Hoy, la comunidad siria en España ha vivido uno de esos momentos que, como bien dice el dicho, marcan un antes y un después. En un emotivo evento, unas doscientas personas se congregaron el pasado domingo frente a la embajada siria en Madrid, alzando sus voces en un fervoroso grito de libertad y esperanza tras la noticia de la caída del régimen de Bashar al Asad. Esta ocasión se convirtió en una celebración anticipada como un nuevo comienzo para Siria, un país que ha estado desgarrado por la guerra civil durante casi catorce años.

La escena en el paseo del Prado, con el bullicio de los manifestantes contentos y el aroma de la comida típica siria, podría haber sido un día cualquiera en el parque, si no fuera porque, en este caso, el aire estaba cargado de emociones profundas. Primero, un grupo de jóvenes levantó la bandera de la independencia, verde, blanca y negra, reemplazando la vieja insignia del régimen, y fue entonces cuando algo cambió en el ambiente. ¿Te imaginas lo que sentirías si, por fin, la opresión que has vivido toda tu vida llegara a su fin?

El fin de un capítulo oscuro

Para muchos sirios, este día no solo simboliza el término de un régimen; es un respiro después de medio siglo de sufrimiento. Amer Kharat, uno de los manifestantes, lo resumió de manera brillante cuando dijo que este momento representa «un sueño hecho realidad». Te cuento, no es fácil hablar de sueños cuando han sido perseguidos por tanto tiempo. Recuerdo una vez cuando me encontré con un sirio en un evento en Madrid. Su historia de huida y resistencia resonó tanto en mí que me hizo querer entender más sobre el conflicto y la lucha por la libertad. La vida en Siria ha sido una montaña rusa, y la caída del régimen es solo el primer giro de la montaña rusa de la política.

Kharat, con una mirada llena de esperanza pero también de cautela, advirtió que «ahora queda un largo camino». Esto me recuerda un poco a aquellos relatos de aventuras que solíamos leer de niños, donde el héroe siempre enfrenta obstáculos después de la primera gran victoria. La historia de Siria, aunque triste, tiene tanto potencial para la reconstrucción y la redención. Pero, como bien sabemos, esa transición no será sencilla. Desde reformas económicas hasta la creación de nuevas instituciones, el futuro es incierto, pero al menos hay esperanza.

Una nueva era para Siria

A medida que escuchaba a otros manifestantes, la misma esencia de esperanza se mantenía viva. Yumna Sawaf, otra siria presente, destacó con entusiasmo que el 8 de diciembre de 2024 será recordado como el día de la independencia. El coraje de esta joven mujer es inspirador; no se trata solo de luchar por el cambio, sino de celebrarlo. En medio de todo, la gente se unía, compartiendo risas, lágrimas y alimentos tradicionales. ¿Qué mejor manera de celebrar que comiendo juntos un plato de kibbeh?

La risa y la comida tienen ese milagroso efecto de unir a las personas, especialmente en momentos de júbilo. Hay algo tan poderoso en la comunión de los aromas y sabores. Recuerdo haber tenido una cena en casa de unos amigos turcos y cómo cada bocado me hacía sentir un pedacito de su historia. Es un recordatorio de que la comida puede ser un acto de resistencia y de unión.

Mirando hacia el futuro

Sin embargo, a pesar de la alegría en la manifestación, hay un coro de voces advirtiendo sobre la fragilidad de este nuevo comienzo. Khaled Jouma, un residente en España desde hace cinco años, habló sobre la necesidad urgente de formar un gobierno del pueblo, enfatizando que “Siria debe ser gobernada por su gente, no por un dictador”. ¿Cuántas veces hemos escuchado promesas de gobiernos que no cumplen? Apuesto a que muchos de nosotros hemos tenido esa experiencia frustrante en nuestras propias naciones. El verdadero desafío será sembrar la democracia y garantizar que las voces de todos los grupos de la sociedad siria sean escuchadas.

Pretender que todo será perfecto es un acto de ingenuidad. Como complemento a la emoción hay que notar el crudo realismo de la lucha por la democracia. La historia está plagada de movimientos que han luchado contra la opresión, solo para caer en nuevas dinastías de control. Pero lo que me inspira es ver a esta comunidad unida, celebrando su libertad recién adquirida, incluso mientras enfrentan la incertidumbre.

La comunidad internacional y su papel

Hay un aspecto que no se puede ignorar, y es el papel de la comunidad internacional. Los representantes en la manifestación hicieron un llamado para que la comunidad internacional “no sabotee” el proceso de transición política. Esto nos lleva a una pregunta interesante: ¿cuán involucrados deberíamos estar los de fuera en los destinos de otros países? La intervención internacional puede tener efectos devastadores, pero también puede ser una luz brillante en la oscuridad. Es una línea delgada entre ayudar y obstaculizar.

Mirando hacia atrás, creo que el papel de cada nación en el mundo es aprender de los errores del pasado. Y en este caso, la comunidad de exiliados sirios en España está en una posición única para influir y abogar por un futuro pacífico y democrático. La diáspora puede convertirse en una voz fuerte y unificada, siempre y cuando mantenga la conexión con sus raíces.

Un camino por recorrer

Si bien hoy celebramos la caída del régimen opresor, también hay que reconocer que sigue siendo un día complejo. La libertad no es un regalo que se recibe; es una lucha que se forja. Como dice el famoso refrán, «la libertad no es gratis», y hoy, los sirios saben eso muy bien. El desafío es inmenso, desde reconstruir las instituciones hasta restablecer la confianza en una población que ha sido golpeada por tantos años de traición. La pregunta es: ¿están los sirios preparados para este desafío? ¿Podrán construir la nueva Siria que han anhelado?

Reflexiones finales

Este 8 de diciembre de 2024 permanecerá en la memoria colectiva. Como un nuevo amanecer en un país que ha estado bajo las sombras de la tiranía durante demasiado tiempo. La alegría en los rostros de los manifestantes en Madrid fue contagiosa; un recordatorio de que, a pesar de los pesares, la esperanza nunca debe desvanecerse.

Hoy invitamos a todos a reflexionar sobre el significado de libertad y democracia. Nos recuerda que, a pesar de las diferencias culturales y geográficas, todos compartimos un deseo innato de vivir en paz y dignidad. Así que, celebremos cada pequeño triunfo y, aunque el camino sea largo, mantengamos la fe en que un futuro brillante espera a Siria. Porque, al final del día, lo que realmente importa es el coraje de las personas y su determinación para crear el mundo que desean ver.

Al final, la verdadera victoria no se mide por un cambio en el liderazgo, sino por el empoderamiento de un pueblo que toma las riendas de su propio destino. Esto es solo el comienzo, y juntos, ¿quién sabe? Tal vez tenemos a los nuevos héroes de la libertad en frente de nuestros ojos.