En esta era de cambio climático y fenómenos meteorológicos extremos, la necesidad de aprender de nuestro pasado se vuelve más crucial que nunca. Recientemente, la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) ha asolado el este peninsular español, y expertos como Roger Joan Sauquet, de la Universitat Politècnica de Catalunya, han llevado a cabo investigaciones sobre cómo las ciudades han respondido a estas catástrofes a lo largo del tiempo. ¿Qué hemos aprendido realmente de eventos como la riada del Francolí o la DANA de Barcelona en 1962? ¿Estamos mejor preparados para enfrentar nuevas inundaciones, o solo estamos repitiendo viejos errores?
Acompáñame en este recorrido, donde exploraremos no solo los fríos datos, sino también anécdotas y reflexiones que resaltan cómo estamos lidiando con estas realidades cada vez más comunes.
Recordando el pasado: catástrofes que nos enseñan
Si alguna vez has estado atrapado en una lluvia torrencial, sabes lo aterrador que puede ser. Recuerdo una tarde de verano en la que, creyéndome el rey de la planificación, decidí no llevar paraguas a una cita. Puede que no se trate de una inundación catastrófica como la de Valencia en 1957, donde murieron más de 80 personas, pero mis zapatos empapados me hicieron reflexionar sobre la importancia de estar preparado.
Hablando de estar preparado, el profesor Sauquet y su grupo han analizado varios episodios que revelan cómo las actuaciones posteriores a estas desgracias pueden prepararnos para futuros desastres. Un claro ejemplo de esto es la obra ‘Solución Sur’ en Valencia, diseñada después de la catástrofe de 1957. Este proyecto no solo incluyó la creación de un nuevo cauce, sino que también ha evitado desastres mayores en años posteriores. ¿Cuántos de nosotros realmente pensamos en el futuro mientras intentamos arreglar lo que ocurre en el presente?
La resistencia frente a la resiliencia
Una de las grandes lecciones que Sauquet nos deja es la distinción entre resistencia y resiliencia. Mientras que las actuaciones de resistencia impiden que algo malo vuelva a ocurrir, las de resiliencia nos enseñan a adaptarnos y aprovechar lo que la naturaleza nos ofrece. ¡Imagina trabajar con la naturaleza en lugar de en contra de ella! Esto suena como algo sacado de una película de ciencia ficción, ¿no? De hecho, se podría argumentar que nuestro enfoque tradicional a veces se asemeja más a luchar contra un hámster en una rueda que a colaboración.
Por ejemplo, se ha demostrado que las zonas verdes o parques inundables pueden ser áreas efectivas para absorber el exceso de agua durante episodios de lluvia, ayudando a reducir los daños. ¡Qué genial sería salir a hacer un picnic y, de paso, ayudar a la ciudad a deshacerse de un poco de agua, verdad?
Restricciones y realidades: construir en zonas inundables
A pesar de la legislación existente que restringe la construcción en terrenos inundables, muchos todavía viven en zonas propensas a inundaciones. Según los Planes de Gestión del Riesgo de Inundación (PGRI), hay cuatro millones de españoles que residen en estas áreas. Es un hecho curioso: la gente, inexplicablemente, tiende a mudarse a aquellas zonas «súper atractivas» que, por casualidad, también son «súper peligrosas». ¿Por qué será?
La realidad es que, aunque haya normas que prohíben ciertos tipos de construcción, las viviendas residenciales aún pueden erigirse allí, siempre que cumplan con los requisitos adecuados de seguridad. Sin embargo, esas «zonas de alta» en las casas nunca son tan altas como esperamos en un gran diluvio, ¿verdad?
Adaptación y preparación: ¿es suficiente?
Los expertos, incluidos Sauquet y su colega Carlos Lázaro de la ETSICCP, proponen soluciones adaptativas. Ya sea construyendo casas con niveles de refugio adecuados o estableciendo protocolos claros sobre qué hacer en caso de una inundación, la comunicación es clave. ¿Pero cuántas veces hemos oído a alguien decir «¡Es solo un poco de lluvia!» justo antes de que los ríos decidan salir de sus cauces?
