La historia de los himbas, una tribu semi-nómada de Namibia, es un relato que nos habla de resistencia, adaptación y, desafortunadamente, desdicha. Estos hombres y mujeres, con sus cuerpos de color ocre y su cabello de barro, no solo nos cautivan por su apariencia distintiva, sino también por la profundidad de su sufrimiento, arraigada en un paisaje que, como sus costumbres, se ha vuelto cada vez más inhospitalario. ¿Qué sucede cuando el lugar que siempre has considerado tu hogar se convierte en una trampa mortal debido a la sequía y al cambio climático?

En este artículo, te contaré la historia de la tribu himba, su lucha por sobrevivir siendo testigos de un mundo en constante cambio, y cómo su vida se ha transformado en un éxodo hacia lo desconocido. Con un toque de historia personal, un poco de humor sutil y la empatía necesaria para entender su dolor, exploraremos juntos la realidad que enfrentan los himbas en la Namibia contemporánea.

Las raíces himbas: un pueblo en lucha por su identidad

Los himbas han vivido durante siglos en las vastas y áridas tierras del norte de Namibia y el sur de Angola, donde sus enormes rebaños de cabras y vacas son la fuente de su sustento y su identidad cultural. Estos semi-nómadas se han adaptado a un entorno brutal, aprendiendo a encontrar maneras de subsistir en un clima implacable. Sin embargo, la sequía extrema de los últimos años ha puesto en jaque su forma de vida.

Recuerdo un viaje que hice a Namibia el año pasado, donde conocí a algunas mujeres himbas vendiendo abalorios en Windhoek. Aquella imagen se quedó grabada en mi mente: cuatro mujeres corriendo de un semáforo a otro, intentando vender sus productos mientras el tráfico los ignoraba. Eso me hizo reflexionar sobre las autoridades y las decisiones que se toman a kilómetros de distancia, ignorando el sufrimiento de los que realmente están en el terreno. ¿Cuántas vidas se ven afectadas por decisiones tomadas desde un cómodo despacho, lejos de la realidad de un pueblo indígena?

Doble pandemia: covid y sequía

Como bien indica el dicho, «Cuando llueve, llueve sobre mojado». Para los himbas, la pandemia de Covid-19 se unió a una crisis de sequía que ya estaba destruyendo sus rebaños. En 2021, mientras muchos de nosotros nos aislábamos en casa y luchábamos con el encierro, ellos enfrentaban una batalla aún más devastadora.

La joven himba Kazenuko Ndunge, quien una vez soñó con ir a Europa, se convirtió en un símbolo de esperanza en medio de la desesperanza. Había aprendido a hacer pizzas y se encontraba trabajando en un restaurante de la ciudad de Opuwo. Pero incluso con su talento culinario, el futuro se tornaba incierto. ¿Qué hay de los sueños y aspiraciones cuando la tierra de uno ya no puede sostenerlos?

Cuando hablé con Kazenuko, recordé mis propias ansias de viajar y explorar; esos anhelos de juventud que a veces se encuentran con la cruda realidad. ¿Cuántos de nosotros hemos sentido que la vida nos empuja hacia un camino diferente al que habíamos imaginado?

Un éxodo cultural: el sur como condena y salvación

A medida que la situación se vuelve insostenible, el éxodo de los himbas se intensifica. «Vienen y divagan por las calles, muchos no tienen nada que hacer», comenta Gladys, una mujer namibia que ha sido testigo de la transformación de su ciudad. La imagen de los himbas deambulando por las calles es un triste recordatorio de su pérdida cultural. Su mundo, alguna vez lleno de espumas de agua y rebaños en movimiento, se convierte en una serie de entradas y salidas en la vida urbana, lejos de sus tradiciones.

La vida en lugares como Swakopmund, donde algunos han encontrado refugio trabajando en lodges turísticos, contrasta con la vida tradicional en el norte de Namibia. Es como si los himbas estuvieran atrapados entre dos mundos, cada uno con sus oportunidades y desafíos. En mi propia experiencia, he sentido a veces la lucha entre seguir mis sueños y mantenerme fiel a mis raíces.

