La guerra civil española es un tema que, a menudo, nos provoca escalofríos. Podríamos pensar, ¿qué más se puede decir sobre un conflicto que marcó tanto a nuestra historia reciente? Pero, como nos demuestra Antonio Soler con su reciente obra, ‘El día del lobo’, la historia no solo es lo que se narra en los libros de texto, también está tejida en la memoria familiar, en las anécdotas y en las experiencias personales. ¿Te has detenido alguna vez a pensar en la historia de tu propia familia? Aunque algunos preferiríamos ignorar esos pasados turbulentos, Soler nos invita a recordar, a reflexionar y, sobre todo, a escuchar.

La decisión de contar historias

En una conversación auténtica con sus editores, Soler se enfrentó a la sugerencia de escribir sobre la guerra civil, pero sorprendentemente, se desvió hacia el relato de su propia familia. ¡Qué movimiento más refrescante! Si bien la guerra es sin duda un tema trascendental, no siempre es necesario abordar sus horrores desde un ángulo jota académico. ¿Cuántos de nosotros llevamos historias en nuestro interior, esperando ser contadas, pero por miedo o falta de perspectiva, nos quedamos callados?

A menudo, nos sumergimos en historias que parecen muy lejos, pero, como dice Soler, «la historia de mi familia en sí misma ya tenía componentes muy novelescos». Es un comentario que hace eco de nuestros propios recuerdos, de cómo, a veces, la realidad supera la ficción. Imagina que tu abuelo fue un alto mando en la guerra, pero en su casa era un amante de las plantas. Estas contradicciones son las que hacen a nuestras familias únicas y memorables. ¿Te preguntas cuántas historias escondidas hay en tu propia familia?

Recordando el horror de la guerra

En ‘El día del lobo’, Soler narra la vida en Málaga durante 1937, tiempo que marcó la conocida como Desbandá, una huida desesperada de la población civil que intentaba escapar del horror del enfrentamiento. Las descripciones de su obra son a menudo desgarradoras; imagina a tu madre, sintiendo que el cielo se oscurece por los aviones sobrevolando. «El miedo inmediato y brutal, el miedo físico de la aviación que aparece, baja del cielo y ametralla a la gente», reflexiona Soler. Y tú, ¿cómo reaccionarías ante esa ola de terror?

Tengo una anécdota similar, aunque sin la pesada carga emocional de la guerra: un verano, mientras disfrutábamos un picnic en el parque, un grupo de niños comenzó a jugar con globos de agua. Antes de que pudiera darme cuenta, estaba empapado y riendo a carcajadas, mientras pensaba en cuántas veces había huido de algo por miedo. Pero la situación de Soler no era un simple juego de niños; se trataba de la supervivencia diaria.

Familias destrozadas y resiliencia

Soler no se limita a relatar los horrores; también celebra la resiliencia de las familias. La obra presenta a los Soler y los Marcos, cada uno navegando por un mar de desafíos, traumas y pequeñas victorias. ¿No es curioso cómo las crisis pueden despertar lo mejor y lo peor de nosotros? Desde las historias de su abuelo convirtiéndose en «un topo» que apenas sale de casa —un refugio natural frente a la locura exterior— hasta su madre diciéndole que sería capaz de reconocer al piloto que la acribilló. La capacidad de una madre para recordar un rostro de horror, hoja de un árbol al que jamás se puede volver.

Hay un espacio para la humanidad en medio de las tinieblas; los momentos de coraje y solidaridad a menudo brillan con más fuerza que las sombras que nos rodean. ¿Alguna vez te has visto en la posición de tener que escoger entre tus propios intereses y el bien de alguien más? En tiempos de crisis, es asombroso cómo algunas personas eligen ser héroes en lugar de escapar de la situación.

La carga del silencio

Uno de los asuntos más profundos que Soler toca es la memoria. Cuando le pregunto a mis amigos sobre sus familias, a menudo siento que hay ciertas historias que nunca se cuentan, secretos que se guardan como un tesoro. Este silencio puede ser una forma de protegerse, pero también puede llevar al olvido. “La literatura también aporta el terreno de lo íntimo, de las emociones”, dice Soler, una reflexión que subraya su misión de dar voz a quienes no pueden hablar.

