La reciente crisis política en Austria ha dejado a muchos ciudadanos completamente atónitos. Tras las elecciones parlamentarias del pasado 29 de septiembre, en las que la ultraderecha de Herbert Kickl ganó con un sorprendente 28,8% de los votos, el panorama político se encuentra más dividido que nunca. El presidente Alexander Van der Bellen ha tomado decisiones difíciles, encargando al actual canciller Karl Nehammer la formación del próximo gobierno, y la situación podría tomar rumbo de montaña rusa. En este artículo, exploraremos los entresijos de esta compleja coyuntura política, mientras nos preguntamos: ¿realmente es posible encontrar un consenso en un ambiente tan polarizado?

El encargo del presidente: una jugada arriesgada

Como observador de la política austriaca, debo decir que la decisión del presidente Van der Bellen de encargar al canciller Karl Nehammer la formación del nuevo gobierno es una jugada arriesgada, aunque honesta. Van der Bellen, un exdirigente de los Verdes, ha manifestado en varias ocasiones su preocupación por la creciente influencia de la ultraderecha, que, entre otros problemas, a menudo coquetea con el euroescepticismo y con figuras políticas controvertidas. ¿Quién podría imaginar que el líder que negaría el poder a los radicales sería uno que alguna vez fue parte de un partido verde que proponía la inclusividad y la estabilidad?

Sin embargo, la realidad es que la antigua tradición de encargar a la ÖVP (los democristianos) el liderazgo del gobierno está en juego. ¿Es correcto ignorar la voluntad del votante, aunque esa voluntad venga de un partido que ha sido, digamos, cuestionable en sus propuestas?

En su discurso, Van der Bellen hizo un llamado a la necesidad de un gobierno que sea estable e íntegro, resaltando la importancia de la responsabilidad. Él no podía simplemente mirar hacia otro lado mientras las fuerzas del extremismo se fortalecen. La pregunta ahora es: ¿serán capaces los líderes del ÖVP y del SPÖ (los socialdemócratas) de dejar de lado sus diferencias y encontrar un terreno común para trabajar?

La difícil danza de las coaliciones

Si alguna vez has intentado organizar una cena con amigos que tienen gustos culinarios muy distintos, sabrás lo complicado que es. Eso es exactamente lo que enfrentan Nehammer y su equipo a medida que buscan alianzas. Los socialdemócratas, liberales y ecologistas han descartado rotundamente cualquier coalición con la ultraderecha. Esto significa que Nehammer tendrá que estrujar al máximo su creatividad para lograr un acuerdo viable.

Es interesante notar que el conservador ÖVP ya ha trabajado con los ultras en varias regiones de Austria, pero esto no implica que Nehammer tenga la misma estrategia a nivel nacional. Aunque ha sido diplomático al mencionar que hay «gente razonable» en su partido, no podemos olvidar que la sombra de Kickl sigue siendo un obstáculo considerable.

La propuesta de formar un tripartito podría ser la única opción viable. Sin embargo, como sabemos, las cartas se barajan por igual y jugar con tres partes puede acabar siendo un juego de “quien se queda con el peor resultado”. ¿Será posible que tres partidos con ideologías varias logren un acuerdo?

La voz del desencanto: Herbert Kickl

Herbert Kickl, líder de la ultraderecha, no ha tardado en expresar su desdén por la decisión de Van der Bellen. En sus redes sociales, se refirió a la elección del presidente como una “bofetada en la cara” para muchos austriacos. Con su característico estilo performático, Kickl se ha propuesto convertirse en el abanderado de la «voluntad del pueblo», aunque muchos, incluyéndome a mí, nos preguntamos: ¿qué pueblo? La polarización en Austria es profunda, y la pregunta de quién representa realmente a la nación parece complicarse cada vez más.

Las preocupaciones sobre el futuro de la democracia liberal, el Estado de derecho y la seguridad son temas graves que Kickl ignora, y el resto de los partidos están cada vez más decididos a no dejar que su partido influence a la política nacional. El hecho de que su partido, el FPÖ, no lleve a cabo una propuesta viable de gobierno hace que la situación sea aún más delicada.

De hecho, Van der Bellen ha expresado que la gran inquietud de los servicios de inteligencia extranjeros en cuanto a la posible participación de Kickl en el gobierno es algo que merece ser considerado. Aquí es donde el eslogan “Es por la seguridad” ya no se aplica solo a las fronteras, sino a la propia estabilidad del país.

La necesidad de compromisos

En medio de esta tormenta, el presidente Van der Bellen ha instado a conseguir compromisos y, de algún modo, parece estar actuando como el mediador de esta intrincada danza. Es un líder que, a pesar de todo, intenta mantener la cordura en un país que se siente cada vez más fragmentado. En su alocución, enfatizó la necesidad de que los partidos busquen soluciones a los obenes que enfrenta el país. ¿Podrán los conservadores y socialdemócratas acercar posturas y encontrar un terreno común en medio de esta feroz polarización?

La distancia programática entre ÖVP y SPÖ es notable, y eso podría llevar a más desencanto entre los votantes. El propio Nehammer ha admitido que negociare con los socialdemócratas es un reto considerable, uno que puede poner a prueba su liderazgo. A veces me imagino a Nehammer en un escenario, como en las películas donde los grandes líderes son desafiados por enemigos poderosos, y todo lo que él quiere es que su party friend lo apoye a terminar de ordenar los ingredientes de su plato político.

Sin embargo, la historia austriaca nos ha enseñado que los tiempos de crisis, aunque difíciles, también pueden brindar oportunidades únicas para cambios significativos. El arte de la política es, en esencia, un arte de compromiso.

La mirada hacia el futuro

Mirando hacia adelante, es fundamental que tanto el ÖVP como el SPÖ entiendan las grandes responsabilidades que llevan sobre sus hombros. La estabilidad del sistema democrático en Austria y el bienestar de sus ciudadanos están en juego. En un entorno donde las voces extremistas están ganando fuerza, es más importante que nunca que los líderes demuestren a los ciudadanos que liberar al país del riesgo de una autocracia radical es la prioridad.

Quizás, en medio de este caos político, estamos a solo un acuerdo de distancia de encontrar el enfoque que haga hincapié en la necesidad de un gobierno que actúe, que sea estable e íntegro. ¿Podrán Nehammer, los socialdemócratas y otros actores políticos dejar atrás el rencor y caminar juntos hacia un futuro más prometedor?

Las lecciones de la historia han demostrado que los momentos críticas son catalizadores de cambio. La habilidad de estos líderes para formar una coalición podría ser el antídoto que este país necesita en este momento crítico. Y, aunque es fácil ser cínico, quiero aferrarme a la idea de que, aunque la política puede ser un campo de batalla, también puede ser el lugar donde se cultiven nuevas esperanzas.

En resumen, la situación en Austria es un recordatorio poderoso de que la política nunca es tan simple como parecer, y que cada decisión puede tener repercusiones en un nivel mucho más profundo. La esencia del liderazgo en tiempos de crisis es mantener el enfoque en el bien común y recordar que, al final del día, todos estamos en el mismo barco. ¿Logrará Austria navegar estas aguas turbulentas y emerger más fuerte? Solo el tiempo lo dirá.