La interacción con turistas: un arma de doble filo

Los himbas han aprendido a capitalizar el turismo a su favor, ofreciendo visitas a sus poblados a cambio de bienes básicos. «Gracias al turismo no tenemos que matar nuestros animales para sobrevivir», enfatiza el jefe Chikoko. Este cambio de vida ha traído a la comunidad una nueva forma de vida, donde el intercambio se realiza en especie. Aparentemente, recibir una visita de turistas podría verse como un rayo de esperanza en medio de la adversidad, pero ¿a qué costo?

El dilema se hace aún más palpable: ¿es posible preservar la cultura y al mismo tiempo beneficiarse de la economía moderna? Algunos himbas adoptan elementos del mundo moderno, como zapatos con suelas de caucho, mientras que otros luchan para mantener sus tradiciones. Es un tira y afloja que parece reflejar una lucha interna de todos nosotros en diferentes formas: ¿debemos adaptarnos o resistir?

La tragedia de la sequía: un enemigo invisible

La sequía es el verdadero villano en esta historia. Con la muerte de la mayor parte de su ganado a causa de la falta de agua y alimento, los himbas se ven forzados a abandonar sus tierras ancestrales en busca de un futuro incierto. Como un eterno ciclo de espera, el cielo que alguna vez proveyó, ahora se siente distante, casi como un mito antiguo. «Las lluvias vinieron de pronto, pero duran poco y desaparecen», comparte Bura Ivaka, una mujer himba que observa con resignación la lucha de su pueblo.

Como amante de la naturaleza, siempre he tenido una relación especial con el agua. Cada verano, ansío la lluvia, pero nunca me había planteado que para otros, este recurso es sinónimo de vida o muerte. Es fácil perder de vista estas realidades cuando la vida moderna parece infinita, pero para los himbas, es el oxígeno de su existencia.

El impacto del cambio climático: ¿conocido o desconocido?

Cuando tratamos de hablar del cambio climático con los himbas, es un término ajeno. La falta de un marco educativo que los conecte con el mundo moderno los deja vulnerables, enfrentándose al cambio en la inopia. Chikoko, el jefe de la comunidad, reacciona a la mención del cambio climático como si se tratara de un concepto de otro planeta. Para él y su pueblo, la ausencia de lluvias es solo una nueva realidad con la que deben lidiar.

¿Hasta qué punto podemos culpar a estos pueblos indígenas por no comprender un concepto que parece distante de su existencia? Es fácil desestimar su experiencia y conocimiento de la tierra al dictar fórmulas y políticas desde una perspectiva urbana. Pero, ¿no son sus tradiciones y sabiduría la verdadera clave para enfrentar el futuro?

Reflexiones finales: una búsqueda de identidad y esperanza

A medida que seguimos siendo testigos del dramático éxodo de la tribu himba, surge la cuestión de cómo podemos ayudar a preservar no solo su existencia, sino también su cultura. En mi camino hacia Opuwo, me encontré con un profundo sentido de conexión con estos pueblos olvidados. Eran más que simples turistas; eran personas llenas de historias y una rica cultura que merecen ser preservadas.

La historia de los himbas no solo abarca la pérdida, sino también la esperanza en tiempos difíciles. La vida moderna presenta desafíos innegables, pero su capacidad para adaptarse y mantener partes de su cultura es una señal de su resistencia. ¿Pueden los himbas encontrar un punto de convergencia donde tradición y modernidad puedan coexistir?

La respuesta no es simple, pero al final del día, quizás la clave radique en más que solo sobrevivir; se trata de encontrar un futuro que honre el pasado. La lucha de los himbas resuena por todo el mundo, recordándonos que, a pesar de las adversidades, la esperanza y la identidad cultural pueden prevalecer si se les da la oportunidad.