El día 17 de diciembre marcó una fecha crucial para el futuro de la medicina madrileña. En el Pequeño Anfiteatro del Colegio de Médicos de Madrid (Icomem), una convocatoria que resonó en todas las áreas de la sanidad no solo de Madrid, sino a nivel nacional, se llevó a cabo un debate electoral que reunió a tres candidatos relevantes: Manuel Martínez-Sellés, actual presidente del Icomem, Esther Rubio y Tomás Merina. El ambiente, impregnado por el olor a pintura fresca tras recientes reformas costosas, estaba cargado de expectativas y tensiones, reflejando el clima crítico que atraviesa la atención sanitaria en la región.

Las caras del debate: una elección en juego

Al entrar en el auditorio, me encontré con aproximadamente cien colegas, todos tan ansiosos como yo por escuchar las propuestas de quienes se presentan como futuros líderes de nuestra comunidad médica. La presencia de Martínez-Sellés, quien busca la reelección, no pasaba desapercibida. Su candidatura, denominada «Primero Médicos», prometía poner en primer lugar a la profesión, un reclamo que ya ha resonado en otros ciclos electorales.

Por otro lado, Esther Rubio, una nefróloga del hospital Puerta del Hierro, se autodenominó la candidata “más independiente”, un mensaje que muchos médicos deseaban escuchar en tiempos de tantas polémicas. Mientras tanto, Tomás Merina, exgerente del hospital Fuensanta, apareció con un programa electoral que, a su decir, contaba con «35 páginas», argumentando que su propuesta era la más elaborada y completa.

El dilema de la sanidad: ¿quién defiende a los médicos?

Durante el debate, uno de los temas que provocó más reacción fue la situación crítica que enfrenta la sanidad madrileña, sobre todo en Atención Primaria y Pediatría. A muchos de los presentes nos causó risa amarga escuchar cómo, hace un par de años, algunos de nosotros nos manifestábamos con carteles de “¡más tiempo por paciente, menos saturación!”. Sinceramente, no pude evitar recordar aquel frío día en que la multitud gritaba exigiendo cambios, exhibiendo pancartas que ahora parecen parte de una pesadilla recurrente en la que, por más que intentemos despertar, los problemas persisten.

Martínez-Sellés intentó desmarcarse de las críticas al asegurar que su deber era «defender a todos los médicos por igual». Sin embargo, sus palabras resonaron como un eco vacío en un auditorio repleto de incertidumbre. Después de todo, ¿cuántos de nosotros, médicos de atención primaria, podemos realmente sentir que estamos siendo defendidos?

Animando un poco la discusión, Esther Rubio destacó su independencia, una carta de presentación que buscaba despejar las dudas sobre cualquier posible alineación política que pudiera comprometer su objetividad. Me sentí un tanto aliviado al escucharla, porque honestamente, el sistema de salud necesita más voces como la suya.

Cifras que hablan por sí mismas: la gestión económica de Icomem

El debate se tornó más intenso cuando aparecieron las cifras. ¿Cincuenta mil médicos en la Comunidad de Madrid y una de las cuestiones más debatidas es cómo han sido manejadas las cuentas del Icomem? Merina puso en tela de juicio la gestión financiera actual destacando el contrato de arrendamiento de la sede antigua, algo que sonaba a un mal negocio.

A veces, me pregunto si los números son más importantes que las historias que hay detrás de ellos. Me gustaría escuchar a los miembros de la junta hablando de nuestros pacientes, de nuestras experiencias, en lugar de centrarse exclusivamente en las cifras. Pero bueno, supongo que esos son los problemas de ser un médico en un lugar donde nos han enseñado a ver el corazón de todos, excepto el de la institución que nos agrupa.

Propuestas y promesas en el aire

Una de las promesas que resonaron durante el debate fue la implementación del voto telemático, algo que había generado expectativa entre los presentes, ya que podría facilitar el acceso al proceso electoral. Sin embargo, Amyts, uno de los sindicatos médicos más relevantes, hizo eco en las redes sociales sobre que ni los centros de atención primaria contaban con mesas electorales. Es como si nos prometieran una cena gourmet, pero solo nos servieran una magdalena. La frustración es palpable.

Y en mi mente regresó la imagen de pacientes que, desesperadamente, entran en nuestras consultas esperando recibir la atención que merecen. Si nosotros mismos, como médicos, no somos capaces de organizarnos, ¿qué podemos ofrecer a quienes confían en nosotros para su salud?

Empatía ante la adversidad: una comunidad en pie

A pesar de que el debate estaba lleno de tensiones y reproches, también hubo momentos de sinceridad. Cuando Martínez-Sellés recordó a los compañeros que fallecieron durante la pandemia, sentí una punzada de tristeza y nostalgia. Eso es lo que verdaderamente une a nuestra comunidad médica. No se trata solo de números, sino de vidas humanas, de historias compartidas y de luchas comunes. Muchas veces me encuentro pensando en cómo estos problemas afectan a mis colegas y a mí, no porque estemos en guerra entre nosotros, sino porque el sistema nos ha colocado en una situación insostenible.

Reflexiones sobre el futuro

Como médico, es mi deber seguir luchando por un sistema de salud que funcione para todos, porque si no cuidamos de nosotros mismos, ¿quién lo hará por nuestros pacientes? Mientras escuchaba las intervenciones, me pregunté qué legado dejaremos a las futuras generaciones de médicos. ¿Van a recordarnos por nuestra falta de unidad y visión o, en cambio, por nuestros esfuerzos por crear un entorno más justo y equitativo?

Esther Rubio, con su llamado a una campaña limpia, evocó esa necesidad de cambiar la narrativa. No podemos permitir que los bulos y la desinformación se interpongan en nuestros esfuerzos por mejorar el sector. A veces me pregunto, ¿acaso no somos todos parte de un mismo equipo? Esa es una pregunta que resuena en cada rincón del auditorio.

Conclusiones: la importancia del voto en unidad

A medida que se aproxima el 17 de diciembre, es fundamental que cada médico en Madrid reflexione sobre la importancia de su voto. En una elección donde el futuro de la atención médica y la defensa de nuestros derechos están en juego, nuestro compromiso no puede ser casual. La participación es crucial, no solo para hacernos escuchar, sino para construir un Icomem que realmente represente las necesidades y preocupaciones de la comunidad médica.

Así que, el próximo mes, al levantar la mano para votar, recordemos que estamos no solo eligiendo a un liderazgo, sino definiendo el rumbo de nuestra profesión. En un escenario donde todos compartimos sueños y desafíos, es esencial que trabajemos juntos para que nuestras voces sean escuchadas. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros tiene una historia que contar y un papel que desempeñar en la construcción de un futuro mejor para todos en la atención médica de Madrid.