, pero no saber cómo, es un dilema que todos enfrentamos en algún momento.
Conducción defensiva: una lección para todos
El recorrido continuó, y mis conversaciones con los agentes se volvieron cada vez más honestas. Hablamos sobre la percepción de protección que los conductores tienen al estar en sus coches. Como me decía Manuel, “en el habitáculo del coche, el ocupante tiene la falsa percepción de protección.” Es un punto interesante, sobre todo porque, a lo largo de mi vida como conductor, he sido testigo de cómo la gente se distrae con el móvil, se maquilla o, más increíble aún, se afeita al volante. ¡Es una locura!
Y aquí viene una pregunta retórica: ¿acaso no tenemos suficiente estabilidad en nuestras vidas como para mantener las manos en el volante? ¡Vamos! La vida es un viaje, pero no hay necesidad de convertirlo en una película de acción.
La tecnología al rescate
Los agentes también me hablaron sobre el sistema Tramo, una herramienta impresionante que ayuda a recopilar información sobre accidentes y su geolocalización. Esta base de datos ofrece una gran cantidad de detalles sobre cada siniestro, lo que permite a los agentes ser más eficientes en su trabajo. No puedo evitar pensar en cómo la tecnología ha revolucionado no solo la vida cotidiana, sino también profesiones que, hace unos años, se apoyaban completamente en la intuición.
¡Ah! Y también mencionaron la app de transportes y el sistema SIGO, que pueden consultar en tiempo real la información de los ciudadanos. Esto resulta bastante útil para detener a infractores que pueden tener un historial más oscuro. “Te encuentras con cada cosa”, compartió Manuel, llenando la conversación de un tono cómico mientras relataba anécdotas de su carrera. Esos momentos en los que un agente se topa con un ciervo en el maletero de un coche son recordatorios de que la vida puede ser mucho más extraña de lo que pensamos.
Control de drogas: una mirada a la realidad
La siguiente parada fue un control de drogas en el kilómetro 276 de la N-432. Con la seriedad que la situación requiere, Manuel y Alfonso se dirigieron a un conductor que levantó una alerta en el sistema. Al realizar la prueba de detección, el hombre no dudó en admitir que iba “puesto”. En ese momento, me di cuenta de cuán común es este tipo de situación en las carreteras. Aunque parezca un estereotipo de películas, es la cruda realidad.
Manuel comentó que, pese a que parece que la gente tiene más conciencia ahora que antes, la notoria disminución de infracciones no significa que todo esté bajo control. “No solo los fines de semana, sino todos los días, llevamos a cabo controles. La gran mayoría son conductores que han decidido arriesgarse”, añadió. Esto me hizo reflexionar sobre nuestras propias decisiones y cómo podemos ser responsables en lo que hacemos.
Una mirada empática hacia la sociedad
La interacción con el conductor multiplamente infractor terminó en disculpas por su comportamiento. “Agradecemos estos gestos porque la gente tiene que saber que estamos aquí para prevenir y contribuir a que las carreteras sean más seguras”, dijo Alfonso, visiblemente satisfecho con su labor de ayudar a otros.
Es fundamental recordar que, detrás de cada multa y cada control, hay un ser humano trabajando para hacer de nuestras carreteras un lugar más seguro. Hay mucho más detrás del uniforme que vemos todos los días en las carreteras. La Guardian Civil no es solo un símbolo de autoridad; es un grupo de profesionales empeñados en mejorar la vida diaria de todos nosotros.
Reflexiones finales sobre la labor de la Guardia Civil
Después de una jornada intensa con Manuel y Alfonso, volví a casa con una carga emocional distinta. He aprendido que no solo se trataba de multas y controles; había un profundo sentido de responsabilidad y humanidad. Como conductores, debemos recordar que nuestras decisiones afectan no solo nuestra vida, sino también la de los demás. En definitiva, la lección más valiosa que llevé conmigo fue la importancia de ser responsables al volante.
Así que, la próxima vez que vayas por la carretera, recuerda lo que hay detrás de las luces de sirena. Aunque a veces los veamos como los “villanos” de nuestras historias, en el fondo son héroes que buscan contribuir a un tránsito más seguro. A fin de cuentas, todos somos parte de la misma historia y, como dice la vieja frase, “más vale prevenir que curar”.
¿Y tú? ¿Cuál ha sido tu experiencia con la Guardia Civil de Tráfico? ¿Qué anécdota graciosa o curiosa te gustaría compartir? ¡Déjamelo saber en los comentarios!