En la política, así como en la vida cotidiana, hay ocasiones en las que la realidad supera la ficción. A veces, parece que estamos viviendo en una mala película de terror donde los protagonistas son personas que, en lugar de construir una sociedad más justa, se empeñan en perpetuar comportamientos que, sinceramente, deberían ser cosa del pasado. Este es, sin duda, el caso de lo que ocurrió en el pleno municipal de Sant Cugat del Vallès, donde la concejal de la CUP, Ariadna Sierra, hizo una denuncia escalofriante y absolutamente inaceptable: el acoso que ha sufrido por parte de Josep Arcas, un militante de la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC).
Un pleno que se tornó en un escenario de acoso
Durante el pleno municipal, Ariadna Sierra tomó la palabra para no solo abordar ciertos temas críticos, sino también para exponer lo que había estado viviendo a manos de Arcas. ¿Te imaginas estar en una sala donde deberías sentirte segura, apoyada por tus colegas y compañeros, y sentir cómo las miradas desaprobatorias se convierten en cuchillos en la espalda? No, no es una escena de una película de miedo, aunque podría serlo. Lo que hizo Ariadna fue más que un simple acto de valentía; fue un grito de auxilio en un entorno que, por lo visto, todavía lucha con los fantasmas del machismo.
Mensajes machistas y condones en mano
Ariadna no solo se atrevió a hablar sobre el acoso, sino que detalló cómo este nuevo «artista» del acoso —Josep Arcas— la había perseguido con condones en mano y le había enviado mensajes de contenido machista. ¿Realmente alguien no le ha dicho que hay más de una forma de llamar la atención? Y no, no se trata de apuntar a las partes íntimas de una persona con condones. La concejal reveló que Arcas manipuló fotos de ella, sugiriendo que se pusiera un burka, un acto que, además de ser ofensivo, reduce a la mujer a un estereotipo grotesco. ¿De verdad esto sigue sucediendo en pleno siglo XXI?
Después de su intervención, varios partidos políticos —incluyendo ERC y PSC— dieron su apoyo a Ariadna, mientras que el alcalde, Josep Maria Vallès, optó por una respuesta desalentadora: “Tomamos nota”. Sí, igual que cuando tu madre se da cuenta de que dejaste tu habitación hecha un desastre y solo dice que «tomará nota» en lugar de actuar. ¿Acaso no deberían nuestras figuras políticas ser más proactivas en lugar de reaccionar pasivamente?
La cultura del silencio y la complicidad
Es alarmante, pero no sorprendente, que la respuesta a las denuncias de acoso a menudo se sumerja en un mar de silencio. ¿Cuántas veces hemos escuchado la frase «no es mi problema»? Para muchas mujeres que se atreven a dar un paso adelante para hablar sobre su experiencia, el silencio se convierte en un pesado manto que las oprime. En este caso, el nuevo líder de la CUP, Non Casadevall, expresó que hay un “silencio muy ensordecedor por parte del alcalde”. Cuando la gente en el poder decide ignorar, se perpetúa un ciclo de agresiones y silencio, y eso es simplemente inaceptable.
Una disculpa sin sentido
En un giro irónico que parece sacado de un guion de comedia negra, Arcas pudo volver a intervenir y ofreció una disculpa a Ariadna. Pero su disculpa venía adornada con una frase desafiante: “De la última persona que aceptaría lecciones es de usted”. ¡Vaya forma de asumir la responsabilidad! Si alguna vez te preguntaste cómo se siente recibir una disculpa que se siente más como un ataque, aquí tienes tu respuesta. Uno esperaría que después de ser denunciado por acoso, la humildad de reconocer sus errores estaría en primer lugar en la lista de respuestas.
Reflexionando sobre el machismo en la política
Lo que ha sucedido en Sant Cugat es un reflejo de lo que enfrenta cada mujer que se atreve a ocupar espacios de poder. Ariadna, en su intervención, puso en evidencia no solo su experiencia personal, sino algo mucho más grande: la plena representación de lo que las mujeres viven en el ámbito político. ¿Cuántas Ariadnas más hay en el mundo, calladas por miedo o falta de apoyo?
Sin lugar a dudas, el machismo está presente de manera insidiosa en todos los niveles de la política. Las mujeres, a menudo, son vistas como menos competentes o son solo un “complemento” en una mesa de decisiones. Lo único que logran estos comportamientos es rescatar los peores instintos primitivos que creíamos desterrados.
¿Y ahora qué?
Ariadna Sierra ha decidido no emprender acciones legales, al menos por ahora. ¿Debería haberlo hecho? La respuesta a esta pregunta no es sencilla. La violencia simbólica puede ser igual de devastadora que la violencia física, y quizás la opción de no actuar legalmente es una forma de «no dar poder» a sus agresores.
La culturización del machismo y la misoginia deben ser desmanteladas sistemáticamente. Es crucial crear un entorno seguro donde las mujeres puedan expresarse sin miedo a represalias. Sin embargo, también es esencial que las instituciones, tanto políticas como sociales, respondan y actúen sobre estas inquietudes con sinceridad y urgencia.
Un llamado a la acción
Tal vez tú, que estás leyendo esto, te estés preguntando cómo puedes hacer la diferencia. Una opción es estar al tanto de lo que sucede en tu comunidad, apoyar a las organizaciones que luchan contra la violencia de género y empoderar a las mujeres a que se expresen. Escuchar y dar visibilidad a sus historias es un primer paso vital. En tiempos donde los ecos del machismo resuenan con más fuerza que nunca, ser un buen aliado es clave para construir un futuro más equitativo e inclusivo.
En conclusión, el caso de Ariadna Sierra pone en evidencia la urgencia de erradicar el machismo no solo en Sant Cugat, sino en todo el mundo. La política debería ser un espacio donde las ideas florezcan, no donde los ataques personales se conviertan en el pan de cada día. Al final del día, todos queremos ser vistos como personas, no como objetos, y es hora de que la política empiece a entenderlo.
Y tú, ¿qué piensas sobre esta situación? ¡Hablemos!