La pandemia del COVID-19 cambió la vida de todos, desde la manera en que saludamos a nuestros amigos hasta cómo compramos papel higiénico (sí, me acuerdo de esa locura, ¿quién iba a pensar que el papel de baño sería un bien tan preciado?). Pero en medio del caos, también surgieron numerosos escándalos relacionados con la adquisición de insumos sanitarios. Recientemente, un informe fiscalizador reveló irregularidades significativas en el Servicio Canario de Salud, obligándonos a preguntarnos: ¿dónde se encuentran realmente los límites en la gestión de crisis?

En este artículo, nos sumergiremos en los detalles de este informe, explorando qué salió mal en la adquisición de material sanitario en Canarias y las implicaciones que esto puede tener para la administración pública y, por tanto, para cada uno de nosotros.

El Informe Fiscalizador: Más que una simple denuncia

El informe, que fue aprobado gracias a los votos de los consejeros propuestos por el Partido Popular y Coalición Canaria, denuncia que el Ejecutivo autonómico no cumplió con la normativa y se pasó por alto los topes de gasto establecidos. ¡Vaya manera de hacer las cosas! Según el informe, la Dirección General de Recursos Económicos del Servicio Canario de Salud autorizó gastos más allá de lo permitido, ¡sin pedir disculpas ni una migaja de autorización al Gobierno de Canarias!

Imaginen que están en una cena y, sin mirar el menú, ordenan un plato gourmet por más de 200 euros. La cuenta llega y no hay a quién reclamar porque el chef ya se ha ido, y tú te preguntas si realmente valió la pena. Esto es, en esencia, lo que ocurrió con las compras públicas durante la pandemia.

La sombra de las empresas proveedoras

Ahora bien, uno podría pensar que en tiempos de crisis, es aceptable tomar atajos (pensando como un “¿qué puede salir mal?”). Pero el informe nos dice que al menos dos de las empresas involucradas, como Soluciones de Gestión y Apoyo a Empresas S.L. y Injoo Technology S.L., no tenían el perfil necesario para vender material sanitario. Principalmente, porque su objeto social no tenía nada que ver con la salud pública. Es como si a mí, un simple bloguero, me ofrecieran un contrato para hacer cirugías estéticas; simplemente no encaja, ¿verdad?

Además, resulta que el importe total solicitado a las empresas auditadas ascendió a 81,9 millones de euros. Al parecer, el 62% de esos fondos se concentró en apenas cuatro empresas, y adivinen qué: dos de ellas no lograron “acreditar la solvencia profesional o técnica”. Puede que sea un vacío legal, pero se siente como si en una carrera, el corredor decidiera tomar un atajo en vez de seguir el camino designado, ¡y ni siquiera se molestara en disimularlo!

La trama Koldo y sus ramificaciones

En este escenario ya complejo, aparece la figura de Víctor de Aldama, conocido como el cerebro detrás de la llamada trama Koldo. Bajo su supervisión, se compraron más de dos millones de mascarillas KN95 y FFP2 para el Servicio Canario de Salud. ¿La trampa? Resulta que las empresas encargadas de la distribución no estaban a la altura. Ahora cuestionamos no solo la moralidad, sino también la legalidad de estas tus estrategias de compra.

Uno podría imaginar que comprar mascarillas en medio de una pandemia sería un acto de heroísmo, pero este caso nos recuerda que algunas decisiones, en nombre de la prisa, pueden estar llenas de trampas e irregularidades. Digamos que el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones, pero también lleno de desvíos peligrosos.

Las preguntas difíciles: ¿quién es responsable?

A medida que los hechos se desarrollan, la pregunta que flota en el aire es: ¿quién es el responsable de estas decisiones? La Audiencia de Cuentas ha tomado la delantera en estas denuncias y ha remitido el informe al Parlamento canario. Esta situación no solo afecta a las personas responsables, sino que también lanza sombras sobre el futuro de la gestión pública en las islas.

Ahora no estamos hablando solo de mascarillas; estamos hablando de confianza pública. Este tipo de escándalos arrebata el sentido de seguridad que deberíamos tener en nuestro sistema sanitario. ¿Cómo puede el público confiar en las decisiones de gasto si se evidencia que se están tomando atajos a expensas de lo público?

La falta de control: un callejón sin salida

El informe también menciona un contrato de 4 millones de euros a la empresa RR7 United a cambio de un lote de mascarillas que, curiosamente, nunca llegó. En el mundo de los negocios, esto sería como pedir una pizza y, después de esperar dos horas, recibir… nada. Solo para ser confrontado por el repartidor, que, por cierto, no es el mismo de la pizzería original, y lo que te ofrece es un par de panecillos. La frustración es real, y esas experiencias no se olvidan fácilmente.

Los casos de empresas cuya capacidad de obrar ha sido cuestionada pone de manifiesto que la normativa podría no estar funcionando como debería. En algún momento, la administración publica a todos, lo que significa que, claramente, se necesita más control. Como ciudadano, uno se pregunta: “¿por qué se permitió que esto sucediera?”

La voz ciudadana: una llamada a la acción

Mientras escribo estas líneas, no puedo evitar reflexionar sobre cómo todos estos temas nos afectan de manera individual. La confianza en nuestros gobiernos es fundamental, y cuando surgen estas irregularidades, todos salimos perdiendo, especialmente en tiempos de crisis. Uno esperaría que, en momentos de emergencia, el enfoque estuviera en el bienestar colectivo, no en llenar los bolsillos de unos pocos.

Como ciudadanos activos, debemos ser vigilantes y garantizar que quienes toman decisiones en nuestro nombre actúen en nuestro mejor interés. ¿No es acaso nuestra responsabilidad asegurarnos de que nuestros representantes rindan cuentas? La respuesta es sí.

La participación en foros, encuestas y simplemente expresar nuestras preocupaciones son pasos importantes para empoderarnos y asegurarnos de que nuestros gobiernos sean responsables. No podemos dejar que los escándalos se conviertan en un fenómeno cotidiano.

Reflexiones finales: un futuro más claro

En conclusión, el escándalo sanitario de Canarias es un recordatorio estridente de algunas lecciones que nunca deberíamos olvidar. Recuerda que en tiempos de crisis, algunas personas pueden aprovecharse de la situación de formas que no podemos imaginar. Siempre que abordemos estos problemas con honestidad y coraje, habrá esperanza de un futuro en el que las cosas se manejen de manera diferente.

La gestión de la crisis no solo tiene que ver con la erradicación inmediata de problemas, sino con garantizar que lo que aprendemos de ellos se traduzca en mejoras de eficiencia y control en el futuro. De lo contrario, solo nos queda la opción de seguir comiendo pizza sin que nos la sirvan.

Este informe puede ser una ola de preocupación, pero también puede ser una puerta abierta hacia la mejora. Aprendamos de los errores del pasado y construyamos un mañana donde la responsabilidad y la ética sean prioridad. Así que, si ves a alguien saltándose los límites en la próxima crisis, no dudes en señalarlo. Porque, al final del día, todos estamos en esto juntos.