El acto de escribir sobre el pasado es un ejercicio de justicia, de no dejar que los relatos de aquellos que ya no están queden sepultados en el olvido. ¿Y tú? ¿Has considerado la idea de poner en papel las historias familiares que forman parte de tu historia?

Los héroes y las sombras

El libro está lleno de momentos de luz y sombra, y Soler lo expresa con un tono de sinceridad. Los personajes son complejos; hay sacrificios, traiciones y, sobre todo, una humanidad palpable. Uno de los pasajes más impactantes describe la brutalidad de la guerra, cómo se naturaliza el horror: las ejecuciones, las violaciones de la dignidad humana, todo se convierte en parte del día a día. Es una señal de cómo la guerra puede despojar a la humanidad de su esencia.

¿Alguna vez has sentido que tu entorno se vuelve tan caótico que te sientes perdido? La vida moderna puede ir de un extremo a otro, de ser un clic en las redes sociales a enfrentarse a problemas reales. ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger a tus seres queridos en situaciones extremas?

Lo constante en las historias de Soler es cómo, incluso en los momentos más oscuros, hay actos de heroísmo y generosidad. Su padre, que salva a un sacerdote escondido en Madrid o su abuelo protegiendo a un falangista, son ejemplos de cómo, incluso en medio del caos, las decisiones morales pueden brillar.

La lucha por la memoria colectiva

Es absolutamente fascinante observar cómo un evento tan desgarrador como la Desbandá ha sido a menudo omitido o minimizado en la narrativa histórica. A través de las propias palabras de Soler, se nota la frustración al indicar cómo la historia ha sido cuidadosamente diseñada. «Se habla del bombardeo de Guernica, pero no de este», señala. Y eso me lleva a pensar en la importancia de contar todas las partes de nuestra historia. ¿Qué otros eventos olvidados están esperando a ser recordados?

Si pensáramos un momento en nuestras propias historias familiares —¿hay episodios o detalles que crees que merecen ser contados, pero que han permanecido ocultos en el baúl del silencio? ¿Por qué no darles una oportunidad?

Un legado para las futuras generaciones

En un momento de la conversación, Soler menciona la importancia de dejar un legado para las siguientes generaciones: “Leí que Antonio Muñoz Molina decía que nuestra generación está en cierto modo obligada a contar lo que nuestros abuelos nos contaron”. Este llamamiento a la acción es inspirador. Nos invita a tomar un papel proactivo en cómo narramos nuestras propias historias familiares. Después de todo, si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará?

¿Notas cómo cada historia es una forma de resistencia? En un mundo que parece estar siempre en movimiento, el acto de recordar y contar es, en realidad, un acto de amor hacia las generaciones futuras. Esto no es solo una responsabilidad, sino una forma de conectar, de humanizar el pasado.

Reflexiones finales sobre ‘El día del lobo’

‘El día del lobo’ se convierte en un puente entre generaciones, recordándonos que las historias no son solo recuerdos individuales, sino que forjan nuestra identidad colectiva. La obra de Antonio Soler nos incita a recordar que, en cada familia, hay relatos esperando ser narrados, momentos de luz y oscuridad que reflejan las complejidades de la vida.

Así que, antes de concluir, me gustaría lanzar una pregunta hacia el aire: ¿qué historia familiar llevas guardada en tu corazón, esperando ser contada? Porque, al final del día, quizás contar esas historias sea la forma más auténtica de honrar a aquellos que han venido antes que nosotros. Tal vez sea el momento de desempolvar los álbumes familiares o de sentarnos a escuchar a nuestros abuelos; después de todo, el tiempo es un recurso precioso y no hay historia pequeña si se cuenta con el corazón.

En resumen, el viaje que propone Soler no es solo una exploración de la historia de dos familias, sino un camino hacia la empatía, el entendimiento y la humanidad. En un mundo a menudo distante y dividido, historias como la de Soler son más necesarias que nunca. Así que, ¡a leer, contar y, sobre todo, recordar!