En la tarde del 29 de octubre de 2023, la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) puso a prueba la capacidad de respuesta del sistema de emergencias en la Comunidad Valenciana. A medida que avanzaban las horas, las lluvias torrenciales arrastraron consigo no solo agua, sino también innumerables preguntas sobre la gestión y respuesta a la crisis. ¿Se manejó correctamente la alarma del aviso de emergencias? ¿Qué pasó con las llamadas al 112 cuando la situación se volvió crítica? Y, lo más importante, ¿quiénes son los responsables?
Hoy quiero hablarles de este asunto tan serio en un tono conversacional, como si estuviéramos en un café, tomando un café (no sin antes haber subido una foto a Instagram, por supuesto). Así que, acomódense, tomen un sorbo de su bebida preferida y acompañen este recorrido por los entresijos de la gestión de emergencias en nuestra comunidad.
Antecedentes de la DANA: un recordatorio prolongado
Este no es el primer episodio letal asociado a fenómenos meteorológicos en la región. Desde inundaciones en Orihuela en 2019 hasta otros episodios de gota fría, la historia parece repetirse, no solo en su secuencia, sino en la respuesta que hemos visto de los responsables. El pasado 29 de octubre, el teléfono 112 de emergencias comenzó a recibir llamadas a partir de las 16:40, un tiempo que en retrospectiva parece un susurro, un aviso que la naturaleza dio antes de gritar su furia a través de las calles inundadas.
En esos momentos, se registraron más de 15.188 llamadas, muchas de ellas provenientes de personas que, en estado de pánico, reportaban situaciones críticas: niños, bebés y mujeres embarazadas atrapadas. A pesar de la grave situación, parece que hubo un desfase en la gestión y la movilización de recursos para contrarrestar la emergencia.
La declaración de Salomé Pradas: entre las llamas y las críticas
La exconsellera Salomé Pradas rompió su silencio, casi cuatro meses después de la tragedia, lanzando declaraciones que parecían destinadas a refrescar la memoria colectiva. Usó su cuenta de X (antiguo Twitter) para aclarar que los informes sobre el rechazo a las llamadas no eran ciertos. Según su versión, las llamadas al 112 que se registraron desde la primera hora de la tarde no estaban bajo su jurisdicción directa. ¿Qué tal, verdad? Mucho ruido y pocas nueces.
La verdad es que, en momentos de crisis, las palabras pueden ser un bálsamo… o un acelerador de la indignación. Pradas indicó que el número de llamadas en la tarde del 29 de octubre era comparable al de la DANA ocurrida en 2019. Sin embargo, las comparaciones pueden ser engañosas, especialmente si consideramos que, en medio de la neblina, lo que realmente importa son las vidas humanas.
Un vistazo a la realidad de las llamadas al 112
Lo curioso de este episodio es que, mientras el Centro de Coordinación Operativa Integrado (Cecopi) se encontraba en una reunión, el 112 seguía atendiendo emergencias. ¿Por qué un organismo encargado de la seguridad pública interrumpe su actividad en momentos cruciales? Las pausas en la operativa tientan a la lógica y, francamente, asustan. Algunas de las 1.439 llamadas atendidas durante esa pausa podrían haber sido un grito de ayuda.
Desde este rincón, puedo imaginar la angustia de esos padres tratando de mover montañas de agua para rescatar a sus pequeños. Y aquí es cuando uno se pregunta: ¿dónde está el liderazgo en este tipo de situaciones?
La reacción del gobierno: un ciclo habitual
La respuesta del gobierno valenciano ante la crisis fue disuasoria y similar a la de episodios anteriores, pero con una diferencia notable: la falta de transparencia. Con un sentimiento de déjà vu, muchos ciudadanos miraron a la Administración con una mezcla de decepción y furia. La exconsellera Pradas mencionó su compromiso de actuar con «contundencia» ante las acusaciones que mancharan el honor de aquellos que intentan hacer lo mejor que pueden. Sin embargo, es inevitable preguntarse: ¿la contundencia es suficiente?
¿Cómo puede un político navegar por este mar de acusaciones y responsabilidad y salir con la cabeza alta? La respuesta puede ser más complicada de lo que se piensa. En este mundo de lo digital, donde cada opinión y comentario se viraliza inconteniblemente, la transparencia se convierte en la mejor política.
Reflexiones y aprendizajes: hacia un futuro más seguro
Es importante reflexionar sobre lo que ha sucedido y lo que podemos aprender de ello. La tragedia del 29 de octubre podría convertirse en un caso de estudio sobre la gestión de crisis y emergencias. En un mundo donde las tecnologías emergentes ofrecen nuevas formas de comunicación y alerta, la pregunta que nos atraviesa es: ¿por qué seguimos anclados en modelos que parecen fallar en el momento crucial?
Las herramientas de alertas masivas, como el Es-Alert, deberían estar sintonizadas con la realidad sobre el terreno. Con este tipo de emergencias, la comunicación debe ser más que un mero protocolo; debe ser una danza entre la información crítica y la acción inmediata.
Tómese un momento para reflexionar sobre cómo se sentiría si estuviera en esas circunstancias: la casa inundándose, los minutos avanzando y la certeza de traslados difíciles. Es algo verdaderamente angustiante, ¿verdad?
La importancia de la previsión
En un mundo donde el cambio climático está redefiniendo el terror natural que aguardamos, las prevenciones son más importantes que nunca. La Agencia Valenciana de Seguridad y Respuesta a las Emergencias tendría que ser el modelo de agilidad y eficiencia, no solo un símbolo de burocracia.
Imaginemos un futuro donde la comunicación sea instantánea, donde un solo clic del dedo sea suficiente para movilizar vehículos de emergencia y recursos a donde más se necesitan. Sin embargo, para esto se requiere que los funcionarios y políticos de todos los niveles sean proactivos y no reactivos.
Conclusiones: la urgencia de la acción
La historia del 29 de octubre es una lección y un recordatorio de que, en situaciones de emergencia, las vidas están en juego. No se trata solo de cifras, sino de familias, hogares y comunidades.
Como ciudadanos, es nuestro deber exigir responsabilidad de aquellos que ocupan puestos de poder. Las palabras se convierten en acciones, y estas acciones deben ser suficientes para garantizar la seguridad de todos. Y mientras tanto, ¿qué podemos hacer nosotros en nuestra vida cotidiana para prepararnos mejor para lo que pueda venir?
Finalmente, al mirar hacia adelante, la pregunta no es solo si Pradas actuará con contundencia. La verdadera cuestión es: ¿lo haremos nosotros, como sociedad, para impedir que esto vuelva a ocurrir? Las vidas de quienes se ven atrapados en desastres naturales dependen de nuestra determinación colectiva para aprender, prever y proteger.