El reciente impacto de la victoria de Donald Trump en las elecciones de 2024 ha hecho que todos nos sentemos con una mezcla de asombro y preocupación. Si pensabas que las elecciones eran solo días de adrenalina y emociones, permíteme decirte que esto es mucho más que eso. ¿Cómo es posible que un ex presidente, con múltiples imputaciones penales, y un pasado lleno de controversias, logre no sólo volver a la Casa Blanca, sino hacerlo con una contundente victoria sobre su oponente? Ah, el arte de las elecciones en los Estados Unidos.

El regreso triunfal de un controvertido líder

En la madrugada del 7 de noviembre, en una sala colmada de seguidores eufóricos, Trump se dirigió a su multitud de simpatizantes en West Palm Beach, Florida, mientras buena parte del país todavía intentaba dormir o evaluar si había suficientes cafés en su sistema para seguir vigentes. Con un tono desbordante de confianza, comenzó su discurso diciendo: “Hoy empieza una edad dorada para Estados Unidos”. ¿Edad dorada? Más bien, una mezcla de nostalgia y espectáculos circenses.

Acompañado de figuras destacadas como J.D. Vance e incluso personalidades de alto perfil como Elon Musk, Trump proclamó la victoria, a pesar de que los resultados aún no eran definitivos. Uno no puede evitar preguntarse, con un toque de humor, si él tiene un acceso especial a una máquina del tiempo que le permite conocer el futuro. Aunque, siendo honestos, eso sería menos sorprendente que algunas de las decisiones que ha tomado.

La estrategia detrás del mensaje electoral

Lo que está claro es que Trump ha sabido captar el pulso de una parte significativa del electorado estadounidense. A medida que transitamos la era de las redes sociales, las opiniones de las masas están más fragmentadas que nunca. Sin embargo, la estrategia que ha utilizado parece ser casi mágica: abordar los miedos y preocupaciones de sus seguidores.

Seguramente recuerdas aquellos días en los que tus amigos alegaban que solo tomaban café de una marca específica porque había un “toque especial”. Lo mismo sucede con el mensaje de Trump: utiliza un guion que toca las fibras más sensibles de sus partidarios. Desde la inseguridad económica hasta la crisis migratoria, él ha posicionando al gobierno demócrata como el “villano” en esta narrativa.

Ese enfoque, unido a un trasfondo de tensiones políticas y sociales, ha resultado en una verdadera combinación explosiva. ¿Quién necesita una película de acción cuando tienes una campaña que promete deportaciones masivas y la «paz mundial» en un solo paquete?

¿Por qué volvió a ganar?

La gran pregunta del día es ¿qué lo hizo ganar? y aquí entra en juego la complejidad del contexto político estadounidense. Hay varias razones que, a mi parecer, son vitales en esta historia.

1. Un electorado polarizado

Los estadounidenses están divididos como si estuvieran en un tenso partido de fútbol entre los Yankees y los Red Sox. Según encuestas recientes, aproximadamente el 30% del electorado se siente fuertemente identificado con Trump. Esto se traduce en un grupo leal que está dispuesta a ignorar no solo los escándalos, sino también las imputaciones penales que enfrenta.

2. Una oposición fragmentada

La rivalidad de Trump con Joe Biden fue una de las más comentadas las pasadas elecciones, y con el sorpresivo candidato de Kamala Harris, la situación se tornó aún más confusa. La realidad es que muchos votantes no solo buscan a alguien que sea “mejor”, sino que anhelan “un cambio”, y para muchos ese cambio es Trump.

3. La narrativa de victimización

Durante su discurso de celebración, Trump cultivó una especie de mitología en torno a cómo luchó contra un sistema corrupto y cómo ahora el “pueblo estadounidense” había recuperado el control. Esto resuena con aquellos que se sienten impotentes o marginados en el sistema.

Recuerdo la primera vez que fui a un evento de protesta en mi juventud. Había tal energía entre los asistentes, un sentimiento de que estaban “cambiando el mundo”, aunque en ese entonces ni siquiera sabíamos a qué se referían con eso. Lo mismo se siente en estas elecciones; el fervor de los simpatizantes es innegable y contagioso, incluso desde lejos.

La era de la desinformación

En el ojo del huracán de la política actual se encuentra también la desinformación. Trump ha sido un maestro en utilizar las plataformas de redes sociales para difundir su mensaje y, en ocasiones, la confusión. Cuántas veces hemos visto titulares que aparentan ser una verdad inmutable, solo para desmoronarse con una simple búsqueda en Google, ¿verdad?

Por ejemplo, su recriminación sobre el fraude electoral fue una narrativa recurrente durante su campaña, similar en tono y estilo a su exitosa campaña de 2016. A pesar de que los hechos indican lo contrario, esto no ha impedido que una gran parte de su base acepte sus afirmaciones como una verdad absorbida y digerida.

La influencia de los medios de comunicación

La importancia de los medios nunca ha sido tan crucial como en este momento. En el mitin de celebración, la presencia de personajes como Tucker Carlson y un emocionado Elon Musk fue significativa. Estos influyentes no sólo respaldan a Trump, sino que su participación añade un nivel de legitimidad en un mundo donde la influencia de las redes sociales muchas veces supera la de los medios tradicionales.

La incertidumbre y el futuro del liderazgo

Poco después de su discurso, durante la noche de elecciones, comenzaron a surgir interrogantes sobre su capacidad para gobernar mientras enfrenta múltiples procedimientos legales. Este fenómeno abre la puerta a un sinfín de posibilidades inesperadas. ¿Podemos seguir hablando de política “normal” cuando la figura central ya no se ve como un político per se, sino como un artista del espectáculo?

El hecho de que Trump sea el primer ex presidente imputado en múltiples ocasiones es, sin duda, un punto de debate candente. La penumbra de la justicia lo persigue como protagonista en una película de Hollywood: siempre hay un desenlace inesperado. En este sentido, el escenario político se convierte en un teatro en el que cada movimiento, cada palabra, cuenta.

¿Y qué hay de la respuesta de la oposición? Podría ser fácil subestimar los sentimientos de aquellos que apoyan a Harris, pensando que todo está perdido. La historia ha demostrado que la resiliencia en política es como una planta que sigue floreciendo a pesar de las inclemencias del tiempo.

Conclusión: un nuevo capítulo en el libro de la política estadounidense

Así que aquí estamos, en un nuevo capítulo de la política estadounidense, con una figura que sigue generando tanto amor como odio. Donald Trump ha vuelto a la Casa Blanca, y aunque el contexto es diferente, sus seguidores parecen tan decididos como siempre.

¿Qué significa esto para el futuro de EE.UU.? Desde una perspectiva optimista, quizás la presencia de Trump desafiará a muchos a salir a votar y participar más activamente en el proceso democrático. Desde un enfoque más pesimista, este regreso podría exacerbar la polarización que ha marcado estos últimos años.

Una cosa es segura: cada elección en este país nunca se parece a la anterior. Ahora nos queda observar, reflexionar sobre lo que ha ocurrido y prepararnos para lo que viene. Sin duda, lo que está sucediendo es un recuerdo impactante de que en el escenario de la política, nunca puedes dar por sentado lo que puede suceder.

Así que, ya sea que ames u odies a Trump, prepara tus palomitas y ponte cómodo, porque este show apenas ha comenzado. ¿Quién está listo para la siguiente temporada?