El Plan de Acción Territorial sobre Riesgo de Inundaciones en la Comunidad Valenciana es un buen ejemplo de las medidas que debemos considerar. Sin embargo, aún hay acciones que no se han concretado, como en el caso del barranco del Poyo. Aquí es donde entra el dilema: a veces parece que la burocracia se toma su tiempo en medio de la urgencia del cambio climático. ¿Es que acaso no tenemos prisa para salvar nuestras casas?
Ordenando el caos: la importancia de la comunicación
En los días previos a la reciente DANA en Valencia, la AEMET ya había emitido alertas. Pero, aquí viene la cuestión: ¿realmente resonaron esas advertencias en la población? Muchos se continuaron comportando como si la vida siguiera normalmente, como yo tras una comida en un buffet libre: alegría y despreocupación.
La desconexión entre los mensajes de alerta y la respuesta del público es simplemente notable. A pesar de tener información sobre el peligro, el miedo a perderse un evento o un paseo puede ser mayor que el miedo a una súbita inundación. Esto pone de relieve la necesidad de revisar y mejorar cómo comunicamos estas alertas. Tal vez añadir una línea como «esto no es una simple lluvia, ¡corre por tu vida!» podría ayudar.
La experiencia de los expertos: sedimentos y amenazas ocultas
Uno de los estudios más interesantes proviene de los científicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC). Hoy en día, la mayoría de los mapas de riesgos presuponen que el agua que flotará por nuestras calles será cristalina. La realidad, por supuesto, es que viene llena de barro y otros sedimentos. Así que, en los desastres, no solo hay que prestar atención al agua; también es crucial entender cómo la erosión y sedimentos potencialmente agravan el problema.
¿Te imaginas tener un mapa que no solo mida las crecidas de agua, sino también los barrotes de barro que nos quedamos atrapados? Es como si estuvieras navegando en un río de chocolate y pensaras que no te ensuciarías. Puede ser delicioso, pero al final, todo es un gran lío.
Superando la percepción del riesgo: ¿qué podemos hacer?
La percepción del riesgo es un tema discutido por Isabel Miranda, quien menciona que muchas personas no toman en serio las advertencias hasta que es demasiado tarde. Es como si el sol saliera en la mañana, y todos pensaran que nunca llovería. Pero ya sabemos que, a veces, las nubes osnidamente pueden descender rápidamente sobre nosotros.
¿Cómo podemos cambiar este patrón? La educación y la sensibilización son cruciales. Promover una cultura donde la preparación ante desastres sea igual de valiosa que un pase de autobús puede cambiar el enfoque que tiene la población en general. ¿Quién diría que hacer un plan de emergencia podría ser tan refrescante como organizar una cena con amigos?
Mirando hacia el futuro: un momento de reflexión
Hoy en día, mientras enfrentamos desafíos climáticos sin precedentes, es vital aprender de nuestros errores pasados. Después de todo, el ser humano es un animal que tiende a olvidar. Pero, a diferencia de los relojes de cuco que marcan la hora, nuestro tiempo es limitado, y no siempre podemos volver a darle cuerda a nuestra memoria colectiva.
Las lecciones de las inundaciones pasadas no son solo historia; son una guía para un futuro más seguro. Resiliencia y adaptación han de ser nuestras banderas, y recordar que aprender de la naturaleza, a veces, es más efectivo que oponerse a ella. Después de todo, en lugar de construir muros altos y fuertes, ¿por qué no optamos por construir puentes más sólidos, tanto con nuestro entorno como entre nosotros?
En resumen, a medida que nos adentramos en una nueva era de incertidumbre climática, la única certeza es que debemos aprender de nuestro pasado. Como dice el viejo adagio: «no hay nada más tonto que olvidar las lecciones del pasado»… a menos que seas yo, que olvidé mi paraguas en esa fatídica tarde de verano.