Las primeras citas son como la ruleta rusa romántica, ¿no crees? No importa cuántas solicitudes de amistad hayas recibido ni cuántos perfiles hayas deslizado en apps de citas; al final del día, hay solo dos cosas que se pueden esperar: euforia o un estruendoso silencio. Pero, ¿qué ocurre realmente cuando una cita se convierte en un «¿nos tomamos la última en casa?», especialmente si ese «casa» pertenece a un actor porno? No, no estamos hablando de un sábado cualquiera en el sofá viendo maratones de series, aunque a veces puede ser igualmente tentador. Este artículo le da un giro a la narrativa habitual, estableciendo un diálogo sobre las expectativas, la intimidad y las costumbres en las citas contemporáneas.

¿A qué juega la sociedad? La relación entre citas y sexo

Seamos sinceros: en algún lugar de nuestras vidas, todos hemos estado ahí. Esa emocionante oferta de cenar, algunas copas, y de repente te sugieren dar el siguiente paso… hacia su casa. Es un clamor que resuena en el cine, en las charlas de bar y en las pesquisas de mercado. Pero, ¿realmente sabemos qué hay detrás de esa oferta?

En un estudio de Parship hace unos años, se reveló que un 33% de los hombres y un 15% de las mujeres decían estar abiertos a la idea de tener sexo en la primera cita. Ahora, si seguimos con las cifras, la proporción se eleva a un 58% de hombres y un 56% de mujeres que efectivamente lo hicieron. ¡Menuda fiesta, ¿verdad?! Pero esto plantea un dilema: ¿el sexo es la expectativa principal o simplemente un desenlace más de la cita?

El arte de interpretar señales

Podemos ver que la mayoría de las personas están, al menos en sus pensamientos, en la misma sintonía. Esa clara intención de mantenerte apartado de las torrijas o de armar un Lego de la catedral de Notre-Dame se respira en el aire. Y sin embargo, cuando se obsequian esas copas de más, las palabras y las intenciones se entrelazan como dos viejos amigos en una pista de baile.

Una amiga, Carlota, me dijo en una ocasión: «Si subo a casa de un hombre, voy a follar». Lo dijo con una seguridad que solo se puede conseguir luego de años de experiencia en el campo de batalla del amor. Otra llamada, Encarna, se quejaba de que, a veces, tanta charla provocaba que se quedaran dormidos. Y así, entre risas y anécdotas, se deslizaban por un sendero de experiencias vividas. Pero una pregunta persiste en nuestras mentes: ¿por qué esta lógica de las expectativas en citas?

La culpa y el miedo en las decisiones

Una de las cosas que más me llama la atención es cómo, aún en 2023, las mujeres siguen lidiando con la culpa por decir «no». En un mundo donde se les anima a ser asertivas, parece que aún estamos cargando con este pesado fardo emocional. La psicóloga Itziar Etxebarria, de la Universidad del País Vasco, estudió cómo esa culpa predomina más en las mujeres que en los hombres, y no es de extrañar. “La culpa es como ese amigo que nunca se va,” diría yo, parafraseando un pensamiento que me ronda la mente cuando las cosas no salen como se planearon.

La investigación revela que hay miedo a ser «la chica que no quiere» o, peor aún, «la desesperada». Pero, francamente, en esos momentos de euforia o vino tinto (porque esto tiene que incluir un toque de vino), esas decisiones son completamente válidas.

Alguien mencionó en un foro: «¿Por qué no puede ser que alguien quiera conocerte antes de intentar «fundar una familia» de manera rápida y eficaz?». Pues miren, la realidad es que sí hay quienes buscan una conexión emocional antes de dar el siguiente paso, pero el tiempo dirá si el sexo aprieta o afloja la relación.

Diferencias generacionales en la intimidad

Las cosas no son lo que solían ser. Un grupo de amigas más jóvenes, todas en sus treintas, parece tener una perspectiva diferente. La joven Ana me compartió su visión: «Para mí, subir a casa de un chico no significa que desee tener sexo. Solo es una búsqueda de intimidad y conexión». Mientras tanto, sus contrapartes de más de 40 años parecen compartir más el estigma de que la puerta de casa se abre hacia un desenlace personales y un poco menos inocente.

Imagina que intentas traducir esto a otro idioma (es decir, a la lógica masculina) y luego te das cuenta de que, en la mente de muchos hombres, una invitación a casa es casi un contrato implícito sobre el cual firmar esa noche. Una conversación en el foro Mediavida dejó a muchos estupefactos cuando una mujer dijo sentirse “como una desesperada” si se entregaba demasiado pronto. Es el tipo de presión social que a veces relega a las mujeres a una especie de juego de posibilidades.

¿Qué quieren las mujeres? Desmitificando la sexualidad femenina

Así que, en medio de esto, surge la eterna pregunta: ¿qué quieren realmente las mujeres? A menudo, los hombres se preguntan si no es el deseo o incluso si no es una relación lo que realmente buscan. He tenido mis propias decepciones en la búsqueda de respuestas.

Recordando mi propia historia, en un festival de música, conocí a un chico (sí, mucho más joven que yo) y hubo un chisporroteo inmediato. A medida que avanzaba la noche, se hizo evidente que quería que yo fuera a su casa. Lo rechacé, no solo por la diferencia de edad, sino porque sentí que había otras cosas en juego. Y, aunque la idea de una relación podría haber sido tentadora, algo más profundo me disuadió. Era como si sostuviera un centro de gravedad que subrayaba lo que realmente no quería.

Es interesante cómo las mujeres en mi círculo han expresado miedo, incomodidad o incluso la necesidad de anularse emocionalmente ante las expectativas que la sociedad les impone. Sin embargo, hay algo liberador en poder decir «no» mientras se sienten presentes.

La presión social y el empoderamiento

Las experiencias que comparto con mis amigas me llevan a reflexionar sobre cómo hemos sido influenciadas por la presión social. La famosa frase «los hombres sólo quieren una cosa» se reitera en nuestras cabezas. Pero, ¿es así? ¿O deberíamos considerar que, tal vez, no todos los hombres están en modo «folla fácil»? ¿Tal vez hay algunas flores de esperanzas que nadie ha olfateado?

Durante años, hemos sido bombardeadas con conceptos de amor y relaciones que pueden parecer un juego de video en modo de supervivencia: múltiples niveles, algunas batallas, pero al final, si ganas, puedes desbloquear algo aún mejor. Y sin embargo, muchas veces, es la presión y la culpa la que nos lleva por el camino incorrecto, incluso cuando creemos que todo está preparado y listo.

Reflexiones finales: reescribiendo nuestras narrativas

Así que, a medida que exploramos las ideas de la intimidad en la era moderna, cada uno de nosotros se encuentra ante una encrucijada. Debemos reescribir nuestras narrativas, ser honestos con nuestras intenciones y estar dispuestos a ajustar nuestras expectativas. Y sí, aunque un «¿te gustaría venir a casa?» puede sonar tentador, no siempre significa que haya un fin íntimo tras la puerta.

La autenticidad y la comunicación abren puertas a experiencias más satisfactorias. Quizás algunas veces será un festín de cocktails, y otras, simplemente disfrutar de la compañía. En fin, en este viaje de la vida, sólo nos queda añadir una pizca de humor y la certeza de que, al final del día, somos los creadores de nuestras propias historias.

Así que, la próxima vez que te encuentres frente a esa oferta de «la última en casa», pregúntate: ¿realmente te interesa aquel lugar, o podría ser simplemente un bar en pleno centro? La decisión es completamente tuya. ¡Salud! 🍷